5 dic. 2008

Natalie Wood, debajo del agua

Miguel Cane






En su momento histórico, Natalie Wood fue un genuino monstruo sagrado del cine: su hermosura la convirtió en objeto del deseo para miles. Su abrupta muerte – el 29 de noviembre de 1981-, permanece como misterio sin resolver, con sospechas vigentes todavía: ¿accidente, crimen o suicidio? Sólo el mar podrá contarlo.

Fear

of drowning,

fear of being that alone,

kept me busy making a deal

as if I could buy

my way out of it.

- Anne Sexton

Imitations of Drowning

En la secuencia climática de Esplendor en la hierba, – una de las cintas más memorables de su filmografía, al lado de Warren Beatty, bajo órdenes de Elia Kazan en 1961- el personaje interpretado por Natalie Wood se arroja, atormentada por un amor mal correspondido, al ensordecedor torrente de una presa con la intención de acabar con su vida. Rodar la escena fue causa de terrible angustia para la chica: desde muy niña, Natalie (nacida Natasha Grudin hija de inmigrantes rusos) padecía fobia extrema a las aguas oscuras. Por más que trató de convencer al director (mismo que convirtió a Brando en ídolo en Un tranvía llamado deseo) de que sería mejor filmar en un tanque en los estudios, Kazan, fiel creyente en el método Stanislavski, la persuadió de que todo iría bien; la idea de que la ansiedad reflejada en su rostro fuera genuina le pareció ideal: la toma se realizó y Natalie salió ilesa, pero no pudo evitar sufrir un espectacular ataque de histeria al salir del agua. Aún así, la demoledora crisis sufrida por la joven en pantalla impactó a generaciones enteras de cinéfilos y le valió una nominación al Oscar como mejor actriz.

Veinte años más tarde, cerca de Isla Catalina, en la península de California, la chica que extasió los corazones de miles se convirtió en un cadáver flotante. Su deceso aún hoy es la materia prima de teorías tan extensas como las aguas del océano pacífico.

Retrato de la diva adolescente
Natalie debutó, – empujada por su madre - a los cinco años en El Fantasma y la Señora Muir. Desde entonces, trabajó sin parar: a ésta siguieron Milagro en la Calle 34, La búsqueda – con John Wayne- y Rebelde sin causa (como pareja de James Dean). En 1957 se casó con Robert Wagner, también actor y su boda causó furor: noticias sobre la pareja aparecían en todos los semanarios dedicados a la farándula. Es de suponer que tantos ojos puestos en ellos iban a resultar en tensión: cuando Natalie conoció a Beatty en el set de Esplendor, la catástrofe no estaba lejos; Kazan aprovechó hasta la última gota la atracción mutua entre ambos, sin tomar en cuenta la humillación sexual pública de Wagner. En enero de 1962 el matrimonio se colapsó, para shock de la comunidad artística y los fans, que no daban crédito; el cuento de hadas terminaba en escándalo: la virginal María de West Side Story dejaba a su esposo por otro, de la noche a la mañana.

Mientras su ex, con el ego hecho trizas y sin trabajo, marchó a Europa, a mediados de los 60 Natalie hizo filmes con Robert Redford y Steve McQueen y tuvo una serie de romances tras romper con Beatty (que la dejó por la sublime Julie Christie, con quien vivió por casi una década). En aquellos años era habitual verla, de última moda, radiante de carisma, en fiestas de Beverly Hills. Aunque su exterior seguía incólume, Natalie también pasaba horas en psicoanálisis, tras sufrir una monumental crisis nerviosa, argumentando que por trabajar desde pequeña dándole vida a otras personas, no tenía idea de quién era ella misma. En un impulso, se casó con Richard Gregson en 1969 y al cabo de diez meses, con su hija Natasha recién nacida (hoy actriz por mérito propio), se divorció. Eran principio de los 70 y la estrella (una de las últimas creaciones del entonces extinto studio system) encontró que su carrera languidecía (su último éxito había sido Bob y Carol y Ted y Alice, filmado en 1968). De pronto, como en una película, todo cambió, de manera inesperada.





Segundo debut
En 1972, Natalie y Robert Wagner se reencontraron, sólo que ahora los roles estaban revertidos. Gracias a cintas como La Pantera Rosa (donde era un hábil y conspicuo ladrón internacional de joyas) y programas de TV, Wagner gozaba de popularidad, donde Natalie llevaba casi dos años alejada de las cámaras. La afinidad entre ambos era fuerte y los antiguos rencores fueron relegados; de hecho, Natalie solía referirse al periodo que pasaron unidos a otros, como seitensprung, palabra alemana para describir el cambio de parejas al bailar. El 16 de julio, a bordo de un yate se volvieron a casar, yendo a pasar su segunda luna de miel a Isla Catalina. Periódicos y revistas deliraron con la reconciliación, dedicándole portadas y planas enteras (en épocas recientes fue así con parejas como la ahora disuelta Tom y Nicole), llegando al apogeo en marzo de 1974, cuando Natalie dio a luz a la hija de ambos, Courtney.

Fue en esa época que los Wagner adquirieron un yate al que bautizaron Splendour (aunque negaron que fuera referencia a la película que los separó) y comenzaron a hacer paseos por la costa californiana, en relativa felicidad: Natalie hacía películas, mientras su marido protagonizaba la serie Hart to Hart, aventuras de un millonario detective y su sofisticada esposa (Stephanie Powers, en aquel tiempo mujer de William Holden – que irónicamente, murió en un accidente doméstico poco antes que Natalie). Aunque no todo era como lo mostraban las publicaciones: Natalie era propensa a ataques de ansiedad (el más notable filmando la miniserie La Memoria de Eva Ryker, donde hacía de sobreviviente de un naufragio y encontró las escenas de desastre traumáticas) y consumía por prescripción ansiolíticos y pastillas para dormir. Después se especuló también que podía haber algún tipo de celos pasionales y profesionales entre ambos y aunque maquillada, existiría esporádica tirantez, como por momentos sucede en las escenas de un matrimonio.

Adiós, amor
El último fin de semana de noviembre de 1981, los Wagner emprendieron un paseo en el yate, llevando a Christopher Walken, compañero de reparto de Natalie en Brainstorm, la última película que filmaría. Según testigos (incluyendo el propio capitán del yate), todo estuvo bien durante el sábado 28 de noviembre, hasta que llegó la hora de cenar: entonces Natalie, su marido y Walken (que iba sin su esposa), bebieron de más y comenzaron una discusión que siguió por horas. En algún momento después de medianoche, Natalie – según afirmaron Wagner y Walken en sus declaraciones oficiales- se retiró a descansar. Después de la una de la mañana, su marido entró al camarote y lo encontró vacío. Solicitaron ayuda a la guardia costera y se inició una búsqueda, aunque fue horas después que apareció el cuerpo de la mujer, en mar abierto.

El impacto de la noticia fue bestial. De inmediato la leyenda negra sobre esa noche dio inicio: según muchos, Wagner estaba celoso porque Natalie tenía un affair con Christopher. O él tenía uno con Stephanie y ella le estorbaba. Natalie había estado ebria y trató de escabullirse de la discusión, a bordo del bote salvavidas, pero le fallaron los cálculos y cayó al mar (otra teoría considerada plausible). Algunos más – entre ellos un juez años más tarde, para consternación y furia de sus hijas, entonces ya adultas- llegaron a sugerir que en un arrebato, Natalie podía haberse suicidado.

El 2 de diciembre tuvo lugar su funeral en el cementerio Westwood, como evento multitudinario: Frank Sinatra, Fred Astaire, Liz Taylor y otras grandes figuras se reunieron para despedirla. Wagner, rompió a llorar y luego asumió su posición de viudez con mutismo por años (hasta 1991 volvió a casarse, con la inglesa Jill St. John). Ni él ni Walken han hablado nunca más de lo ocurrido y el misterio no fue resuelto, por lo que aún hoy, la imagen de Natalie Wood no sólo es emblema de una época de gloria que no volverá a las pantallas, sino también de la inquietante incertidumbre sobre lo que puede haber detrás, cuando una estrella repentinamente se apaga.


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