5 dic. 2008

Música de Fondo (bandas sonoras en el cine)

Miguel Cane

Aunque muchas veces no lo notamos, la banda sonora de una película es indispensable para hacer que los diálogos y las imágenes que vemos en pantalla funcionen. ¿Alguna vez se han imaginado cómo habrían sido sus películas favoritas sin la música que las caracteriza? ¿Significarían lo mismo, o serían algo completamente distinto?

Por favor, traten de imaginarse a 2001: Odisea del Espacio sin los valses de Strauss. O bien: a El Exorcista sin Tubular Bells de Mike Oldfield. O El bueno, el malo y el feo, sin música de Ennio Morricone. O La Pantera Rosa sin el característico tema creado por el maestro de maestros Henry Mancini. O, ya hablando de él, a Desayuno con Diamantes sin escuchar la clásica Moon River. Como que no sería lo mismo, ¿verdad? ¿O qué tal si John Williams no hubiera hecho la música Star Wars? ¿Habría Marcha Imperial y sería un tono de celular tan socorrido como lo es ahora?

Todos sabemos que la música es un elemento importantísimo de una película, aunque muchas veces no se le da el reconocimiento que merece; sin embargo siempre sucede que en algún lugar – una tienda departamental, por ejemplo; están comprando un par de zapatos y escuchan de pronto los acordes de algo que es terriblemente familiar. Lo tararean, algo que conocen pero ¿qué es…? De pronto se dan cuenta que es el tema de –por decir algo- Arturo, el millonario seductor en una versión instrumental y sacarina (lo que mi abuelo llamaba no sin un cierto escarnio “música de elevador”), sin embargo, es testimonio de una película y ha adquirido una vida aparte de la que ya le conocíamos en la pantalla.

Lo mismo pasa con las canciones de las películas. ¿Se imaginan a ese bodrio llamado El Guardaespaldas sin que Whitney Houston (antes de que se volviera una iguana del mar) soltara su potente voz para cantar I will always love you? Sí, sé que la canción (igual que la “del Titanic”) sufrió de ser sobreexpuesta, tocándola hasta en la sopa; pero sin ella, la película hubiera sido realmente intolerable.

Hagan el intento de ver alguna de sus películas favoritas, sin la música, nada más para probar. Vean las primeras tomas de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) sin la música orquestada y compuesta por Vangelis. ¿Qué imagen queda? Un paisaje desolador, extraño, pero estéril. Es el sonido lo que le da esa majestuosa impresión de entrar a un templo gigantesco, ominoso, la noción de que vamos a ser partícipes y testigos de algo terrible y hermoso: lo mismo en la escena en que Deckard (Harrison Ford) conoce a Rachael (Sean Young). Sin la música de fondo, por muy bien que ambos actores trabajen, el efecto es carente de texturas.





Otro caso se presenta si tratamos de sustituir una pieza por otra, en casos específicos, donde una canción se identifica de inmediato con la secuencia que acompaña.

Por ejemplo, en Exotica, de Atom Egoyan: la escena del strip-tease que hace Mia Kirshner al ritmo de Everybody Knows (del maestrazo Leonard Cohen). Ahora, traten de imaginar otra canción (la que sea) en su lugar. A que no es lo mismo, ¿verdad?






O ¿cómo sería Pat Garrett & Billy The Kid sin Knocking at Heaven’s Door de Bob Dylan?

Hasta una canción chocante como The Blower’s Daughter, de Damian Rice (¿alguien puede decir conmigo “flor de un día”?) funciona muy bien cuando se escucha al abrir Closer, de Mike Nichols, mientras Natalie Portman se mueve llena de gracia por Londres, para hacer después un círculo perfecto, sólo que en Manhattan, con la misma. Tal es el efecto que (al menos yo) es imposible imaginarla con otra.

Por lo mismo, y para honrar algunos de los momentos claves de soundtracks en el cine, aquí una breve lista de momentos en que la sinergia cine/musica es un modelo de perfección.

*La primera escena de El Graduado (Mike Nichols, 1967) con Dustin Hoffman paseándose como sonámbulo por un aeropuerto mientras se oye íntegra The Sounds of Silence (Simon & Garfunkel).

*Sin preverlo, Kathy Thorn (Lee Remick) es arrojada al vacío por el pequeño Damien (Harvey Stephens) en La Profecía (Richard Donner, 1976). El Ave Satani de Jerry Goldsmith funciona para helarnos la sangre (donde en el tibio remake, no hay impacto en la música).

*En Tiburón (Steven Spielberg, 1975) la chica se aleja demasiado nadando, mientras oímos cómo se acerca el escualo antes de soltarle la tarascada. El crescendo de cuerdas es hoy universalmente conocido.

*Marion Crane (Janet Leigh) decide tomar una ducha en el Motel Bates en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) y Bernard Herrmann hace que un cuarteto de violines grite junto con ella mientras queda hecha picadillo – igual que nuestros nervios.

*Pedro el malo (Infante) y Jorge el bueno (Negrete) se avientan un duelo de coplas [cortesía de Manuel Esperón y Pedro de Urdimalas] en Dos tipos de cuidado (Ismael Rodríguez, 1952), y así justifican la existencia de la película.

*Butch Cassidy (Paul Newman) pasea en bicicleta con Etta Place (Katharine Ross), mientras oímos – y luego tarareamos hasta en el baño- Raindrops keep fallin’ on my head, en Butch Cassidy & The Sundance Kid (George Roy Hill, 1969). Muchas gracias, Burt Bacharach.

*Alice y Bill Harford (léase, Nicole y su ex), totalmente encuerados frente al espejo del tocador se manosean mientras Chris Isaak anuncia que Baby did a bad, bad, thing, mientras la cámara de Stanley Kubrick los observa, inclemente, en Ojos bien cerrados (1999).

*Una mañanita fresca y primaveral en Vietnam, mientras los helicópteros arrasan una aldea y La Cabalgata de las Valkirias de Wagner suena a toda potencia, llenándonos de angustia y maravilla en Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)

*El arrogante Nicholas Van Orton llega a su palaciego hogar para encontrarlo vandalizado y convertido en una trampa mortal. El himno psicodélico White Rabbit, de Jefferson Airplane nunca había tenido un efecto más horripilante, tal como se ve en El Juego (David Fincher, 1997).

*El doctor Archie Bollen (George C. Scott) y la hermosa Petulia Danner (Julie Christie) se escabullen de una fiesta de gala en el hotel Fairmont de San Francisco, dejando al marido de ella (Richard Chamberlain) con los cuernotes bien montados mientras Janis Joplin canta en vivo Roadblock. Es así como inicia el verano del amor en Petulia (Richard Lester, 1968).

*Unos espectaculares labios rojos que ocupan toda la pantalla aparecen sobre un fondo negro y nos preparan para el relato (bien extraño y muy pasado) que veremos esta noche al inicio de El Show de Terror de Rocky (Jim Sharman, 1975).

*Escenas de aproximación: Rapsodia en azul, de George Gershwin, en una serie de amorosas tomas de Nueva York: son pequeños detalles que nos van dando, gradualmente, una gran imagen de la ciudad que nunca duerme. Por supuesto, la cinta es Manhattan y el director es Woody Allen.

*Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) se levanta, orgullosa, después del cortón que le dio Rhett Butler (Clark Gable) dice “Mañana será otro día” y el tema de Max Steiner se crece, mientras en la mente del mundo se graba esa última gran imagen de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939)

*Pálida y hermosa, Ilsa (Ingrid Bergman) pide de manera irresistible a Sam que por favor toque de nuevo As time goes by, aún para disgusto mayúsculo de Rick (Humphrey Bogart). Naturalmente estamos todos en Casablanca (Michael Curtiz, 1942).





*Uma Thurman es Mia Wallace, John Travolta es Vincent Vega y todo el mundo adquiere una fiebre de Twist cuando explota en escena el Misirlou de Dick Dale y sus Del-Tones en la más memorable secuencia de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)

*Para que no digan que uno se va muy lejos en la historia: en El diablo viste a la moda (David Frankel, 2006), en el montaje de los desfiles de alta costura en París, se utiliza perfectamente el temazo de U2 City of Blinding Lights, haciendo que las imágenes, vibrantes y rápidas, se ajusten perfectamente a la letra que canta Bono: Oh, you look so beautiful tonight/in the city of blinding lights.

Y muchas, muchas más.

Aunque puede haber cine sin música (Los Pájaros, de Hitchcock, es un ejemplo brillante de la ausencia de score) lo cierto es que la espina dorsal de una película es precisamente una buena partitura o una brillante selección musical.

Ahora, ¿ustedes quieren agregar algo más…?

Tomen sus zapatos de baile y encuéntrenme en la pista.


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