6 jun. 2009

David Carradine (Abraxas) R.I.P. - por Filiberto López

Filiberto López




Yo no me perdía ni un episodio de Kung Fu. Era una serie televisiva que no se parecía a nada que yo hubiera podido imaginar. Si había un personaje intrínsecamente bueno, era Kwai Chang Caine. Y por supuesto, tenemos también en el programa a mi estimadísimo maestro Po: el maestro que todos hubiéramos querido tener. Me parecía que Kung Fu era, en cierto sentido, la versión moderna de las Fábulas de Esopo. Al menos una vez durante el programa, teníamos una moraleja, a cargo del Pequeño Saltamontes y su Maestro:

Saltamontes: Maestro, ¿Cual es la mejor forma de enfrentar la pérdida de un ser amado?

Maestro: Sabiendo que cuando amamos de verdad, nunca perdemos al ser amado... Solamente después de la muerte es cuando se siente la verdadera profundidad del vínculo amoroso, y nuestro ser amado se vuelve aún más parte de nosotros que lo que hubiera sido posible mientras viviera.

Saltamontes: ¿Podemos sentir esto solamente con aquellos a quienes hemos conocido y amado durante un largo tiempo?

Maestro: Algunas veces, un extraño al que conocemos durante unos cuantos momentos, puede encender una chispa en nuestra alma, para toda la eternidad.

Kung Fu fue un programa eminentemente moral, pero sin ser moralista. Siempre me quedaba pensando yo en muchas cosas después de ver Kung Fu. Además de su faceta moral, tenemos la acción: me encantaba ver al Saltamontes repartiendo justicia a patadas por todo el viejo oeste.




El primer episodio, o programa piloto, o como se llame, en el cual conocemos a Kwang, vemos cómo pasa por la escuela, cómo se hace adulto, la razón por la que abandona China, y cómo llega al "País de la Montaña de Oro" - en chino Gumshan (o sea, los U. S. of A.) para ayudar a sus paisanos a construir el ferrocarril. Ese episodio es en sí mismo una excelente película, y si tuviera yo que quedarme con un solo episodio de toda la serie, no dudaría en quedarme con éste. Por otra parte, siempre me hervía la sangre cuando llegaban a repetir la escena de la graduación del Saltamontes como monje Shao Lin (cuando carga el pebetero ardiente con sus antebrazos desnudos.) Es una de las mejores escenas que se han filmado para la televisión.
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Ahora bien, tenemos a Bill: uno de los más malvados personajes que haya hollado con sus sucios pies la "Pantalla de Plata". Él es el comandante en jefe del "Escuadrón de Asesinos de la Víbora Mortal," y su nombre en clave, es "Encantador de Víboras."




Y Bill es un Encantador de Viboras - las encuentra y las hechiza para dominarlas. Es una especie de "padrote" que identifica mujeres que potencialmente serían buenas asesinas, las enamora, las entrena hasta convertirlas en asesinas mortíferas, y luego las suelta por el mundo. Bill no admite desertores, y cuando su alumna predilecta se sale del escuadrón, para tratar de abandonar todo y casarse, se aparece en la capilla y mata a todos los que están ahí, sin lograr matar a la "Mamba Negra" - La Novia. Nada más la deja en estado de coma durante cuatro años.

La Novia se vuelve contra su ex-maestro, ex-amante, ex-jefe para buscar una venganza brutal, de proporciones Wagnerianas. Kill Bill 1 me fascinó, mientras que Kill Bill 2 me pareció totalmente prescindible. Yo hubiera filmado nada más la primera película, incluso aunque no hubiera culminación y clímax. Yo hubiera dejado a los espectadores con la duda sobre sí La Novia pudo matar a Bill o no.

Bill es también un personaje memorable: es la suma de toda la desgraciadez que puede contener un asesino a sueldo que a la vez es un maestro de todas las artes marciales, y que además de matar por dinero, lo hace como una forma de arte. Basta con recordar la espantosa escena de la matanza en la capilla, cuando Bill se encuentra a su ex-matona y le está explicando sus motivos:

BILL: "Do you find me sadistic? You know, I'll bet I could fry an egg on your head right now if I wanted to. No, Kiddo, I'd like to believe you're aware enough, even now, to know there's nothing sadistic in my actions... maybe towards those other jokers, but not you. No, Kiddo, this moment, this is me at my most... masochistic."




O sea, que Bill dice que la está matando no por sadismo, sino por masoquismo, pero el resultado es el mismo: la va a matar. La película es una película eminentemente inmoral: todos los personajes principales son unos asesinos desalmados, y la venganza es el único acto moral concebible para ellos.

Probablemente mucho del trabajo de David Carradine no vale la pena, pero simplemente por "Kung Fu" y "Kill Bill", le estoy agradecido. Nos ofreció las dos caras de la vida: la bondad excelsa y la maldad más abyecta - Abraxas.

David, te voy a extrañar.

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