23 ene. 2009

Siempre estoy sola / The Pumpkin Eater, de Jack Clayton

Para que me ames: una mirada a The Pumpkin Eater

Miguel Cane

Conocida en español como Siempre estoy sola o por el abyecto título de Esclava y seductora (que nada tiene qué ver) esta es una de las más interesantes cintas en la filmografía tanto de su director, Jack Clayton (Posesión Satánica/ The Innocents, El Gran Gatsby) como de su estrella indiscutible, la legendaria Anne Bancroft.






La trama -- adaptada espléndidamente por Harold Pinter de la novela escrita por Penelope Mortimer en 1961, que toma su título de una rima infantil- gira en torno a la guapa y neurótica Jo Armitage, una mujer radicada en Londres [el trabajo de la Bancroft es tan extraordinario que uno olvida por completo que es estadounidense y le cree perfectamente cada manerismo, así como el acento al hablar].

Casada dos veces y madre de cinco hijos, Jo es una mujer volátil que se involucra con Jake, un joven guionista de cine cuya fortuna comienza a ascender llevándolo a la fama. Pronto, se casan y tienen un hijo juntos (¡ya son media docena de niños!), pero la obsesión de Jo de estar embarazada perpetuamente para combatir su atroz miedo a la soledad y también mantenerse ajena a las consuetudinarias infidelidades (una con una muy joven Maggie Smith, que hace su debut formal en esta película como una coqueta au pair) de su marido -- interpretado por el magnífico Finch (Sunday Bloody Sunday, Network) con una desazón que permite asomarse a su personaje y encontrar que es más complejo de lo que a simple vista permite ver-, sólo contribuye a que la tensión en el hogar "perfecto" se vuelva insoportable y las cuarteaduras se vuelvan cada vez más evidentes.










Algunas escenas de esta cinta se han ganado un sitio dentro de la historia del cinema moderno por su presentación de una mujer al borde del colapso mental, cosa que sucede en medio de la elegante tienda departamental Harrods, cuando Jo finalmente sucumbe a la tensión y se desmorona. La Bancroft hace una creación inolvidable al desmoronarse frente al espectador y demuestra por qué era una de las actrices más importantes de su generación: Jo es un personaje que lo mismo transmite sensualidad que fragilidad, ira y patetismo. Para darle magnífica respuesta en una escena de atroz crueldad situada en el zoológico, se encuentra el formidable James Mason, quien sin necesidad de grandes aspavientos se revela como un personaje monstruoso capaz de arrastrar en su venganza de cornudo despechado, a una mujer que no sabe defenderse.

El resultado es una secuencia maravillosa de matices en la actriz principal, que resultaron en que se llevara el premio a la mejor actuación femenina en el festival de Cannes ese año, y fuera hecha candidata al Oscar -- aunque perdió ante la debutante Julie Andrews y su extraordinaria creación de Mary Poppins.

Hermosamente fotografiada en blanco y negro por Oswald Morris (responsable de otros clásicos de los 60 como Lolita, El Espía que vino del frío y la multipremiada Oliver!) esta película representó en su momento la primera vez en pantalla que se trataron tópicos controversiales aún hoy como son el aborto -- aún si éste era legalizado-, la fidelidad connubial y sus imperfecciones y el tratamiento "moderno" de la enfermedad mental.

Severamente dañada, Jo acude a un sicoterapeuta, pero la ayuda profesional le resulta tan ajena como todo el universo que existe más allá de su existencia como ama de casa de posición privilegiada, con demasiados hijos, demasiado dinero y demasiado tiempo libre en sus manos. Más allá de ser el típico meodrama sobre la erosión de un matrimonio burgués, este filme es inteligente y crudo, ofrece un desenlace conmovedor y al mismo tiempo brutal: no existe otra solución para esta pareja atormentada mas que la que se presenta. No es bonito, pero se siente auténtico: no podrían seguir de otra manera.

Casi totalmente olvidada hoy en día, The Pumpkin Eater es una cinta que merece ser redescubierta por nuevas generaciones, para ver el origen del muy de moda arquetipo del "Ama de casa desesperada", así como para apreciar el estilo de Clayton para aplicar formas innovadoras -- aún dentro de un esquema formal clásico- de narrar mediante imagenes, con actuaciones magistrales, insuperables.


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