29 dic. 2008

El Exorcista: 35 años de su estreno

En Diciembre de 1973 la industria del cine develó una obra maestra que nos puso los pelos de punta. Pero la realidad supera a la ficción y lo cierto es que la filmación de esta cinta tiene su propia leyenda negra, y es que durante el rodaje ocurrieron ciertos sucesos que también causan escalofríos aún ahora.

Miguel Cane





El 26 de diciembre de 1973 se estrenó en los Estados Unidos la que, aún hoy, es considerada la cinta de terror más impactante de todos los tiempos, dirigida por William Friedkin, con Ellen Burstyn como Chris McNeill, Max Von Sydow como el padre Lankaster Merrin, Jason Miller en su debut en cine como el padre Damien Karras y Linda Blair como la pequeña Regan McNeill.

Basada en la novela homónima de William Peter Blatty – que a su vez jura que se inspiró en hechos reales ocurridos cuando él era estudiante en Washington, en 1949 en que un niño presuntamente fue poseído por el diablo y se llevó a cabo un ritual de exorcismo en su casa para “liberarlo”. El hecho llamó la atención de la prensa en su momento y la imaginación del futuro autor- la cinta es, sin duda una de las más taquilleras de la historia: el público daba la vuelta a la manzana de los cines para poder ver la historia de una niña de doce años que comienza a sufrir extraños cambios en su comportamiento, cambios que provocan el terror de su madre, una famosa actriz de cine. Los médicos no ven nada raro en ella, pero las cosas empeoran y ella decide recurrir a un cura para que le ayude. La fe temblorosa del padre Karras se evapora cuando comprueba que alrededor de Regan hay algo inexplicable… ¿podría ser que está poseída por algo sobrenatural?





Ganador de un Oscar por Contacto en Francia, Friedkin quería una película realmente especial, que fuera seria y terrorífica, a la altura de otra obra magistral: El Bebé de Rosemary, estrenada por Roman Polanski en 1968. Su obsesión por hacer un trabajo genuino y de alto impacto llegó a tal punto que el set de la habitación de Regan (en que se desarrolla casi toda la trama) estaba en realidad en una cámara refrigerada a varios grados bajo cero. Su intención era que el vaho que salía de la boca de los actores, fuera real… y Linda Blair casi pesca una neumonía.

Un rodaje asesino

Cuenta la leyenda que el director buscaba formas de asustar al reparto y se dedicaba a pegar gritos inesperados para atemorizar al personal y que sus interpretaciones fueran más creíbles. Pero lo cierto es que según los propios actores y parte del equipo técnico, sucedieron cosas extrañas durante la filmación que los tuvo en vilo continuamente, con o sin ayuda de Friedkin. Según cuenta la propia Ellen Burstyn, durante aquel rodaje ocurrieron fenómenos que les hicieron pasar días horribles. Algunos técnicos sufrieron accidentes inexplicables, uno de los cuales estuvo a punto de ser mortal. Uno de los sets donde se rodaba se quemó inexplicablemente y tuvieron que retrasar el rodaje seis semanas en lo que se reconstruía. Hubo incluso rollos de película que se velaban misteriosamente sin causa aparente, y el equipo estaba cada vez más histérico. Se decía que alguien trataba de sabotear la película, e incluso se sugirió que era el mismo Demonio. Friedkin, viendo el estado nervioso de su equipo, llegó a llamar a un sacerdote católico para que diera su bendición a todos los participantes del rodaje, que originalmente estaba planeado para tres meses y duró casi un año, entregándose la película el 21 de diciembre de 1973, apenas cinco días antes del estreno previsto, provocándole casi un infarto a las cabezas de la Warner Bros.

Además de estos sucesos que pusieron de los nervios al equipo durante el rodaje, cuando se estrenó la película hubo más casos que contribuyeron a su leyenda negra, si bien, también ayudaron a generar un taquillazo entonces sin precedentes: en algunos cines, al estrenarse, se ponían ambulancias en guardia en las puertas porque había quien no resistía el shock: algunas personas sufrían terribles ataques de nervios, e incluso un hombre sufrió un infarto en un cine de Maryland (y nada tonto, demandó al estudio, arreglándose fuera de las cortes).

Cuando llegó la temporada de Oscares, la cinta dio la sorpresa: ganó dos Oscar de Hollywood (mejor guión adaptado y mejores efectos de sonido, para un equipo que incluía al mexicano Gonzalo Gavira), pero además estuvo nominada a ocho estatuillas más (mejor película, director, actriz, actor y actriz de reparto, fotografía, decoración y montaje) y obtuvo cuatro Globos de Oro (mejor director, película, sonido y actriz de soporte para Linda Blair). Sin embargo y pese al éxito, no fue si no hasta el 2000 que se pudo ver la cinta como Friedkin la quería, incluyendo una escena muy rumorada pero nunca antes vista: cómo Regan baja las escaleras de su casa, como una araña al revés.

Como es natural en estos casos, el dinero manda y se hizo una trilogía. La segunda parte (El Exorcista II: el Hereje) pasó con más pena que gloria, pese a tener un repartazo que incluía a Richard Burton, Max Von Sydow, Louise Fletcher y Ned Beatty, acompañados por Linda Blair, y pese a ser dirigida por el estupendo John Boorman. La tercera parte (El Exorcista III: Legión) la dirigió el propio William Peter Blatty en 1990 y en esa ocasión George C. Scott, Ed Flanders, Brad Douriff y Jason Miller fueron los protagonistas. La idea resultó mucho mejor que la de la segunda parte y está basada en Legión, otra novela de Blatty.

Legado perdurable y aterrador

En una época en que el cine de terror ostenta nuevos niveles de violencia y sangre, con joyitas como la serie Saw (que ya va por la sexta entrega) o las dos repelentes cintas de la saga Hostal (de Eli Roth), parecería que El Exorcista ya pasó de moda. Sin embargo, al ser exhibida todavía hoy para públicos jóvenes, que no estaban ahí hace treinta y cinco años para vivir la atmósfera inquietante en las salas, el efecto es virtualmente el mismo: la angustia ante lo desconocido, el “chamuco”, se manifiesta de nuevo cuando se ve este filme, y el trabajo de primera de su elenco y director dejan huella para demostrar que en un mundo desensibilizado, todavía hay lugar para asustarse con los grandes clásicos del género: El Exorcista todavía mete miedo.


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