6 jun. 2009

Intimos Extraños, de Miguel Cane - Patricia Farías

Patricia Farías

Miguel Cane y yo no nos conocemos personalmente. Tengo en mi mente una imagen de él que se apoya en fotografías, y en leerlo en varios mensajes que hemos intercambiado, tanto públicos como privados. A eso se suman ahora las descripciones que aparecen en su libro, hechas por personas que sí lo conocen y que lo describen un poco en su forma de ser. En muchos sentidos, Miguel es para mí un “íntimo extraño”. Otro ingrediente para esa imagen fue el recibir hace unos días un envío de su parte: su libro llegó al Uruguay y a mis manos gracias a la calidez de la persona que conocí de monitor a monitor hace unos pocos años… ¡gracias otra vez!
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En “Intimos extraños” Miguel Cane permite que nos acerquemos y nos sentemos junto a él y su entrevistado, escuchando la conversación. Ejerciendo ese arte de conversar al que hace referencia en una de las frases que leemos al abrir las primeras páginas, el autor deja que el personaje entrevistado hable, sin interrupciones banales, dando lugar a que el lector vea algo más que al nombre que aparece en las marquesinas.
Gwyneth Paltrow in Focus Films' Possession
Gwyneth Paltrow

Miguel hace una pausa y nos describe un gesto, una expresión del rostro o la forma en que el otro ríe; describe la ropa que eligió la persona entrevistada y eso nos da la sensación de estar ahí, participando callados y sin molestar, de esa charla.

Las preguntas hábiles y oportunas nunca dan lugar a una respuesta cerrada: no cabe un “sí” o un “no” simplemente, por lo que quien responde puede derivar hacia donde se sienta más cómodo. Podemos saber de qué modo se enfrentan a un papel, cómo lo prepararon, qué sienten frente a ese bien tan buscado (y que puede pesar tanto) que es la fama; podemos saber qué han estado leyendo, o sorprendernos cuando un actor se revela como un hombre que valora por encima de todo su familia y por eso la preserva todo lo que puede. Las preguntas no buscan el sensacionalismo que muchas veces vemos en otras publicaciones, ni saber quién está con quién y por qué… buscan algo mejor: mostrar a la persona detrás del nombre famoso.
Si no todos los actores se muestran tal cual son durante las entrevistas –como indica el autor– ya sea porque las entrevistas son parte de su trabajo y allí se “visten de su nombre famoso”, o porque eso les permite resguardar la poca vida privada que aún pueden resguardar, de todos modos las respuestas son interesantes y uno sigue leyendo, pasando de un nombre conocidísimo a otro, hasta llegar a la entrevista final con Liv Ullmann.

Esta entrevista sin dudas es muy significativa para el autor, y así queda aclarado en su introducción. Pero para mí como lectora del libro, también lo fue. Miguel en ese momento tenía veintiséis años, y es evidente que la Sra. Ullmann se sintió sorprendida con el conocimiento de su trayectoria y las opiniones sobre un cine que ella consideraba que ya no llegaba a los jóvenes como al público del momento en que fue realizado. Se la ve cómoda respondiendo, mostrándose auténtica y muy cálida. Pero nada de esto es casual. Esto es sin dudas, la lógica respuesta a las actitudes y aptitudes de quien la entrevistaba.


Liv Ullmann

Y aquí como lectores vemos la clave de por qué las demás entrevistas son tan atrapantes y con toda seguridad, serán releídas: ha pasado el tiempo, pero lo esencial del entrevistador sigue allí. El conocimiento sobre la trayectoria del entrevistado (las entrevistas son, claramente, cuidadosamente preparadas, de ahí que nunca se lea aquello de “cuál es tu color preferido”, que debe provocar un mortal aburrimiento en el entrevistado…), el respeto con que se formulan las preguntas y sobre todo, la sencillez de quien sabe dejar que el otro tome el lugar central de una charla de este tipo. Miguel Cane es sin dudas, un profesional, pero también por momentos podemos ver a aquél Miguel más joven que seguramente se sintió emocionado por estar frente a uno de sus íconos personales, como lo es Liv Ullmann. Todavía, me parece, se siente afortunado de poder dedicarse a lo que se dedica, y eso hace que algunas preguntas parezcan apuntar justamente a lo que el lector quisiera saber sobre las estrellas que brillan más en estos momentos.

Si le preguntáramos, puede que nos diga algo parecido a lo que leemos en una de sus entrevistas: “soy un hombre que trabaja, la única diferencia es lo que hago para ganarme la vida”.

La gran diferencia, Miguel, es cómo lo haces y cómo lo compartes con quienes hemos tenido el gusto de leer tu colección de conversaciones.


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