3 jun. 2009

Next, de Michael Crichton - por Jacobo Bautista

Jacobo Bautista




Estaba leyendo el libro Batman: Dead White cuando me invitaron a Cancún y entonces cargué con el libro para leer en el avión y en los tiempos muertos a la orilla de la alberca (porque el mar estaba picado).

Por algún motivo, el libro perdió su atractivo en el regreso del Caribe y en el aeropuerto de Cancún me metí a una de estas librerías donde tienen los best-sellers gringos, con la esperanza quizá de encontrar algo terriblemente entretenido (no olvidando que la primer novela de un personaje de historieta mi papá lo encontró en un aeropuerto)... pero no, las típicas novelillas que me aburren... además, claro, de que yo no leo novelas (mito que se está cayendo a pedazos).

Me llamó la atención primero la portada blanca del libro con un changuito y un código de barras, el título es simple: Next, perfecto para llamar la atención y luego vi que el autor es Michael Crichton... que es un médico (al menos eso estudió en Harvard) metido a novelista y le ha ido bastante bien, creó la serie de televisión ER y se consagró con su libro Jurassic Park... bueno, no, se consagró cuando Steven Spielberg hizo una muy entretenida película basada en su libro.

A mí me encantó la película de Jurassic Park y, decepcionado con la secuela, The Lost World. Quizá de ese mismo desencanto fue que mi papá compró la novela, en inglés, aduciendo que se ahorraba alrededor de 100 pesos si compraba la edición en inglés a la traducida al español... fue uno de los primeros libros que leí en inglés y habré que decir que me encantó (y debería añadir que lo comencé a leer para así prepararme para el examen de dominio del idioma, requisito indispensable para titularme en Ciencias de la Comunicación).

The Lost World es una muestra de cómo una gran gran novela se puede echar a perder en la pantalla, sobretodo porque la novela tiene un gran trasfondo teórico.

De Michael Crichton vi las adaptaciones a cine de sus novelas Congo y Disclosure, así como Twister, donde él escribió la adaptación a la pantalla de su trabajo editorial... y se me hicieron trabajos menores. Al menos menores a Jurassic Park y Lost World, que –pensaba yo- quizás habían sido lo mejor en su carrera y que ya no produciría nada más de calidad.

Tomé el libro y vi que el tema es, nuevamente, la genética. Así que lo compré... y desde las primeras páginas me encantó, porque empieza con reportes noticiosos como el que las rubias –según unos estudios- se van a extinguir en 200 años... luego siguen reportes del avistamiento por un grupo de turistas de un orangután en Java, que según dicen los testigos, puede hablar.

La novela está estructurada de forma muy interesante, durante más de la mitad del libro los muy cortos capítulos saltan de una historia a otra, sin que ninguna esté relacionada con la otra salvo en la temática de la genética; cuenta la historia, por ejemplo, del dueño de una compañía llamada BioGen, sus líos empresariales, familiares y sus manías, de tal modo que... ¿cómo les explico? Cuando Crichton presenta a sus personas y cuenta la trama, a mí solamente me daba por pensar “me gustaría escribir como este tipo”.

Pero, les digo, además de ser un lujo de redacción, está estructurada de lo lindo.

Cuenta también la historia de un investigador que trabaja para BioGen, de otros inversionistas, del político encargado de la autoridad máxima en genética en Estados Unidos... y del grupo de turistas que, viajando por la selva ven a un orangután que hace ruidos raros... o al menos eso pensaba, hasta que uno de ellos comenta ‘eso es holandés’... porque el orangután les está diciendo que se vayan en holandés.

Todas las historias se desarrollan alrededor del tema de la investigación genética (salpicada de las notas estas que vemos mucho en la prensa “científicos descubrieron al gen responsable del mal humor”... “investigadores belgas lograron aislar al gen que produce gente floja”).

La trama (que contiene una gran cantidad de subtramas) está basada en hechos de la vida real. Sucede que en Estados Unidos las universidades han obtenido derechos curiosos sobre sus investigaciones... por ejemplo, pueden obtener tejidos humanos (células de partes del cuerpo, sangre o saliva) para realizar investigaciones y si resulta algo que puede comercializarse, obtienen patentes que pueden vender (aunque las investigaciones hayan sido realizadas con fondos públicos, los resultados pueden ser comprados por un particular y el dinero se queda en la universidad o peor aún, con alguno de los investigadores).

Lo anterior se traduce en que los investigadores cada día están menos interesados en la ciencia per se, en el crear y difundir conocimiento que es lo que debe hacer una universidad sino están más interesados en obtener ganancias por su trabajo y luego peor, porque se enrolan en compañías privadas y ya se portan más como ejecutivos y menos como científicos.

Para colmo, si descubren algún gene en alguno de sus pacientes ¡pueden patentarlo! O sea, el dueño del gen no es el ser humano que los produce sino una compañía, universidad o empresa privada... esto degenera en que uno puede andar ahí portando genes que no son propiedad de uno... y no sólo eso sino que su dueño ‘legítimo’ puede venir y reclamarlo... y no sólo reclamarlo sino sacarlo de nuestro cuerpo.

Esto, por no mencionar la cantidad de cosas legales, ilegales, pseudolegales e indefinidas por la ley en que se meten lo mismo universidades, hospitales y empresas de biotecnología. La verdad es que Dios nos libre y ojalá todo esto sea ficción, aunque tal parece que no lo es del todo.

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