3 ago. 2009

Confesiones de una dama malportada, de Violeta Verdú - Miguel Cane

Miguel Cane

Tal vez ustedes recordarán a mi amiga Magdalena, protagonista de una anécdota que conté hace algunos años. Pues bien, ahora mi amiga Magdalena me escribe para contarme, llena de alborozo, que su amiga Violeta Verdú (que no se llama realmente Violeta, ni se apellida Verdú, pero eso se los explico más adelante) se estrena como autora publicada por el prestigiado sello Vergara, con un libro que promete ser de los más leídos este verano (y algunos otros): Confesiones de una dama malportada.




Contrario a lo que se pueda pensar, el libro no es un manual de autoayuda y superación personal (siempre he pensado que si tuviera un mínimo de sentido común, escribría uno y me forraría de billetes) sino que se trata de lo que en el mundo de las publicaciones estadounidenses, se llama un memoir: un relato sobre cómo, después que su matrimonio se fue al carajo, ella se las ingenió para sacar la cabeza a flote y ser una mujer completamente fiel a sí misma.

Por lo que sé, el libro originalmente, iba a ser una compilación de columnas de Violeta (que se publican en el mismo diario donde yo publico la mía, ¡qué coincidencia!), pero luego resultó ser que se trataba de un manuscrito original, en el que, sin tapujos y sin pudor alguno, Violeta cuenta con detalle cómo volvió a la 'circulación', los hombres que conoció, las relaciones que tuvo, no sólo con ellos, sino también con sus amigos (más específicamente con sus amigas, algunas de las cuales tuvieron dificultades para ajustar su transición del valle de las señoras casadas al de las solteras-y-disponibles) y con su familia.

El libro es muy ágil, es sumamente inteligente, es divertido y sobre todo, con sustancia: se trata de algo mucho más trascendente que lo habitual: no se doblega a las necesidades de una cultura pop obsesionada con la basura: busca la manera de hacer un honesto ajuste de cuentas entre ambas partes -- la sociedad y su sexualidad. Lo hace con frescura, con inteligencia y hasta con ternura. Definitivamente vale mucho más la pena adentrarse en estas aventuras y desventuras, que en manualillos hipócritas y gazmoños. Violeta no tiene pelos en la lengua y eso, en esta era de rancia corrección política y otros mamoneos en nombre de la 'buena conciencia' se agradece.

Felicito a Violeta (que en un tiempo se firmó Violetta, siendo -- como era- fan de la mediocre novelita 'Demonio Guardián' de Xavier Velazco, hasta que éste en un arrebato pendejo le exigió que se cambiara de nombre o la acusaría de plagio [¡Háganme el favor! Xavier, te tenía en otro concepto pero ahora veo con desencanto que eres sólo un mamonazo. ¡Debería darte vergüenza, animal!]) por su debut en la esfera de los libros. Será un camino sinuoso, pero con su encanto en la pluma y los tacones adecuados, el andar le será ligero.

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