18 dic. 2014

David Cronenberg: Los fantasmas de la memoria son reales

Miguel Cane.



Es el más célebre cineasta canadiense de su época. A él se deben filmes realmente subversivos e icónicos como como Videodrome (1983), Dead Ringers (1988), M. Butterfly (1991), Crash (1996) o Una historia violenta (2005). Sin embargo, David Cronenberg (Toronto, 1943) no se considera ningún genio, por el contrario, asegura que sus filmes no buscan exacerbar ningún aspecto antisocial, sino que más bien están comprometidos con revelar facetas más ocultas de las condiciones sociales y morales del mundo en que vivimos.

En su nuevo filme Mapa de las estrellas, hay una mirada muy directa y sin piedad al universo de la obsesión con la celebridad espontánea, tan de moda hoy en día, y un tema tan escabroso que, en cierta forma, le resulta irresistible a un director que ha hecho una gran carrera al margen de lo convencional.



Mapa de las estrellas es una denuncia muy violenta a Hollywood… ¿por qué?
No veo la película solo como una película sobre Hollywood. Es sobre la ambición, la fama, la inmortalidad, el dinero. Podría ser como El lobo de Wall Street, que se ambienta en el mundo financiero. La diferencia es que trata sobre la industria de la celebridad. Para mí no es una película anti-Hollywood. Sé que suena raro, pero si no me hubiera interesado el argumento de Bruce Wagner, no habría realizado una película sobre el cine. A muchos cineastas, a menudo jóvenes, les gusta hacer películas de cine, a mí no me interesa lo autorreferencial. Es como los escritores que escriben sobre la escritura, no me interesan. Pero este guión, sus personajes y diálogos me parecen fantásticos. Así que si la hice, básicamente es por Bruce.

No obstante, podría decirse que Hollywood, en términos más generales, es una especie de metáfora de nuestro tiempo.
Desde luego. Esta es otra razón por la que no es realmente un ataque contra Hollywood. La película en realidad trata sobre nuestra obsesión, no solo con la fama, sino con nosotros mismos. El guión fue escrito antes de que existiera Facebook o Twitter. Ahora todo el mundo es una estrella en redes sociales. Todo el mundo sube videos en YouTube. La gente imita la vida de las celebridades, quiere ser una celebridad. ¿Es eso bueno o malo? No lo sé. En cualquier caso, no me parece muy saludable.



¿Mapa de las estrellas existe por nuestra obsesión con los grandes mitos del cine?
Claro. Todavía estamos obsesionados por James Dean, Marilyn Monroe, Marlon Brando, Audrey Hepburn y Humphrey Bogart. La gente sigue adorando a esos íconos como si fueran dioses y trata de resucitarlos con las nuevas tecnologías. Hay en todo el deseo de inmortalidad. La película habla del temor más profundo de la muerte y la angustia. Por ejemplo, si Havana Segrand (Julianne Moore) no recibe una llamada de su agente, si no hace más películas, deja de existir y ese es su mayor terror. Ella está desesperada. No es solo la ambición, es el temor de ya no ser relevante. Creo que si el espectador entiende que no va a ver solo una película sobre el lado oscuro de Hollywood, sino una película sobre los deseos y traumas universales de la humanidad hoy en día, la comprenderá mejor.

Julianne Moore está impresionante en su papel. ¿Cómo fue que la eligió para el personaje?
Julianne es una figura extraordinaria y todo un caso. Tiene más de 50 años y sigue vigente. Conoce muy bien el negocio. Hay un montón de actrices excelentes que han desaparecido en esa edad. Ella es hermosa y sigue trabajando, por eso es una excepción. El mundo del cine es muy brutal. Julianne fue capaz de basar su personaje en actrices que conoce, actrices que han tenido ‘su tiempo’ durante tres o cuatro años, y han desaparecido debido a su falta de talento o porque no llevaban bien la edad. En su caso, ella encarna un trauma existencial: soy una actriz, pero no puedo seguir actuando. Entonces se pregunta: ¿Quien soy? ¿Todavía existo? Julianne fue maravillosa. Ella es el centro de todo en el filme.



¿Cuánto tiempo les llevó a Bruce Wagner y a usted realizar la película?
Hemos trabajado juntos durante varios años. El guión tuvo que actualizarse porque cuando empezamos a trabajarlo, ni Facebook ni Twitter existían y a Bruce le gusta usar referencias contemporáneas. También tuvimos que revisar el guión basado en la edad de los personajes. Originalmente, Agatha (Mia Wasikowska) era más joven, igual que Havana. También hice un cambio en los fantasmas. Yo no creo en los fantasmas, pero Bruce dice que sí cree. Me preguntaba ¿qué clase de espíritu son los fantasmas? Para mí solo los fantasmas de la memoria son legítimos, reales. Bruce y yo tuvimos que trabajar mucho y en ese tiempo, yo hice otras dos películas —Promesas del Este y Cosmópolis— y él escribió una novela. Cuando volvimos al proyecto, todo tomó forma. Pero puede que con la excepción de Crash, éste haya sido el filme que más trabajo me ha costado hacer realidad. Por eso me gusta más.

¿Qué contacto tiene usted con Hollywood?
Vivo en Toronto, tengo un agente y un abogado en Los Ángeles, que me mantienen informado de lo que pasa, pero mi contacto siempre es por interpósita persona. Rara vez visito el lugar. En cambio Bruce, toda la vida ha vivido ahí, conoce muy bien el negocio, el lenguaje, las locaciones. Mi trato con los ejecutivos de estudios suele ser muy restringido. Prefiero mi libertad creativa. Muchas de mis películas no podrían ser un producto de estudio en Hollywood. Casi todas son coproducciones entre Canadá y Gran Bretaña, Francia o Alemania.

Pero esta vez sí se trasladó a Los Ángeles.
Sí, no pudimos recrear Hollywood en Toronto, así que tuve que rodar allí, porque es tan especial. Resultó 24 días en Toronto y 10 en Los Ángeles, en lugares emblemáticos: el letrero de Hollywood, algunas calles de Hollywood Boulevard, con sus estrellas; el hotel Chateau Marmont, Beverly Hills, Rodeo Drive, donde los ricos y famosos hacen sus compras. Fue muy divertido. También daba la sensación de no ser del todo real. Siento que Los Ángeles es en cierta forma un lugar imaginario, un estado mental.

¿Hay otras cintas que influyeron en su manera de hacer Mapa de las estrellas, en el estilo fílmico o narrativo?
En el estilo fílmico, no sé… quería hacerlo todo muy limpio, muy aséptico. Mostrar a Hollywood como un set, completamente bello y estéril. Al mismo tiempo, quería aprovechar toda la luz natural que pudiera. Quería que fuera una película luminosa, ¿sabes? Es una especie de historia de horror, pero quería que fuese naturalista. Tal vez un poco como Sunset Boulevard, de Wilder. En el aspecto narrativo, Bruce hace muchas alusiones a otros filmes o a estrellas muertas. Rebecca, de Hitchcock, con la casa quemada, o Lilith, de Robert Rossen. Bruce hace referencia a, no sé, Jean Seberg o Sharon Tate… mitos de Hollywood que acabaron trágicamente. Esas cosas le encantan y ejercen una extraña fascinación sobre mí a veces. Por eso me gusta esta colaboración; Bruce es un cinéfilo muy apasionado y eso me sirvió de mucho para encontrar ciertos aspectos tonales para algunas escenas. Sin embargo, y aún con tantas referencias, debo decir que es algo muy original para mí.

Ahora usted ha debutado con su novela Consumed, que apareció este otoño. ¿Por qué le tomó tanto hacerlo?
No lo sé. Supongo que no me sentía listo del todo, aunque yo siempre he escrito. Pero hacer una novela es más difícil que hacer un guión. Requiere otra estructura. Otra disciplina. Pero también es más liberador, porque así la imaginación se expande. Me gustó contar esa historia como una aventura exótica, un thriller, pero también algo más. Explorar las psicologías de los personajes en papel es más complejo. Fue algo que me gustó y que no descarto volver a intentar.