3 jun. 2009

Working the Wheel, de Martin Brundle y Maurice Hamilton

Jacobo Bautista




El otro día vi en la tele un anuncio que preguntaba al público cuál había sido el libro que más había influido en su vida. Me quedé pensando ¿habrá sido la primera novela que leí? ¿alguno que me haya hecho ver al mundo de forma distinta?

No, ninguno de los dos anteriores. El primero lo leí a fuerza, en el colegio y ninguno me ha hecho ver la vida diferente, en pequeños detalles sí, muchos han influido en la forma en que escribo, en que estructuro, pero nada más.

Al final decidí que el libro que más influencia ha tenido en mi es Life in the fast lane, escrito por un mecánico de Fórmula Uno sobre sus andanzas y las de su equipo, Bennetton, durante el año de 1994.

No es un libro cuyo texto me haya cambiado la vida, fue el acceso al mismo libro lo que cambió mi forma de relacionarme con el mundo, ya que una de las mejores relaciones que uno tiene con el mundo es la lectura y este libraco me enseño que había una aproximación literaria a la Fórmula Uno, al automovilismo deportivo que tanto me apasiona. Verán, en México si uno se mete a una de las pocas librerías que tenemos, no encuentra nada respecto al tema.

Siguiendo la trama de Life in the fast lane, mis amigos de Amazon me mantienen informado (no porque sean muy buena onda sino porque les resulta buen negocio) sobre las novedades editoriales que hay sobre automovilismo deportivo. A veces recomiendan muchas porquerías, como biografías de pilotos de Nascar o tonterías por el estilo, incluso sobre diseño de autos, que realmente no me interesan.

Una de las cosas que más se publica al año son biografías. He leído y recomendado algunas aquí, pero no me entusiasma mucho, verán... seguramente a final de año saldrá una biografía de Lewis Hamilton ¡que apenas tendrá 23 años! Por eso hay que tener cuidado con estas cosas... los anuarios tampoco me entusiasman la gran cosa.

El libro de Martin Brundle es innovador y al tenerlo en las manos uno se pregunta por qué demonios no se les ocurrió hacer eso antes. Yo creí primero que el libro era una biografía y se me hizo extraño, ya que Martin Brundle, a pesar de haber estado más de una década en la Fórmula Uno, nunca pudo ganar una carrera, es más, nunca estuvo en un equipo realmente competitivo... bueno, sí... pero cuando estuvo en uno de los grandes equipos estos estaban en crisis.

Brundle no tiene pues, grandes páginas de gloria y si las tiene, fue en el circuito de los autos prototipos, corriendo y ganando las 24 Horas de Le Mans. Hoy es uno de tantos pilotos retirados que ha encontrado sitio en los medios de comunicación, narrando las carreras en Inglaterra junto al emblemático Murray Walker (un viejito simpaticón que narra la Fórmula Uno desde antes que fuera Fórmula Uno).

Con toda su experiencia a cuestas, Brundle tomó la pluma –o su compu, yo qué sé– y se puso a hacer un libro donde narraría cómo es manejar cada una de las pistas que él considera sus favoritas (tristemente nuestro Autódromo Hermanos Rodríguez no está en su lista) y cuenta no solamente cómo se manejan, a qué velocidad, en qué estilo se debe tomar tal o cual curva y retaca de anécdotas una vuelta a los circuitos de los que habla, algunas de las anécdotas son de otros pilotos, otras cosas de lo que le ha pasado a él como comentarista, pero las mejores son las del piloto.

Hay dos anécdotas impresionantes, la de un trompo que tuvo en el Gran Premio de Australia de 1989, en medio de la lluvia se trompeó... pero no le pegó a nada, así que siguió su camino, apenas aceleró un pensamiento lo asaltó: ¿había trompeado su coche dos veces, tres o tres veces y media? ¿iba en la dirección correcta? No podía ver casi nada por la lluvia, pero recordaba que dos autos venían detrás de él, si así era y venía en sentido contrario, el accidente sería terrible, si se frenaba para averiguarlo las consecuencias de los otros dos autos encontrándoselo de repente no serían mejores... así que no le quedó otra que seguir acelerando.

La otra anécdota es la de su accidente en 1996, también en Australia (la anterior fue en el circuito de Adelaide, esta de 96 en Melbourne), cuando en la segunda curva del circuito todos frente a él frenaron antes de tiempo, él se encontró con otro auto y salió volando ‘no dejes que me vaya a los árboles’ le pedía al creador mientras su Jordan cruzaba los aires hacia la trampa de arena.

Además está la parte del ser humano que va a su trabajo y cuenta a qué circuito es difícil llegar y su impresión de la gente de cada lugar, que no es poca cosa porque la F1 va de Brasil a Japón, de ahí Australia, pasó por Sudáfrica y cubre buena parte de Europa, su visión, por ejemplo, de Hungría en 1986 –cuando la nación era parte del todavía existente bloque soviético– es bastante ilustrativa.

Les confieso que pedí el libro sin esperar gran cosa de él, Brundle se repite mucho en ocasiones, la redacción siento que está fallona aquí y allá, pero lo que cuenta está tan entretenido que uno apenas se percata del asunto. Apenas me llegó y lo leí (en tres sentadas) el libro se agotó y ahora ya está disponible en pasta rústica (diez dólares más barato de los 26 dólares que me costó).


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