15 ago. 2013

Los ilusionistas - Ahora me ves / Now you see me, de Louis Leterrier

Claudi Etcheverry.

(Un consejo: si tiene ganas de que muchas imágenes pasen por sus ojos sin entrar hasta su cerebro, es una cinta genial para pasar un rato en off. Ahora si lo que quiere es al menos una historia mínimamente verosímil, ni se le ocurra pasar por el cine.)



Un grupo de magos se recorta como justicieros entre el ataque a la banca y el robo a lo Rififí. Un magnate de los seguros (el invariante Michael Caine) convoca a un especialista en desmontar los trucos de magia de quien se tercie (Morgan Freeman, consistente como siempre) para evitar que los desmanes contra sus empresas sigan adelante. El resto de ingredientes son un agente del FBI (el siempre agradable Mark Ruffalo) en consonancia con una agente invitada de la Interpol (la preciosa Mélanie Laurent, haciendo sus primeros pases en tierra americana con bastante soltura).



Con estos ingredientes, el director Louis Leterrier se lanza a una producción que tiene muchos buenos ingredientes. Buen ritmo, buena acción, roles muy solventes de todos los actores, un guiño a la opinión ciudadana actual de tirria hacia las entidades bancarias y las aseguradoras, el furor de las masas ávidas de espectáculo, y tomas urbanas y de frenesí en coches de gran precisión visual. Pero como pasa tantas veces en la industria visual norteamericana, la película tiene todo para ser buena o al menos coherente y casi no se trata de nada, es tramposa, y cansa que quieran meterte la mano en el bolsillo.



Uno no sabe si ponerse a ver una de fantasía en toda regla, o una de acción en toda regla, o una de espías en toda regla, o si es una de orfebrería delictiva a lo “Misión imposible” o “Italian job”, porque Leterrier cambia de tercio sin norte, sin orden ni concierto, y sin avisar, y al final el espectador no sabe a qué atenerse.

Si la película fuera toda de fantasía y justicieros con poderes especiales, todo colaría: nadie cuestiona sus poderes a los “X-men”; pero como a la vuelta de la esquina el guión vira de pronto de contexto a una de Tom Cruise entrando a una bóveda de banco de una manera imposible con cables, lectores y láseres high-tech, la fantasía del otro relato simplemente pierde fuelle y la trama se deshilacha. Si en cambio la nota fuera la magia pura y dura, nadie cuestionaría una trama a lo Harry Potter, pero no lo pondríamos a robar bancos en Wall Street...



Por paradójico que resulte, parece que lo verdaderamente malo en esta película es todo lo bueno con que contaba el director: sabe montar un ritmo que no decaiga, tiene precisión visual, aprovecha bien a los actores con que cuenta, pero se excede en su propio placer de desplegarlo todo sin una estructura creíble. La música –permanentemente fuerte y trepidante– hace de lubricante para que la purga pase sin que nos demos demasiada cuenta, pero hasta este recurso es tramposo: no me aturdas, Leterrier, si me dices que quieres darme solamente entretenimiento.



A menudo me gusta centrifugarme el cerebro con cintas del tipo “Transporter”, que no se tratan casi de nada pero no pretenden mucho más que persecuciones, y persecuciones, y más persecuciones en plena calle poniendo en riesgo a todo ser viviente en la ciudad o las autopistas y también la taquicardia del espectador mientras el prota (con su cara gris acerada de barba rasada de una lija 400) pega bandazos con cálculos de funámbulo de sangre fría al volante. O cintas que dan ese toque de vértigo pero que además siguen un guión más consistente, como “Bourne”. Los flecos de la cinta acaban por enredar a los propios guionistas de manos y pies y el barquinazo final barnizado de pretendida sorpresa genial de los guionistas, aburre. En esta cinta el director Louis Leterrier es como un mono con un revólver: verlo quizá resulte gracioso, pero realmente puede causar un estropicio.

Director: Louis Leterrier, con Mark Ruffalo, Dave Franco, Woody Harrelson, Mélanie Laurent, Isla Fisher, Jesse Eisenberg, Michael Caine, Morgan Freeman.



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