17 ago. 2009

Arrástrame al infierno / Drag me to Hell, de Sam Raimi

Hacia el abismo infernal

Miguel Cane


Sam Raimi inició su hoy exitosa carrera dirigiendo peliculitas de terror de bajo presupuesto (El Despertar del Diablo – 1981- y su secuela, El Despertar del Diablo 2 – 1986-) que le generaron un leal seguimiento de culto y nunca le ha hecho ascos al género del que surgió; de hecho, su nuevo filme es una especie de ‘carta de amor’ al cine de horror sobrenatural, conjugando todos los elementos de los que pudo echar mano para hacer una cinta que, hoy en día, en una época complaciente y políticamente correcta, se antoja muy retro y se agradece que rompa los esquemas, con el propósito de contar una historia tan inverosímil como inquietante y cautivadora.



De hecho, no sería hipérbole atreverse a afirmar que estemos probablemente ante una de sus filmes más redondos e íntegros desde El ejército de las tinieblas, lo que ya es bastante decir: la historia gira en torno a la dulce y sensible Christine Brown (Alison Lohman, en una interpretación no muy lejana a la de Mia Farrow en aquél icónico film de Polanski de temática afín), una empleada bancaria a la que su ‘falta de agallas’ hará cometer un error garrafal que la hará sentir el verdadero horror en carne propia cuando se descubre objeto de una maldición gitana, oscilando así, tanto ella como el espectador entre escenas del horror más inquietante y del humor más ácido y socarrón; un terreno de desquiciada agonía que maneja Raimi con maestría.




De hecho, el dominio de este director deja muy claro que él vale mucho más que algunos que entregan un producto típico y complaciente de Hollywood: donde otros verían en esta historia una atmósfera agobiante y oscura, Raimi entrega una película sorprendentemente luminosa y hasta simpática; mientras otros abusan de la sangre por su incapacidad para manejar la aversión del espectador, aquí él nos recuerda que hay muchas otras maneras de perturbar, agitar y estremecer a los que estamos en butaca sin caer en los excesos del cinebasura favorito de los filmópatas que gozan con la tortura y la violencia gratuitas… y en esta, nada es gratuito.










Lo que es más, se podría decir que Arrástrame al infierno es una película clásica del género en el sentido más estricto de la palabra: parece una trama de esas que Val Lewton (el legendario productor) solía concebir en los años 40: algo siniestro y brutal espera a la vuelta de la esquina, esto es, la idea de la muerte, lo que viene después y la forma de enfrentarse a ella.

El subtexto, por otra parte, es actual y malicioso: Christine trabaja en un banco, y sufre remordimientos por no conceder otra prórroga de la hipoteca a una anciana gitana (Lorna Raver, increíble en su interpretación) y encima de todo, la humilla involuntariamente, por lo que la anciana decide entonces convertir su vida en algo horripilante.

Lo mejor sin duda es que esta película crece y crece en la memoria del espectador después de haberla saboreado: regresan inescapables algunos de sus mejores momentos, como la escena de una impactante sesión de espiritismo (donde deslumbra Adriana Barraza como una médium anticonvencional), amén de un clímax angustiante y valiente, si consideramos los tiempos que corren hoy en día para el género, que aquí ve aparecer una de sus muy endebles esperanzas para recuperar algo del respeto perdido, porque sin duda, esta lo vale.





Arrástrame al infierno/Drag me to Hell
Con Alison Lohman, Lorna Raver, Justin Long y Adriana Barraza
Dirige: Sam Raimi
Estados Unidos 2009


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