8 jul. 2009

La boda de Rachel / Rachel getting married (02), de Jonathan Demme - David Guzmán

David Guzmán


Siempre es emocionante ver a una actriz cambiar el registro –actoral- con el que ha desarrollado la mayor parte de sus películas. Ayer fue el caso de Anne Hathaway en el más reciente film de Jonathan Demme y debo decir que me emocionó mucho su trabajo. Pensé que Demme lo había logrado nuevamente ya que este cuate tiene una mano muy especial para sacarles lo mejor a los actores con los que trabaja.


Y Rachel Getting Married no es la excepción. Filmada muy al estilo Dogma 95 (y le decía en tono de broma a un amigo que con tintes blairwitchescos), la cámara se adentra en ese mundillo de los preparativos de la boda de Rachel (Rosemarie Dewitt), mientras vemos los festejos, reuniones, música y conversaciones de familiares y amigos, alrededor de la pareja matrimoniable con rituales emotivos de recuerdos y palabras gratas.


Y en ese mundillo ideal irrumpe Kym (Anne Hathaway), que llega de su reclusión en una clínica de rehabilitación por su adicción a las drogas para asistir especialmente al evento de su hermana. Kym es la hija/hermana incómoda, la que uno desea permanezca con bajo perfil mientras se pasea por la casa, pues ante cualquier palabra que externe uno sabe que puede haber consecuencias. Kym es como una bomba de tiempo, la mina oculta en la superficie y ello dota de una tensión exquisita al film y lo que hace brillar especialmente a Anne Hathaway.

Es pues un drama correctamente construido. En lo personal me encanta la dicotomía que supone la tragedia de esa familia -en la que Kym participó activamente algunos años atrás- vs todo el convencionalismo que suponen los preparativos y festejo de una boda en donde la felicidad parece ser el común denominador.

Vemos pues a Kym dando muestras de su carácter rebelde: el acostón inesperado con un invitado a la fiesta, su berrinche por ser la dama de honor en la boda y los enfrentamientos -sublimes, por cierto- con la Rachel del título y posteriormente con su madre (la presencia con tablas de Debra Winger). Kym sin embargo logra redimirse y el perdón viene implícito; este momento lo vemos delicadamente realizado cuando en el cuarto de baño, Rachel lava a su hermana las heridas mientras observa en su piel el nombre que Kym lleva literalmente a cuestas y que no le permite ser feliz.



No hay mucho en contra de la película de Demme. Tal vez un tanto de metraje menos hubiese redondeado al film con acabado perfecto; no sé…menos fiesta tal vez, pues tanto jolgorio amenaza tenuemente con diluir la profundidad del drama detonante de todo.

Por lo demás, se nota el buen gusto musical (no hay película de Demme que no de muestras de ello), el gran trabajo con sus actores y esa cámara nerviosa que capta eficazmente miradas nostálgicas, escurridizas ó insistentes de todos los que participan en la trama; todo con un tono de realismo y cotidianidad al que uno no puede abstraerse y que amenaza en varias ocasiones nuestra tranquilidad de simple espectador.

Siempre he pensado que el trabajo de Demme es muy interesante, pero especialmente lo que logra con sus actores que por lo general terminan siendo ‘Oscareables’. Nada más hay que recordar lo logrado con Jodie Foster, Tom Hanks y Anthony Hopkins que guardan sendos premios logrados por la dirección de la mano mágica de este estupendo realizador y en este caso, Anne Hathaway sinceramente, no debió ser la excepción.


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