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24 jul 2014

El violinista del diablo / The Devil’s Violinist, de Bernard Rose

Hermosa música infernal

Miguel Cane.



El cineasta británico Bernard Rose es un director sui-géneris. Se hizo célebre al dirigir alucinantes películas de terror en los 80 y 90, como Paperhouse y Candyman (con Virginia Madsen), que no estaban desprovistas de una cierta elegancia. Esto las llevaba a estar lejos de la media de la época, más enfocada a la sangre y la violencia, y por lo mismo, adquirió estatus de culto, en lugar de celebridad. Si bien la cinta original de Candyman, basada en un cuento de Clive Barker, es considerada una de las mejores cintas de género de su década.



Hace veinte años, después de realizar una fallida (aunque impecablemente realizada) versión de Anna Karenina con Sophie Marceau, Rose decidió aventurarse por un género que él mismo llama “la fantasía musical” y de este modo creó una de sus cintas más exitosas y populares: Immortal Beloved, acerca de Ludwig Van Beethoven (encarnado de manera magistral por Gary Oldman) y su historia de amor, ostensiblemente secreta con una mujer llamada Johanna Reiss. La cinta fue un éxito y le permitió alternar sus cintas de horror con este género, al estilo de lo que solía hacer Ken Russell.



Así nos llega su película más reciente, realizada en Inglaterra y Alemania, El violinista del diablo, inspirada por la leyenda de Niccolò Paganini (encarnado aquí por el virtuoso violinista David Garrett, que también produce la cinta), que surgió a la fama a principios del siglo XIX empujado por su ambicioso padre y después alcanzó la fama inmortal en Londres, donde interpretaba bajo la guía del enigmático Urbani (Jared Harris) que, para muchos, podría ser el mismísimo demonio.



La cinta es menor, bien hecha, pero sin nada que la distinga, más allá de la presencia de Harris y una muy sólida Joely Richardson, como una periodista que se usa como marco narrativo, y la participación de Garrett, que sí es carismático pero no muy buen actor. Sus interpretaciones, no obstante, salvan a la película de ser sólo una biopic más, aunque no consiguen darle la estatura de extraordinaria, pese al trabajo — como siempre ideal — de Rose para crear una atmósfera perfecta.



El violinist del diablo / The Devil’s Violinist
Con David Garrett, Jared Harris, Joely Richardson y Olivia D’Abo
Dirige Bernard Rose
Reino Unido/Alemania 2013

2 abr 2014

Ida, de Pawel Pawlikowski. Por Claudi Etcheverry.

Imprescindible ir si quiere seguir creyendo que todavía hay un tipo de cine que no ha muerto.

Claudi Etcheverry.



Hacía tiempo que no iba al cine. Varios tropiezos personales me alejaron del biógrafo el último tiempo y entré a la sesión temiendo salir escaldado. Con esta cinta, mi reconciliación con el Séptimo Arte ha sido un clamor henchido de arrepentimiento por haberme olvidado de todo lo que es capaz de brindarnos por unas pocas monedas cuando es tan bueno. Al acabar, lamenté tener que levantarme y salir.



Ida es una joven novicia que ha sido criada en un convento al que llegó siendo una huérfana. Ante la inminencia de hacer los votos definitivos de sumisión, obediencia y castidad, la Superiora de la orden le sugiere que busque a una tía suya que vive en un pueblo lejos de la ciudad antes de ordenarse definitivamente. Allí se encamina Ida a buscar a la hermana de su madre con la duda de por qué no reclamó nunca por ella. Como una premonición, la Superiora le dice que se tome todo el tiempo que necesite.



El encuentro de Ida y su tía es un viaje de iniciación para ambas, por diferentes motivos. Para no quitarle interés a la cinta, apuntemos solamente y como síntesis que ambas viajan en dirección a la otra. Con estupor y en compañía de su tía Wanda, Ida descubre una historia que le había sido negada y sin la cual su decisión no dirimía entre ninguna disyuntiva sino que era un deslizarse en una dirección cualquiera y sin argumentos de contraste. Otra vez se verifica que todos tenemos derecho a los recuerdos, y que sin historia no hay identidad.



En este punto, la película se enlaza muy claramente con “Everything is illuminated”, de Liev Schreiber, donde un Elijah Wood cose una figura que del mismo modo se adentra a tientas en su pasado. Igual que en “Ida”, allí son varios los que también descubren mucho bajo una fina capa de tierra, pero la película de Schreiber difiere básicamente por su factura americana, con tomas y planos típicos de esa gran industria. “Ida” es una cinta primigenia, esencial, y su único refuerzo semántico es una selección musical exquisita pero que no está de relleno: apunta siempre al significado que tienen las melodías para la persona que está en la escena. La música de “Ida” no cede a ninguna convención ni nos indica grotescamente que tenemos que llorar si se oyen violines, o que viene sexo si descuella un saxo. Este gran cine prescinde de esos signos.



La película tiene detalles cautivadores. A pesar de haber hecho gran parte de la profesión en Reino Unido, el Director es plenamente polaco, dueño de aquel tipo de cine en que las imágenes son infinitamente más protagónicas que los actores que están en ellas. Los planos largos y serenos sorprenden, porque los protagonistas casi nunca están en el centro de la imagen. O están por encima del plano visual y la cámara se enrasa con el suelo; o apenas aparecen las cabezas y un enorme campo visual pesa sobre ellos. Ahí la atmósfera pesa verdaderamente sobre las vidas de unos seres que se debaten entre la espiritualidad, lo medroso y lo mísero de una Polonia ruda por doquier.



Pawlikowski no duda en mostrar escenas llenas de simbolismo, pero no lo hace en clave intelectual sino como una mirada secreta. No es un guiño para los cenáculos sino un gesto desesperado para compartir una realidad que conoce cotidiana pero entiende atroz.

La joven Ida hace un camino completo, como su nombre (de ida) y también de vuelta. Repasa y discute el principio de sus futuros votos, plantándose veraz ante la sumisión, la obediencia y la castidad. La película nos enseña que todos decidimos en algún momento de nuestra vida ser un determinado personaje, fruto a la vez de elecciones y de supresiones. De entre todos nuestros modelos y fantasmas elegimos unos y rechazamos otros para inaugurarmos así un día optando por quienes queremos ser en adelante. Lo extraordinario de Ida es que la joven decide optar por ser su personaje solamente después de haber hollado minuciosa, profunda y valientemente toda su persona.

Director: Pawel Pawlikowski; con Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Adam Szyszkowski. POLONIA, 2014.




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16 ene 2014

Manual para salir del armario, por Claudi Etcheverry

La sexualidad es un derecho, no un contrato. Este texto repasa y analiza con frescura muchas de las cuestiones y zozobras típicas que acompañan la decisión de algunas personas que un día sienten el impulso de empezar a ser quienes creen que deben ser. Pero también ofrece argumentos a aquellos que no están en ese proceso, si es que quieren ser más agudos para poder entenderlos mejor, y finalmente, ser acaso más sabios.

Con un lenguaje llano pero preciso, el texto caracteriza y se detiene en los enormes cambios que se han observado en los últimos años, mientras asistimos a ver cómo se reparten los nuevos roles que las sociedades reservan hoy a varones y mujeres de toda condición.



Hemos heredado muchos criterios y opiniones incluso sin haber pensado nunca en ellos. Estamos sumidos en valores que quizá no hemos elegido, y que frecuentemente resultan rígidos o injustos. Este libro propone pensar lo de siempre desde una perspectiva nueva por la que seguramente no hemos pasado antes.

Si en algún momento creemos que un mundo más justo es posible, deberíamos pensar que tal vez lo último que descubra el habitante del fondo del mar sea el agua. Leerlo puede servir para enterarnos al menos de la existencia de un nuevo punto de vista.

Disponible en papel:
 
 
y también en versión digital (e-book):
 


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SOBRE EL AUTOR



Claudi Etcheverry es arquitecto y diseñador industrial, pero escribe desde siempre sobre temas muy diversos. Con el deseo firme de no caer en las frases hechas ni en lugares comunes, siempre analiza diferentes cuestiones sin deberse a ninguna tradición y sin ideas preconcebidas. Permanentemente interesado en identificar el valor verdadero de las cosas, su prosa es un ejercicio constante de oposición a "creer en lo que hay que creer", porque eso supone una barrera para llegar realmente a entender. Sus ideas son frescas, agudas, y propias y así se ve en estas líneas llenas de malabares, desafíos y sorpresas.


18 abr 2013

Los Otros, por Angélica Ponce

Angélica Ponce.



Pues sí, señores, lo confieso: pertenezco a esa camada de niños traumatizados con la muerte de la mamá de Bambi. Hoy, todavía, me resisto a “ver” la escena y tan solo pensarla hace que mí cuerpecito se estremezca… y miren que adoro el cine de horror… ¡ah!, y de hecho también las producciones de Walt Disney, desde las princesas hasta Frankenweenie. Como sea, el Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Un altar portátil de la más varia idolatría cinematográfica, de Miguel Cane, ha sido una delicia por los reencuentros, “liberaciones”, sorpresas y harto conocimiento –casi enciclopédico-, con un toquecillo de vintage.

Bajo una experiencia lúdica, el autor nos sumerge en un recorrido atemporal por los icónicos escenarios, personajes, directores, actores y escenas que han marcado a cientos de generaciones de mitómanos. Bellamente ilustrado por Ana Bustelo, este magnífico viaje por el cine cuenta además con la introducción de Daniel Krauze, quien tras conocer la grandilocuencia de Cane también inicia su “Previo al rugir del león” con una confesión que solo se entiende por el gran respeto y amor que ambos literatos le profesan al séptimo arte y la escritura.

Y aunque me gustaría tomar de pretexto al Pequeño Diccionario para hablar de mis filmes, actores favoritos y subrayados que ahí se cuelan sería mucho mejor que cada uno de los cinéfilos se apropiara de su propio repertorio, porque Cane logra que cada uno se reconozca en las historias e histriones que habitan en las páginas, e incluso que vaya más allá de sus colecciones y gustos, aventurándose a confrontar al autor y a sí mismo con las ausencias. Por eso decidí quedarme con “los otros”, los no reales o mejor dicho, con los personajes que una vez creados y en pantalla no solo cobraron vida, sino además marcaron al escritor a tal punto que les ofreció un sitio en este su homenaje visual y literario.

Siguiendo la fiel tradición del orden alfabético, el primero en aparecer en escena es Roy Batty ese “replicante fugitivo (e increíblemente parecido a Rutger Hauer)” que inmediatamente nos remite a una de las historias más emblemáticas de la Ciencia Ficción: Blade Runner, de Ridley Scott, donde el oscurantismo domina la relación entre los humanos y no humanos. Bajo la mirada de Batty, Cane retoma una de las escenas más bellas e impactantes de este filme basado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? donde uno se descubre sumergido en un futuro quizás no muy lejando.



Hitchcock fue un facilitador de miedos. Conocedor de la naturaleza humana y sus debilidades, este cineasta exploró esas inquietudes “elementales” o simples de las fobias para crear los más impactantes filmes, como Vértigo, esa cinta que hizo que Miguel Cane diera un lugar a Madeleine Elster, “la rubia refinada y de la más alta alcurnia, con impecable gusto al vestir”, en su Pequeño Diccionario. Y que sin duda, dejará a más de un mitómano padeciendo con la acrofobia de Ferguson.



Salido de las entrañas japonesas Gojira, también conocido como Godzilla nos revela su historia y cómo se convirtió en figura de culto. Un personaje que no solo trascendió su propio mito sino que además se atrevió a desafiar y compartir el reino con el mismisimo King Kong. Desde que apareciera en 1954, este monstruo no para de sumarse adeptos y de reedescubrise en el cine.



Truman Capote la creó, pero fue Blake Edwards quien le dio el carácter iconico a Holly Golightly, exquisitamente interpretada en el cine por Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany's. Diva, adorable y entrañable. Una “fille de joie en un Manhattan de cuento de hadas que ya no existe”, pero que recuperamos en cada vista cinematográfica.



Dicen que los caballeros las prefieren rubias y Kong también, nos devela este Pequeño Diccionario parafraseando al mismísimo Peter Jackson, el director neozelandés que fascinado con la historia y el gorila se aventuró crear su propia versión que pese a habernos reenamorado de tan adorable bestia, nos dejó con la nostálgica imagen del Empire State, de Merian C. Cooper.



Curiosamente este felino se volvió inseparable de su rúbrica. Nada más suenan las notas compuestas por Henri Mancini, que todos vemos el grácil andar de La Pantera Rosa. Creada por Friz Freleng para la intro de un filme de Blake Edwards, este personaje tuvo tal fuerza y aceptación que pronto se consiguió un contrato individual para estelarizar su propia serie de televisión y decenas de cortos animados.



Y que mejor final para invitar a leer el Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Un altar portátil de la más varia idolatría cinematográfica, de Miguel Cane, que Mrs. Robinson… ¿quién no la recuerda? Bueno, hasta tiene una canción. Si se gustan de las féminas maduritas y sensuales, todos soñaron en su juventud con ella e incluso ahora los lleva a rememorar sus propias historias, y quienes la conocen en el filme y aún están en edad temprana, no pierden la fe en encontrarla. Y confesemos también mujeres, cuántas no desearíamos ser o acercarnos un poquito a ejercitar ese “filtreo abrumador” que literalmente pone a temblar a un jovencísimo Dustin Hoffman.




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Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Un altar portátil de la más varia idolatría cinematográfica, de Miguel Cane. Publicado por La Biblioteca del Pájaro Dodo, 2013. Ed. Impedimenta (www.impedimenta.es)



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Polvo de estrellas, por Patricia Farías

Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs.

Patricia Farías.

Una vez reconciliada con el significado de “mitómano”, debo admitirlo: lo soy. Como todos, tengo mis propios mitos; la mayoría de ellos están en estas páginas: admiro la elegancia de Audrey Hepburn (que es para mí la definición de elegancia… y además, ¡bailó con Fred Astaire!); la presencia de Katharine Hepburn; el talento de Meryl Streep; me enamoré perdidamente de niña de Gene Kelly y Michael Caine, sin darme cuenta que ellos ya eran un poco mayores para mí… Ellos son algunos de mis mitos. Otros son nombres más recientes, algunos incluso los he visto surgir y convertirse de promesas en estrellas talentosas, por hablar únicamente de actores.



Recorriendo las páginas del Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs, transitamos entre exclamaciones internas al encontrar nuestros propios ídolos y la mezcla es tan encantadora como a veces inesperada: directores, escritores y guionistas; actores y personajes de ficción; también personajes animados y por qué no, lugares. Después de todo, todo esto puede ser objeto de culto. Este “altar portátil” está además acompañado por las ilustraciones de Ana Bustelo, que captan la esencia de cada personaje representado.



Aquí están los longevos que aún nos regalan sus interpretaciones, los que se fueron prematuramente y entraron en la leyenda tal vez por esa razón; los que partieron a edad avanzada; los más jóvenes y los que ahora son nuestros referentes; directores admirados, temperamentales o polémicos; los que tuvieron épocas mejores pero que por ellas se les perdona uno o dos filmes de esos que mejor olvidar; están también los que amamos y los que “odiamos” porque con su talento nos provocaron amor u odio desde la pantalla con algún personaje memorable. Curiosidades, datos, romances y matrimonios, amistades y enemistades legendarias, estirpes… todo está aquí.



Este Diccionario parece estar escrito de forma muy simple. Cada apartado tiene un tono ligero y ameno e incluso en algunos casos deseamos investigar más. Seguramente este tomo será una puerta para que quien lo lea se acerque a algunas obras, esas que se citan en cada reseña; o para descubrir a alguien que hasta ahora se había pasado por alto. Sin embargo, no nos engañemos por ese estilo despreocupado. Entre estas páginas hay investigación, hay conocimiento del tema elegido (y mucho, basta ver los nombres seleccionados: esto no es el clásico compendio de los nombres de moda) y hay mucho oficio para escribir justamente así: de forma que al lector se le vaya sin notarlo el tiempo que invierte en la lectura.



Y tal vez lo más importante, hay pasión. Miguel Cane es un apasionado. No solamente del cine, sino de todo lo importante para él en su vida: sus amores (familia, amigos), su trabajo, sus gustos y disgustos. Miguel derrama su pasión por el cine en estas páginas y las leemos sintiendo el mismo entusiasmo que seguramente él sintió al escribirlas… más allá de las inevitables horas de cansancio, o la preocupación por alcanzar el resultado final deseado.

Como dice Daniel Krauze en el prólogo, Miguel es enciclopédico en cuanto a sus intereses. Lo es sin ser abrumador, sin pedantería. Se podría estar horas escuchándolo hablar de las figuras que ha podido entrevistar gracias a su trabajo. Ha visto más filmes de los que yo voy a ver en mi vida, y además domina lo que hace. Aún así, no intenta tampoco imponer su punto de vista. Regala este conocimiento con enorme sencillez: la del que sabe que hace lo que soñó hacer para vivir en algún momento.



Hace algunos años yo estaba en la misma situación que Daniel Krauze: tampoco conocía a Miguel personalmente y su primer libro Íntimos Extraños llegó a mis manos por su gentileza. Al poco tiempo viajé a México y nos conocimos. En realidad, Miguel Cane y yo nos vimos solamente dos veces el mismo día, en su ciudad natal. Desde aquel 2006 hasta ahora he visto la publicación de su primera novela, Todas las Fiestas de Mañana; he leído sus notas y creo que ambos sabemos que “estamos ahí”. Y sí, Miguel Cane es mi amigo; un amigo admirado y querido. Hoy acompaño la aparición de este Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs donde Miguel nos acerca a estas estrellas una vez más, para que podamos compartir la luz que todas ellas han derramado ayer y hoy sobre quienes amamos el cine.

Montevideo, Uruguay – 14 de abril de 2013

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Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Un altar portátil de la más varia idolatría cinematográfica, de Miguel Cane. Publicado por La Biblioteca del Pájaro Dodo, 2013. Ed. Impedimenta (www.impedimenta.es)



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Una Biblia cinéfila, por David Guzmán

David Guzmán.

Encontrar una idea original, que pueda a la vez ser útil, interesante y divertida, se antoja hoy –en el mundo de los libros- como una tarea casi imposible. Libros van, libros vienen, y sin embargo Miguel Cane ha creado un compendio que seguramente podrá estar durante mucho tiempo en nuestros estantes personales como una especie de biblia cinéfila a la que podemos recurrir cuantas veces sea necesario, sea derivado de alguna plática o tertulia con amigos que sin querer terminan entusiasmados hablando de películas, sea saliendo del cine ante la duda por saber quién es esa actriz que nos ha deslumbrado convirtiéndonos en poco más que muertos vivientes esperando por su siguiente aparición, o sea simplemente por un interés genuino de aumentar nuestro incipiente bagaje (Mitómanos Amateurs, nos llama Miguel) de personalidades del celuloide, estén atrás o delante de la cámara.



Miguel, con ese estilo que lo caracteriza, a ratos ácido, mordaz pero siempre con rigor y al mismo tiempo amor que le tiene al séptimo arte, nos develará a las celebridades que marcaron su –buen- gusto cinematográfico y han hecho hoy de él un crítico cuya opinión hay que revisar, si de ver buen cine se trata.

En el Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs, encontraremos aquellas anécdotas que no aparecen en Wikipedia ni en IMDB, datos sueltos que nos darán mucha idea de esos seres del celuloide que seguimos o incluso –y me incluyo- idolatramos. Anécdotas que Miguel ha ido recogiendo todos estos años y que gracias a su envidiable memoria, hoy nos comparte generosamente provocando que sus letras sean a la vez deliciosas y sorprendentes.



Directores de Cine, actrices, actores, críticos, personajes emblemáticos (incluso lugares), escritores, nacionales o internacionales, vivos o muertos…a todos pasa revista con singular estilo y gracia (¿conoce usted a Gojira, Leo o sabe quién es Nico?) sin perder un ápice el pulso que provoca una lectura envolvente e iluminadora.



Pero más allá de la trivia y más allá del dato anecdótico, Miguel nos acerca a la persona detrás de la máscara, detrás de ese personaje ‘celestial´ (como el, por ejemplo, se refiere, con toda justicia además, a Julie Christie) que nos ha fascinado, nos acerca a sus películas importantes que deben verse, tejiendo inteligentemente una red guía a la que no podemos sustraernos ni permanecer estáticos.



Momentos mágicos de fotogramas que permanecen en el imaginario colectivo, son reseñados por Miguel con singular sentimiento. Uno casi puede verse en la sala de cine al tiempo que leemos, de su puño y letra, como una Audrey Hepburn “con vestido de fiesta negro, perlas ostentosas, gafas de sol enormes y peinado de peluquería intacto se acerca a los escaparates de Tiffany & Co.” en Breakfast at Tiffany’s o Sean Young con su hermosa Rachel, fumando sin saber que es replicante en la espectacular e inolvidable Blade Runner, por mencionar un par de los muchos bellos ejemplos que contiene el diccionario.



Se trata pues de un cine y sus personajes que Miguel no quiere dejar morir para beneplácito de todos, un cine que se ha convertido en referente de calidad y que rebasa con creces lo que hoy se fabrica, dicho literal y he de reconocer, tristemente. Y es que es notorio como esas películas de otras épocas, muchas de ellas convertidas hoy en obras maestras son homenajeadas frecuentemente en las producciones actuales y sólo denotan una escasez evidente de historias, ideas (y estrellas, permítaseme decirlo) y este libro se convierte en una magnífica puerta de entrada para acceder “al original” que anda por ahí, queriendo ser descubierto.



No me extraña esta nostálgica mirada que el autor enfatiza especialmente en el cine con el que creció, citando nombres de personalidades (la puerta que Cane elige) desaparecidas o vigentes, que se esfuerzan (o esforzaron, según el caso) en hacer las cosas bien y que vale la pena seguir o simplemente redescubrir.

Miguel Cane ha realizado un bellísimo Diccionario –en forma y estilo- escrito con amor y agradecimiento al Cine y se nota; bellamente ilustrado además por Ana Bustelo que complementa a la perfección su invaluable contenido.



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Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Un altar portátil de la más varia idolatría cinematográfica, de Miguel Cane. Publicado por La Biblioteca del Pájaro Dodo, 2013. Ed. Impedimenta (www.impedimenta.es)



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8 may 2010

Pesadilla en la Calle del Infierno: El Origen / A Nightmare on Elm Street, de Simon Fuller

Pesadilla sin sueño

Miguel Cane



Había una vez un director de cine especializado en el género del terror, llamado Wes Craven, que solía hacer películas interesantes y escalofriantes, como Pesadilla en la Calle del Infierno, que con su propuesta visual alucinante y una trama que sugería la inquietante posibilidad de que el sueño pudiera ser una trampa mortal, marcó una época y (por desgracia) derivó en una serie de secuelas que terminaron por volverse absurdas; pero la primera cinta – además de marcar el debut en pantalla del hoy ídolo Johnny Depp- fue una bocanada de aire fresco a un género que en los años 80 ya estaba zigzagueando.




Hoy, en el avance cronológico de las remakes -y agotadas casi todas las de los '70 con la puñalada trapera que fue el horrendo Halloween de Rob Zombie-, era obvio que tarde o temprano iba a tocarle a la cinta de Craven de 1984 sobre los crímenes de Freddie Kruger, que durante años llevó el rostro (severamente quemado, es decir, maquillado) de Robert Englund, el tratamiento Platinum Dunes (encabezada por el nefasto Michael Bay) para convertirse en remake de moda, poco imaginativo y con mucho atractivo visual, para públicos poco exigentes y sin imaginación.

Lo mejor que hicieron los productores de esta versión fue elegir a un actor que genuinamente causa miedo para reemplazar al icónico Englund. Se trata de Jackie Earl Haley, el ex actor infantil que resurgió con Secretos Íntimos y como Rorschach en Watchmen. Pero los esfuerzos del enjuto Haley no alcanzan para que pueda hacer el personaje totalmente suyo.

La trama no se ha modificado demasiado de la original. Krueger aparece en los sueños de un grupo de adolescentes aburridos de clase media y es allí donde puede matarlos. Ellos, en tanto, intentan permanecer despiertos la mayor cantidad de tiempo posible y así tratan de descubrir quién es el sujeto que los tortura en sus pesadillas y porqué, mientras van cayendo, amigo tras amigo como moscas todos conectados a un hecho del pasado que desconocen y que, claro, los une al misterioso y "afilado" Freddie.




Los recursos narrativos son los mismos de antaño y más allá de algunas mejoras obvias en los efectos especiales, no hay muchas sorpresas en un filme que trata sustos de 26 años atrás (el ya típico ruido de las cuchillas de Krueger sobre la pared) como si fueran novedades. Simon Fuller, el director, es un notable videoasta – creó videos icónicos para Nirvana, Garbage y David Bowie, entre otros- que hace con esto su debut en cine, y visualmente tiene una estética muy personal, pero los actores son amateurs (nadie como Heather Langenkamp en el rol de la joven y perturbada heroína; la mona Rooney Mara tiene de actriz lo que el espectador de soldado romano), y la cinta carece de sustancia: es un paquete muy bonito, aunque bastante corriente y sin nada dentro.

Tomando en cuenta el éxito de su estreno en los Estados Unidos, es obvio que hay un mercado dispuesto a consumir refritos de éxitos del pasado, especialmente si no vieron los otros ocho capítulos de la saga. Para los que pasamos por todos (o casi todos) ellos, esta nueva pesadilla no es otra cosa que más pan con lo mismo, pero genérico: casi igual, pero más barato.

Pesadilla en la Calle del Infierno: El Origen/A Nightmare on Elm Street
con: Jackie Earle Haley, Kyle Gallner, Rooney Mara, Katie Cassidy, Thomas Dekker, Kellan Lutz
Dirige: Simon Fuller
Estados Unidos 2010


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3 ago 2009

Confesiones de una dama malportada, de Violeta Verdú - Miguel Cane

Miguel Cane

Tal vez ustedes recordarán a mi amiga Magdalena, protagonista de una anécdota que conté hace algunos años. Pues bien, ahora mi amiga Magdalena me escribe para contarme, llena de alborozo, que su amiga Violeta Verdú (que no se llama realmente Violeta, ni se apellida Verdú, pero eso se los explico más adelante) se estrena como autora publicada por el prestigiado sello Vergara, con un libro que promete ser de los más leídos este verano (y algunos otros): Confesiones de una dama malportada.




Contrario a lo que se pueda pensar, el libro no es un manual de autoayuda y superación personal (siempre he pensado que si tuviera un mínimo de sentido común, escribría uno y me forraría de billetes) sino que se trata de lo que en el mundo de las publicaciones estadounidenses, se llama un memoir: un relato sobre cómo, después que su matrimonio se fue al carajo, ella se las ingenió para sacar la cabeza a flote y ser una mujer completamente fiel a sí misma.

Por lo que sé, el libro originalmente, iba a ser una compilación de columnas de Violeta (que se publican en el mismo diario donde yo publico la mía, ¡qué coincidencia!), pero luego resultó ser que se trataba de un manuscrito original, en el que, sin tapujos y sin pudor alguno, Violeta cuenta con detalle cómo volvió a la 'circulación', los hombres que conoció, las relaciones que tuvo, no sólo con ellos, sino también con sus amigos (más específicamente con sus amigas, algunas de las cuales tuvieron dificultades para ajustar su transición del valle de las señoras casadas al de las solteras-y-disponibles) y con su familia.

El libro es muy ágil, es sumamente inteligente, es divertido y sobre todo, con sustancia: se trata de algo mucho más trascendente que lo habitual: no se doblega a las necesidades de una cultura pop obsesionada con la basura: busca la manera de hacer un honesto ajuste de cuentas entre ambas partes -- la sociedad y su sexualidad. Lo hace con frescura, con inteligencia y hasta con ternura. Definitivamente vale mucho más la pena adentrarse en estas aventuras y desventuras, que en manualillos hipócritas y gazmoños. Violeta no tiene pelos en la lengua y eso, en esta era de rancia corrección política y otros mamoneos en nombre de la 'buena conciencia' se agradece.

Felicito a Violeta (que en un tiempo se firmó Violetta, siendo -- como era- fan de la mediocre novelita 'Demonio Guardián' de Xavier Velazco, hasta que éste en un arrebato pendejo le exigió que se cambiara de nombre o la acusaría de plagio [¡Háganme el favor! Xavier, te tenía en otro concepto pero ahora veo con desencanto que eres sólo un mamonazo. ¡Debería darte vergüenza, animal!]) por su debut en la esfera de los libros. Será un camino sinuoso, pero con su encanto en la pluma y los tacones adecuados, el andar le será ligero.

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6 jun 2009

Intimos Extraños, de Miguel Cane - Patricia Farías

Patricia Farías

Miguel Cane y yo no nos conocemos personalmente. Tengo en mi mente una imagen de él que se apoya en fotografías, y en leerlo en varios mensajes que hemos intercambiado, tanto públicos como privados. A eso se suman ahora las descripciones que aparecen en su libro, hechas por personas que sí lo conocen y que lo describen un poco en su forma de ser. En muchos sentidos, Miguel es para mí un “íntimo extraño”. Otro ingrediente para esa imagen fue el recibir hace unos días un envío de su parte: su libro llegó al Uruguay y a mis manos gracias a la calidez de la persona que conocí de monitor a monitor hace unos pocos años… ¡gracias otra vez!
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En “Intimos extraños” Miguel Cane permite que nos acerquemos y nos sentemos junto a él y su entrevistado, escuchando la conversación. Ejerciendo ese arte de conversar al que hace referencia en una de las frases que leemos al abrir las primeras páginas, el autor deja que el personaje entrevistado hable, sin interrupciones banales, dando lugar a que el lector vea algo más que al nombre que aparece en las marquesinas.
Gwyneth Paltrow in Focus Films' Possession
Gwyneth Paltrow

Miguel hace una pausa y nos describe un gesto, una expresión del rostro o la forma en que el otro ríe; describe la ropa que eligió la persona entrevistada y eso nos da la sensación de estar ahí, participando callados y sin molestar, de esa charla.

Las preguntas hábiles y oportunas nunca dan lugar a una respuesta cerrada: no cabe un “sí” o un “no” simplemente, por lo que quien responde puede derivar hacia donde se sienta más cómodo. Podemos saber de qué modo se enfrentan a un papel, cómo lo prepararon, qué sienten frente a ese bien tan buscado (y que puede pesar tanto) que es la fama; podemos saber qué han estado leyendo, o sorprendernos cuando un actor se revela como un hombre que valora por encima de todo su familia y por eso la preserva todo lo que puede. Las preguntas no buscan el sensacionalismo que muchas veces vemos en otras publicaciones, ni saber quién está con quién y por qué… buscan algo mejor: mostrar a la persona detrás del nombre famoso.
Si no todos los actores se muestran tal cual son durante las entrevistas –como indica el autor– ya sea porque las entrevistas son parte de su trabajo y allí se “visten de su nombre famoso”, o porque eso les permite resguardar la poca vida privada que aún pueden resguardar, de todos modos las respuestas son interesantes y uno sigue leyendo, pasando de un nombre conocidísimo a otro, hasta llegar a la entrevista final con Liv Ullmann.

Esta entrevista sin dudas es muy significativa para el autor, y así queda aclarado en su introducción. Pero para mí como lectora del libro, también lo fue. Miguel en ese momento tenía veintiséis años, y es evidente que la Sra. Ullmann se sintió sorprendida con el conocimiento de su trayectoria y las opiniones sobre un cine que ella consideraba que ya no llegaba a los jóvenes como al público del momento en que fue realizado. Se la ve cómoda respondiendo, mostrándose auténtica y muy cálida. Pero nada de esto es casual. Esto es sin dudas, la lógica respuesta a las actitudes y aptitudes de quien la entrevistaba.


Liv Ullmann

Y aquí como lectores vemos la clave de por qué las demás entrevistas son tan atrapantes y con toda seguridad, serán releídas: ha pasado el tiempo, pero lo esencial del entrevistador sigue allí. El conocimiento sobre la trayectoria del entrevistado (las entrevistas son, claramente, cuidadosamente preparadas, de ahí que nunca se lea aquello de “cuál es tu color preferido”, que debe provocar un mortal aburrimiento en el entrevistado…), el respeto con que se formulan las preguntas y sobre todo, la sencillez de quien sabe dejar que el otro tome el lugar central de una charla de este tipo. Miguel Cane es sin dudas, un profesional, pero también por momentos podemos ver a aquél Miguel más joven que seguramente se sintió emocionado por estar frente a uno de sus íconos personales, como lo es Liv Ullmann. Todavía, me parece, se siente afortunado de poder dedicarse a lo que se dedica, y eso hace que algunas preguntas parezcan apuntar justamente a lo que el lector quisiera saber sobre las estrellas que brillan más en estos momentos.

Si le preguntáramos, puede que nos diga algo parecido a lo que leemos en una de sus entrevistas: “soy un hombre que trabaja, la única diferencia es lo que hago para ganarme la vida”.

La gran diferencia, Miguel, es cómo lo haces y cómo lo compartes con quienes hemos tenido el gusto de leer tu colección de conversaciones.


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5 jun 2009

The First and The Last / Los primeros y los últimos, de Adolf Galland

Jacobo Bautista

Siguiendo con mi etapa de libros de la Segunda Guerra Mundial, me encontré con que Amazon consiguió una reedición más del libro de Adolf Galland, The First and The Last y pensé que ya estaba bueno de libros de guerra americanos, había que leer uno ‘del otro lado’.

El libro, agotado durante algo así como dos años, de repente estuvo disponible y apenas lo supe, lo compré. Galland es uno de esos personajes medio obscuros de la historia; nunca su nombre se ha vuelto tan famoso como el de Richtofen, el célebre Barón Rojo, pero afortunadamente tampoco se le ligó con las altas esferas de los Nacional Socialistas alemanes que llevaron al mundo al caos en los años 40.

Galland voló en la Segunda Guerra Mundial para la Luftwaffe, sus éxitos como piloto lo colocaron cerca de las elites que tomaban decisiones en el tercer Reich. En realidad el libro lo compré porque quería leer de combate aéreo, se trata de un piloto que participó de inicio a fin en la guerra, que se volvió célebre derribando Spitfires en la Batalla de Inglaterra y pensé que el libro contenía descripciones de las batallas aéreas, de sus aviones y de la vida en los campamentos, algo como lo que he estado leyendo de la Compañía E de la 506 Aerotransportada del ejército americano... pero no, Galland apenas le dedicó unas páginas a sus más de cien victorias en el aire y algunas otras líneas a las características de los aviones que manejó... a manera de disculpa Galland dice que el volar y el combate aéreo se le daban naturales y que él no encontraba gran cosa en derribar dos o más aviones en una sola misión.

El libro comienza como un recuento personal de sus traslados y expectativas como piloto de combate, pero muy pronto aparecen los políticos en su vida, primero el Comandante en Jefe de la Luftwaffe, Hermann Göring, para quien Galland de repente sólo tiene comentarios sarcásticos acerca de su ineptitud (Göring siempre fue el favorito de Hitler) y poco después, Adolf Hitler... aquí el libro volvió a interesarme porque Galland brinda un retrato desinteresado del dictador alemán, cuando Galland se atrevió a comentarle sus opiniones sobre la obvia superioridad que él sentía que tenían los ingleses y –para sorpresa suya y del lector– Hitler escuchó atento, dejándolo expresarse y haciéndole comentarios en los que Galland notó que eso no le caía de sorpresa al Führer.

La celebridad de Galland, además de sus impresionantes dotes como piloto, se debe en gran parte a su sinceridad y su forma de pensar; en el libro de queja a cada paso de las decisiones estúpidas tanto de Hitler como de Göring (Alemania estaba en vías de ganar la Batalla de Inglaterra cuando decidieron cambiar la estrategia que les hizo perderla)... pero lo más grandioso del asunto es que Galland tenía claro entonces que las decisiones estaban mal y hacía todo en su poder para convencer a los altos mandos de corregir, paso a paso Galland escribe la tragedia –como él mismo la llama– en que los alemanes, a pesar de tenerlo todo para ganar, terminaron perdiendo... pero lo valioso es que no se esperó a perder para externar su pensamiento sino que desde siempre fue un crítico acérrimo de las estrategias alemanas.

El libro se titula El Primero y el Último, pero bien se podría titular ‘La Tragedia de la Luftwaffe’. Galland, poco después de derribar cien aviones enemigos (casi todos ingleses), fue nombrado Jefe de los Cazas de la Luftwaffe, luego entonces, fue retirado del servicio activo (aunque, en un par de traslados, Galland viajó de una junta a otra en un avión caza, se desvió de su curso, encontró cazas ingleses y los derribó)... y desde entonces dedicó sus esfuerzos para que los cazas de combate alemanes pudieran defender con éxito al Reich, y desde ahí fue testigo y víctima de la miopía de Göring y de la necedad de Hitler, quienes siempre quisieron bombarderos más que cazas para atacar al enemigo en lugar de defenderse de él... y no entendieron nunca que incluso para atacar con bombarderos, necesitaban cazas para proteger a los bombarderos de los cazas enemigos.


Pero los cazas para Hitler siempre fueron una necedad de Galland, luego entonces nunca les puso atención y así no pudo nunca proteger a los bombarderos alemanes y luego peor, no tenía con qué proteger a Alemania de los bombarderos americanos e ingleses... peor aún, desde 1939 estaba ya muy bien desarrollado un jet, el primer jet del mundo, pero Hitler no quería que el Me 262 (el primer caza jet) se desarrollara porque creía que la guerra terminaría muy rápido y antes de que éste sirviera para algo... cuando Galland, ya despedido de su puesto como jefe de los cazas alemanes, pudo al fin, al final de la guerra, pudo formar por fin un grupo de jets Me 262 para defender al Reich... y comprobó que esta arma pudo haber detenido los bombardeos americanos e ingleses de haber sido producido en masa dos años antes (tal era su superioridad técnica).

Al leer a Galland, sobre cómo las decisiones y estrategias alemanas estuvieron totalmente equivocadas desde el inicio uno no puede sino relacionar con su entorno y ver cómo algunas cosas van directo al fracaso por la poca visión de sus líderes.

Al final, aunque obviamente Galland habla de bombas, de explosiones y de muertos (perdió a sus dos hermanos en la guerra, pero no les dedica mas que un par de líneas), no es propiamente el tipo de libros de guerra que había estado leyendo (experiencias de primera mano de soldados), es muy interesante porque se trata de una lectura muy crítica hacia sus líderes y las acciones porque las decisiones se tomaban en alguna oficina en algún lado y Galland las experimentaba de primera mano, las padecía, en el frente de batalla donde, a pesar de estar ya disponible, no se le brindaban las mejores armas para combatir y aún más, se le encomendaban tareas ilógicas con el armamento inadecuado.

Una cosa que no creo que Galland haya entendido bien a tiempo que escribió el libro es que (si bien me quedé con ganas de que escribiera más de sus combates) resulta ser una excelente crítica hacia las dictaduras porque a final de cuentas todas las decisiones de Hilter que llevaron al colapso del Reich nunca tuvieron un contrapeso, por más que le explicaban que las cosas las hacía mal, el tipo ya había decidido sobre tal o cual cosa y como es el único que tiene la razón, al final era lo que se hacía... no tenía un Congreso opositor que enderezara el rumbo o detuviera las idioteces, no tenía aspirantes a su cargo que propusieran mejores soluciones y no había medios de comunicación que expusieran al pueblo alemán que lo que se hacía estaba mal... simplemente el tipo decía ‘vamos para allá’ y la servil masa alemana de 1939-45 lo siguió hasta la cloaca.

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Heroes, libro de James Holland - Jacobo Bautista

Jacobo Bautista




Los últimos dos grandes libros que he comprado ha sido en aeropuertos, el de Next fue en el aeropuerto de Cancún y ese libro, curiosamente, lo terminé de leer a medio viaje por Egipto por lo que, para el largo camino de regreso, tenía que comprar otra cosa qué leer (y ni modo, ni lo que me estaba esperando en el buró ni Amazon podían ayudarme en medio del desierto nubio).

De ida, en el aeropuerto, de Amazon había visto en su selección de best sellers un par de libros sobre la guerra que me llamaron la atención, uno de Stephen Ambrose y un par más sobre la historia de alguna gran batalla en la Primera Guerra Mundial, contada desde la perspectiva alemana. De regreso, de nuevo en el enorme aeropuerto holandés, me puse a buscar los libros y nada... pero encontré un par, primero tomé uno sobre la batalla de Anzio (que me sé más o menos la historia porque la mencionan en la película de Pink Floyd: The Wall) y un curioso libro, con un soldado muy gringo en la portada, llamado simplemente: Héroes.

“La más grande generación y la Segunda Guerra Mundial” es el subtítulo del libro de James Holland. La premisa del libro es sencilla: he aquí a un montón de gente, no terminaban de llegar a la adolescencia cuando sus países se vieron atacados, bombardeados, agredidos, invadidos... ¿qué haríamos nosotros en el caso de esta bola de chamacos? ¿tendríamos también los tamaños para, sin pensarlo –como ellos lo hicieron– ir la misma tarde en que comenzó la guerra y alistarnos en el ejército?

Porque hablar es muy fácil, decir “claro que sí”, pero esta colección de héroes que juntó James Holland en su libro no lo pensó, fueron, se enlistaron y vivieron el infierno.

¿Se imaginan a David Beckham colgando los tenis, renunciando a su vida de lujos para ir a vivir a las barracas, aprender a manejar un tanque y luego, dentro de uno de ellos enfrentar a los famosos panzer alemanes? Bueno, pues Tom Finney, uno de los futbolistas más talentosos de Inglaterra en los años 40, así lo hizo, sin pensarlo. Aunque durante la guerra jugó muchos encuentros de exhibición, cuando lo tuvo que hacer, ni modo, se metió en un tanque de guerra y fue a recibir balazos de los alemanes, mientras él hacía lo propio, esto en el frente italiano donde la cosa se les puso a los aliados color de hormiga.

La historia de John Leaver y Fred Walsh es otra de las maravillas del libro, acá tienen a un par de amigos que se van a combatir a los japoneses y, casi llegando a la guerra son capturados por los nipones. De los cinco años que duró la guerra, estos pobres se pasaron tres en cautiverio, en unas condiciones que da asco leer... ambos, John y Fred admiten que si sobrevivieron a la pesadilla del cautiverio fue por la amistad de uno con el otro.

Hay también historias que sacan de onda, como la de George Jellicoe, aristócrata inglés que, al momento de escribirse el libro ocupaba un asiento en el congreso británico. Jellicoe, con todo y todo, siendo ‘hijo de papi’, decidió pelear la guerra. Se enlistó con los equipos especiales e hizo de todo, misiones que ni en las películas se atreven a contar porque se verían totalmente irreales... la cereza del pastel en la historia de Jellicoe es el día en que liberó Atenas de los alemanes... él solo, bueno, con un compañero, montado en una bicicleta.

Quizá a algunos de los lectores más asiduos de estas páginas (que son también los más cinéfilos), recuerden a Ken Adam, ganador de dos premios Óscar por mejor escenografía... en su adolescencia, Ken (alemán judío, que salió huyendo a tiempo de Alemania) fue parte del escuadrón 609 de la Real Fuerza Aérea que destruyó tanques, ferrocarriles, depósitos de municiones y prácticamente todo lo que encontraba a su paso, esto, volando los aviones Hawker Typhoon, que eran como tanquecitos con alas. Otra de las historias que realmente lo hacen pensar que aquella fue una gran generación es la de Wladek Runikowicz, polaco... que no obstante su país ser invadido por los rusos, ser hecho prisionero de los rusos, liberado, sobrevivido condiciones patéticas para luego formar parte del ejército polaco (aunque su país estaba ocupado) y pelear de lado de los aliados... este capítulo señala además la gran contribución de los polacos contra los nazis, fueron ellos quienes tomaron por fin Monte Casino en Italia y fueron –esto es bien curioso- los pilotos polacos del escuadrón 303 de la Real Fuerza Aérea, los que más aviones alemanes derribaron durante la Batalla de Inglaterra.

Ahora... el mérito de Holland no ha sido tanto escribir de forma entretenida este libro, ni siquiera el haber conseguido una buena muestra de soldados polacos, pilotos alemanes que pelearon de lado de los aliados, una actriz guapísima miembro de la resistencia francesa, marinos de submarinos, un partisano italiano... sino el haberlos encontrado y haberlos hecho hablar.

Una de las preocupaciones del autor, quien tiene más libros sobre el tema es que esta gran generación está lentamente desapareciendo. Y una característica de estos héroes, que pasaron miseria y media en la guerra, es que regresaron a sus hogares luego de salvar al mundo, siguieron con sus vidas y no hablaban de la guerra... algunas de las más grandes historias de heroísmo nadie las contó porque los protagonistas no se consideran héroes ni nada por el estilo (e incluso de enojan y gritan “no, nosotros no somos héroes ni nada por el estilo, los héroes son los que están enterrados allá”). Quizá es por la edad que hayan comenzado a hablar de sus experiencias, que mal hicieron en reservarse, el caso es que leyendo estas aventuras se le quita todo el glamour hollywoodesco a la guerra.

No sé si mi generación hubiera enfrentado en su momento (cuando teníamos 19 años) una cosa de este tamaño, no sé si hubiéramos tenido la entereza para sobrevivir a todo aquello, por lo que sólo queda mi admiración por estos 21 personajes que nos regala James Holland en su libraco, que, por cierto, en esta edición que les comento, trae un ‘Post Data’ con algunos datos extras y una entrevista que le hicieron al autor, precisamente respecto al libro... son unas cuantas páginas, pero sirven de postre a la lectura... y es una idea que me pienso fusilar algún día.

Heroes
por James Holland
Publicado por Harper Perennial
(Esta recomendación es sobre el libro titulado Heroes, en 2006 se publicó su primer edición, bajo el título Twenty-One)
ISBN-10: 0007213816
ISBN-13: 978-0007213818

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Rocketman. El increíble viaje a la Luna y más allá del astronauta Pete Conrad, por Nancy Conrad y Howard A. Klausner - Jacobo Bautista

Jacobo Bautista



A mi generación ya no le tocaron las hazañas de las primeras exploraciones espaciales y aunque de algún modo en la infancia todos quisimos ser astronautas, no vimos la carrera espacial y sólo nos tocaron las historias del Skylab, mal cubiertas por la prensa. Los astronautas, además, resultaron a final de cuentas héroes bastante grises, con vidas perfectas, siempre dispuestos a arriesgar la vida por su nación y tonterías así. Las biografías de los cosmonautas rusos estaban llenos de historias cursis de amor a la Unión Soviética, producto de su propaganda… pero las historias de la NASA ni siquiera tenían la cursilería.

A mi generación le tocaron, en cambio, las exploraciones a otros planetas hechas por naves sin tripulación. Recuerdo a Pedro Ferriz narrando los programas especiales dedicados a la llegada de la sonda Viajero (1 y 2) tanto a Júpiter como a Saturno… pero nada de grandes aventuras…

La exploración espacial me atraía, pero le faltó siempre el elemento de los héroes de carne y hueso. Fue con la película The Right Stuff que vi algo de drama en estas aventuras. Luego de mucho tiempo y con la película Apolo 13 vi que, después de todo, sí había habido una aventura de verdad peligrosa.

El inicio de mi renovado interés por estos asuntos fue la miniserie, producida por Tom Hanks, titulada From the Earth to the Moon. Mi capítulo favorito de esta serie es Is there all that is? Que trata sobre el Apolo 12… está basado en parte en el libro que escribió uno de sus tripulantes (y el cuarto hombre que pisó la Luna) Al Bean. Y lo que hace el libreto de este capítulo es retratar a un verdadero héroe, todo un personaje, llamado Pete Conrad, el comandante de la segunda misión a la Luna.

Ya había escuchado algunas historias de Pete Conrad y lo había visto en un programa de televisión del Speed Channel original (cuando dedicaban espacio a los aviones también y no la bazofia que es ahora este canal)… Conrad entrevistaba pilotos y hablaba de los aviones, y cada vez que se presentaba con alguien, este alguien –fuera quien fuera- se quedaba con la boca abierta, como no creyendo que estaba hablando con Pete Conrad.

Luego me enteré que Conrad se murió… a los casi 70 años, Pete se murió luego de tener un accidente mientras paseaba en su Harley Davidson.

Y un buen día vi que su viuda escribió un libro sobre la vida de su esposo y pues no me podía imaginar qué tanta anécdota podría tener un libro sobre la vida de un tipo que, cuando bajó las escaleras del módulo lunar para pisar la Luna, dijo (recordando las palabras inmortales de Neil Armstrong) “pudo haber sido un paso pequeño para Neil, pero es un salto grande para mí” (porque además era el más chaparro de todos los astronautas) y luego dio un salto mientras gritaba “Whoooopeeeeeee!”.

La vida de Conrad es extraordinaria desde que cuentan la historia de cómo sus ancestros llegaron a Pennsylvania. La familia siempre tuvo dinero, o lo había tenido, hasta la gran depresión que comenzó en 1929… la otrora gran casa de los Conrad (donde vivía el pequeño Pete con sus dos hermanas mayores) se fue quedando vacía, primero porque corrieron a los empleados, luego porque fueron vendiendo los muebles y tercero porque abandonaron la casota para mudarse a una casita pequeña luego que el papá perdió su negocio.

El pequeño Pete Conrad, después de tener que despedirse del chofer de la familia, quien le enseñó los primeros secretos de la mecánica (primero en el motor del auto del coche, luego al desarmar el motor de una motocicleta Indian), después de despedirse tuvo que despedirse de la mansión Conrad pensaba que aquello no podía ponerse peor… y se puso peor.

Disléxico, con el sistema educativo de entonces sin poder diagnosticar –mucho menos tratar- la dislexia, Conrad fue de mal en peor en la escuela… mientras su papá además de distanciaba más de su familia, Pete era amenazado con ser reprobado y aún más, con expulsarlos de la escuela. Con la dislexia a cuestas, sin embargo, todos los esfuerzos de Conrad se fueron por la borda.

Y los primeros capítulos de este libro son sencillamente un recuento de la desesperación de un niño al que todo le sale absolutamente mal y que, para colmo, lo único que le gustaba, lo que entendía, era la mecánica… su futuro se vislumbraba como el encargado de una gasolinera o de mecánico.

En medio de la desesperación, habiendo comenzado mal en su nueva escuela, de repente Pete se dio cuenta que todo era con en la mecánica: debía seguir un procedimiento, igual que limpiaba el motor de la Indian, haría todo lo demás, por pasos… y comenzó a irle tan bien que consiguió entrar a la Universidad de Princeton, con una beca de la Armada.

Un día, asomado por la ventana con su compañero de cuarto, vieron pasar a un viejito, todo despeinado, con un suéter que daba lástima. ¿Sabes quién es ese? –le preguntó su amigo… -es Albert Einstein… ¿y ves sus libros? Usa como separadores los cheques, es tan brillante que el dinero ya no significa nada para él.

Y de ahí en adelante, luego de salir de Princeton comenzó la carrera ascendente de Conrad en la Armada… todo contado de manera fantástica por Howard A. Klausner quien dio al libro una estructura fantástica. El libro comienza no con el nacimiento de Conrad sino con los últimos detalles de la preparación para dar la vuelta al mundo en un Lear Jet… y la guía del libro es precisamente la vuelta al mundo, con Conrad repasando su vida mientras volaba alrededor del mundo buscando romper un récord… sólo un viaje más en la increíble vida que había llevado… y el libro repite una y otra vez que no era la gloria, la historia o la leyenda, era todo por el viaje.

Luego se inscribió al programa de la NASA cuando estaban buscando a los primeros astronautas, pero le desesperaron tantas pruebas a lo tonto y se regresó a probar aviones (era piloto de pruebas para la Armada). Obviamente, cuando los primeros astronautas comenzaron a viajar al espacio, Pete se dio cuenta que había dejado pasar una oportunidad histórica… y volvió a hacer las pruebas, entró entonces a la NASA con el grupo de astronautas que volarían las naves Gemini y posteriormente las Apolo, cuyo objetivo era aterrizar en la Luna.

La vida de Pete Conrad se puede resumir en dos momentos, porque uno piensa que después de caminar en la Luna pues ya no hay más que hacer en la vida. -¿Qué fue más lo más emocionante en tu vida? –le pregunta un chavo que viene con él en el jet tratando de darle la vuelta al mundo -¿Tu primer vuelo solo o el caminar en la Luna? A lo que el astronauta contesta que ninguna de las dos… y luego de hacer una pausa revela: “mi primer aterrizaje en un portaaviones”.





En otro momento del vuelo le preguntan eso que uno se imagina de los 12 hombres que caminaron en la Luna… ¿No se pone mejor que eso, verdad Pete?... y sin chistar, Conrad respondió: “Sí, para mí se puso mejor… en Skylab”.

Con mil anécdotas que contar, siempre con una sonrisa en los labios, toda la vida contando chistes, echando relajo todo el tiempo, así es como todo el mundo recuerda a Conrad, que no dejó de cantar, hacer chistes ni cuando estaba trabajando en la Luna.

“Si no puedes ser el mejor, sé pintoresco”, era el lema de Conrad.
¡Es un librazo! Porque va, además, de aventura en aventura, cuando no estaba preparándose para viajar a la Luna, estaba viendo fotos del Playboy en ella, o probando el más nuevo avión de la Marina, trabajando para el tipo que inventó la televisión por cable (el mismo que patrocinó el viaje alrededor del mundo) o diseñando y viajando en la primera estación espacial o promocionando el entonces nuevo avión de la Boeing…

Y todo con un humor terrible.

Rocketman
El increíble viaje a la Luna y más allá del astronauta Pete Conrad
Por: Nancy Conrad y Howard A. Klausner
Prólogo de ‘Buzz’ Aldrin
ISBN-10: 045121837X
ISBN-13: 978-0451218377
Publicado por: NAL Trade



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