24 jul. 2014

Gary Oldman: Las computadoras no pueden crear un actor

Miguel Cane.



Es un actor de (y con) carácter. Ha sido lo mismo un monstruo (Drácula de Bram Stoker, dirigida por Coppola) que un buen policía (la trilogía de Batman de Nolan) o el inefable maestro George Smiley (El espía que sabía demasiado) además de una infinita variedad de personajes más. Según la revista Variety, es el actor que más dinero ha recaudado en taquilla a lo largo de su carrera con todas sus películas.

Gary Oldman (Londres, 1958) es, no obstante, un hombre sencillo y jovial que no se toma para nada en serio su papel de gran figura en las películas más exitosas de las últimas tres décadas. Ahora retorna como parte del elenco en El planeta de los simios: confrontación, segunda entrega de esta nueva saga, donde encarna a uno de los líderes hostiles de los pocos humanos que quedan en la tierra, quienes deben enfrentarse a los primates para garantizar su supervivencia.



¿Cómo llega Gary Oldman a esta saga cinematográfica?
Me buscaron y, francamente, tenía mis dudas. Cuando hablé en persona con Matt Reeves (el director), comprendí que es un verdadero fan de la saga y eso es muy importante. No estaba en absoluto interesado únicamente en mantener viva la franquicia, sino que quería hacerla más humana, tratarla con cariño. Quería explorar lo que había ocurrido en este mundo y centrarse más en el lado humano, antes de que la historia se convierta en el planeta de los simios tal como lo conocemos. Eso me resultó mucho más atractivo que cualquier otro aspecto de la oferta.



¿Cómo podría describirse a Dreyfus, el personaje que interpretas?
Es un hombre amargado, desconfiado. Hostil. Es una especie de líder de esta comunidad, que tiene suerte de haber sobrevivido a la gripe simia, y a la tremenda revuelta social resultante de esta enfermedad. Así que estos sobrevivientes son una especie de comunidad, y él, en otro tiempo, fue un oficial de policía. Es conocido en la comunidad, así que es el líder elegido por default y por esto choca mucho con Malcolm, el otro líder, que propone aliarse con los simios. Necesitamos energía y hay una estación cercana, así que algunos de los miembros salen para ver si está operativa, si todavía está ahí fuera, enconces descubren que hay una comunidad de monos viviendo allí. Creímos que ellos eran todos y los eliminamos. Él experimenta una gran pérdida, en lo personal, y cree que solo hay una respuesta, eliminarlos a todos. Lo veo como una especia de antihéroe de la película. No es exactamente un villano, y hace cosas terribles, pero las hace movido por el interés de salvar a su gente.



¿Fue difícil adentrarse en este personaje, en este mundo?
Supongo que sí... pero ya había hecho varios filmes con temática fantástica como Harry Potter o El quinto elemento… Aquí encontré una trama que me pedía otra cosa. Es interesante cuando me proponen estas historias, porque hay tantas interpretaciones que se pueden hacer en ellas. Uno solo va por el camino pero es el escritor y el director quienes van conduciendo el auto. Yo solo soy un pasajero.

¿Estás consciente de la inspiración que generas en otros actores?
La verdad es que no, no lo estoy. A veces se me acercan actores que me dicen que los inspiro... Incluso actores muy jóvenes que están surgiendo, gente así. No sé qué decirles. Me abruma. Yo sigo pensando que soy el mismo Gary de New Cross (el barrio en Londres donde nació). Miro alrededor y me pregunto cómo diablos llegué hasta este lugar. Así es esto. No lo creo.

¿Pero qué tal ser el actor que más recaudó en la historia del cine?
¿Tú también viste eso? Es una cosa rara. Es halagador, cómo no, pero yo todavía sigo siendo inseguro. Es decir, semejante título no es nada más que pura suerte, porque estuve en películas de Harry Potter, Batman, Air Force One, Drácula, Robocop, Hannibal y ahora El planeta de los simios… son todas producciones que suelen tener recaudaciones exitosas. No creo que tenga mucho que ver conmigo (se ríe). Yo solo soy parte de todo.

¿La inseguridad es parte del oficio?
Creo que una dosis saludable, sí. No es ninguna neurosis ni nada neurótico. Simplemente pienso que si uno va a seguir trabajando, hay que seguir trabajando bien. Siempre es bueno ver algo y pensar que se puede mejorar la próxima vez en vez de sentarme y decir “mírenme, mírenme, soy excelente”, jamás he pensado que lo fuera. De hecho, cuando solicité entrar a la Academia Real de Artes Dramáticas (RADA) me dijeron que buscara otra carrera que no fuera actuación (risas).

¿Cómo lo tomaste entonces? Obviamente, no les hiciste caso…
En su momento me molestó, sí. Yo solo quería hacer lo mismo que todos mis héroes o la gente que admiraba, sabes. Los que habían ido a la misma Academia. Tom Courtenay, Alan Bates, Glenda Jackson, la Redgrave y Albert Finney, todos esos grandes ingleses habían pasado por RADA. Y así quería empezar yo. No funcionó así. Pero ahora pienso que no era tan importante. Era algo importante para mí, en aquel entonces. Tenía 16 años y me desilusioné como cualquiera de 16 años. Claro, había otras escuelas y entré en otra. Fue un estigma, pero estudiar en la Academia Real probablemente suena mucho más grande de lo que realmente es.

¿Dirías que un actor no necesita ser famoso ni ganar una fortuna para sentirse pleno?
En absoluto. Los actores lo somos sea como sea. En grandes producciones o en teatro callejero. Eso lo veo en películas como esta. Lo que no se puede lograr, aunque hayan logrado algo tan brillante, con las computadoras, es crear un actor. Las máquinas no tienen intuición, no pueden ser espontáneas ni pueden sorprenderte. Aquí los efectos especiales se hicieron asombrosamente, pero todavía siguen necesitando a Andy Serkis, para sorprenderte, para mostrar la interpretación que sea, para animarla. Su César es un verdadero prodigio. ¡Es un gran actor, sabes! Eso no se logra con un programa. Me parece maravilloso que se pueda crear una nueva realidad fílmica con esa tecnología increíble en la que están trabajando ahora. Creo que somos muy afortunados de vivir esta era y de poder contar historias tan interesantes y tan entusiasmantes como esta, sin la necesidad de prescindir de nuestro oficio. Creo que se ha logrado una nueva era de convivencia entre actuación y efectos. Es una época de prodigios.