13 nov. 2014

Emma Stone: No quiero perder el lado humano de mi profesión

Miguel Cane.


Aunque es muy joven y tiene una carrera relativamente corta aún, Emma Stone (nacida Emily Jean Stone en Scottsdale Arizona en 1988) ha demostrado tener una versatilidad notable tanto para la comedia —Estúpido y loco amor (2010) y la reciente cinta de Woody Allen Magia a la luz de la Luna— como para el drama y las cintas de acción —encarnó a Gwen Stacy, la trágica novia del Hombre Araña en dos cintas.

Ahora interpreta a Samantha Thomson, hija del personaje protagónico encarnado por Michael Keaton en Birdman, el más reciente filme de Alejandro González Iñárritu, que ya le ha valido algunas de las mejores reseñas de su carrera.



¿Qué significa para ti un filme como Birdman?
Esta película es completamente diferente a todas las que hice antes. Hay muchas escenas en las que mi personaje, que es una adicta en recuperación, tiene que mostrarse vulnerable y eso es interesante para mí. La verdad, es una historia increíblemente emotiva, llena de personajes muy humanos y maravillosos. Tuve suerte de contar con la dirección de Alejandro, que es extraordinario en la manera de acercarse a sus personajes, y de contar con el apoyo de actores que he admirado siempre como Michael Keaton, un actor brillante; Ed Norton, que es divertidísimo y una inspiración, así como de grandes actrices como Amy Ryan, que hace de mi mamá; Naomi Watts y Andrea Riseborough, que son tan maravillosas que solo verlas trabajar es aprender. El rodaje estuvo lleno de anécdotas, incluso si comparo la experiencia de hacer esta película con respecto a las primeras que hice, no se parecen en nada. Rodamos todo en Nueva York y fue maravilloso. Para mí es una película de la que me siento totalmente orgullosa.

¿Cómo es la relación de Sam con su padre Riggan?
La fama de él y luego el olvido, han afectado a Sam, que busca en las drogas un consuelo que no tenía en su casa. Ahora quiere ser una adulta responsable aunque le cuesta mucho: su padre es excéntrico hasta el punto de la irresponsabilidad y ella muchas veces tiene que ser la persona que tenga una actitud distinta, más adulta, más madura en la relación entre ambos, además de que el trato con Sylvia, su madre, tampoco es fácil. Sam es alguien que ha perdido la inocencia de una chica de su edad, y eso es algo natural cuando pierdes el respeto a alguien cercano a ti. Sam es una mujer muy lógica, pese a ser inestable, que quiere ayudar a su padre a rescatar su vida de un naufragio a través de una obra de teatro, y aunque es alguien que no sabe perfectamente lo que quiere en la vida, sabe que su lugar es con su padre y el amor que siente por él los ayudará a ambos a descubrir cosas realmente sorprendentes.



¿Te enamoró el personaje?
Sí, totalmente. Amé profundamente meterme en los zapatos de Sam. No había hecho un personaje así antes, alguien con tantas facetas, con humor y con patetismo y con un carácter que la lleva a confrontar a su padre y a no aceptar las cosas como son. Siento que crecí al interpretar este papel y al trabajar en la película, y durante el rodaje, desde el proceso de ensayos hasta que terminamos de rodar, sentí que cada vez la entendía mejor mi personaje.

¿Cuál fue la escena que para ti resultó más difícil de rodar?
Me temo que no puedo hablar de ella, porque es un elemento importante de la historia, una sorpresa, pero hubo muchas muy divertidas, como cuando Sam y su padre tienen discusiones durante el montaje de la obra en la que ella lo asiste, mientras tratan de reparar su vínculo padre-hija. Cada escena que hice con Michael Keaton fue un momento de alegría, de amor, de humanidad, de esperanza. Es un guión hermoso y fue un placer actuarlo.



¿Qué podrías decir que tienes en común con Sam?
Ella es una mujer muy compleja, que ha pasado por cosas muy duras, pero que quiere algo mejor de su vida y quiere entender a su padre; al principio le pierde la paciencia, porque no comprende su obsesión por querer ser relevante de nuevo, y eso yo lo vivo a diario. De algún modo me parezco a ella porque ambas tratamos de separar las emociones de las decisiones lógicas que uno debe tomar en la vida. Digamos que durante el rodaje entendí que Sam es más pragmática de lo que ella misma cree, a veces tiene que ser el padre de Riggan y no está en condiciones de serlo. Además es muy valiente, su lucha para dejar atrás la droga es algo muy emocionante para mí. En la película ella se convierte en un adulto responsable. Eso lo tenemos en común también.

¿Cómo te sentiste trabajando con Alejandro González Iñárritu, conocías sus películas?
Fue una gran experiencia; soy muy afortunada de haber trabajado con excelentes directores: Woody Allen, Cameron Crowe y ahora Alejandro. Es un cineasta muy sensible y muy sensato; sabe cómo establecer una atmósfera de compañerismo en el set, conoce perfectamente la vida interior de sus personajes y se involucra en todos los detalles para que tú como actor puedas interpretarlos y aportes cosas. Ya había visto 21 gramos y Babel y me encantaron. Antes de rodar vi Amores perros y pensé: “¡Qué impresión! ¡Voy a trabajar con un director que hace una película así!”, y fue maravilloso. Volvería a trabajar con él de inmediato.

Mencionaste el ser relevante, ¿echas de menos algo de tu vida anterior, cuando no eras famosa?
La verdad es que no me siento tan famosa. Nadie me persigue por la calle y si alguien viene a pedirme un autógrafo, o se sorprende de mi cambio de pelo, trato de actuar de una forma relajada, porque entiendo que me reconocen por mi trabajo. Tampoco soy Oprah Winfrey, ¿verdad?, hasta ahora todo lo que me ha ocurrido es fácil de digerir. Lo tomo con calma.

¿Para ti es importante la relevancia en medios?
No, no. Para mí es importante ser apreciada en mi profesión, pero no tengo prisa. Sé que si me comporto de forma genuina, tendré una carrera larga. Esa es mi meta. De todas formas quiero dejar claro que aprecio todo lo que estoy consiguiendo, y estoy interesada en seguir subiendo, pero tengo claro que el dinero y la fama no me van a dar mi próxima oportunidad.

Te han llamado la mejor actriz de tu generación…
Oh, Dios, lo leí por ahí. No lo creo (se ríe).

¿Sientes que hay competencia con otras actrices de tu edad?
No, me parece que hay sitio para todas, hay muchos personajes y una actriz no puede hacerlos todos. Yo no compito ni permito escuchar de mi equipo cosas que no necesito oír, porque mi vida no es así. Verás, yo no quiero perder el lado humano de mi profesión, no quiero saber nada de cheques, eso está en manos de mi mánager, que lleva mi carrera desde que tenía 15 años. No hay que perder la cabeza por nada, ni por un personaje ni por nada. El dinero y la fama no mueven mi vida. Mis padres que me han enseñado a apreciar las relaciones por encima de las cosas materiales. No tengo miedo a comunicar mis sentimientos porque así he sido educada. Sentirme bien emocionalmente es más importante para mí que tener un coche, una joya o un vestido de diseñador. Soy una chica como cualquier otra, lo único diferente, tal vez, es lo que hago para ganarme la vida. Pero no cambia en absoluto quien yo soy.