8 feb. 2010

Kathryn Bigelow, una mujer de cine

Es la primera mujer que gana el Oscar como Mejor Directora -¡en 82 entregas del premio-! y ha hecho una carrera sólida en un mundo aparentemente dominado por hombres, aún si para ella, el cine no tiene sexo.

Miguel Cane





La carrera cinematográfica de Kathryn Bigelow (nacida en California en 1951) comenzó de un modo más bien modesto, al principio como pintora y después con largometrajes de éxito moderado como Al filo de la oscuridad (1987), Acero azul (1990) y Punto de quiebra (1991), pero ha sido su perseverancia lo que la ha llevado a ser una de las mujeres más respetadas en un mundo habitualmente visto como un “club de muchachos”; esto se ha visto compensado con una nominación al Oscar y una profunda satisfacción al ver lo lejos que ha llegado su filme Zona de miedo (The Hurt Locker), una película que le tomó varios años poder realizar y que ha dejado perpleja a la crítica internacional por su franqueza y su brutalidad para describir un encarnizado conflicto bélico en pleno siglo XXI.



Bigelow, como su película, es sencilla, directa, sin pretensiones ni aires de grandeza. A ella no le interesa ser “reina” de nada, ni ver su nombre en marquesinas. Lo que realmente le apasiona, dice, es su trabajo. Es lo que la electriza, lo que le da impulso y le gusta hablar de él, compartir su amor por un proyecto como éste.

¿Dirías que esta es una película antibélica, pese a su brutal realismo?
Creo que muestra el horror de la guerra y su futilidad tal y como son y eso es lo que planteaba desde un principio. Lo que pasa con la percepción general es que a menudo se nos condiciona a creer que el cine antibélico solo puede ser aquel que incluya un personaje que grita proclamas como “¡Oh, cómo odio esta guerra!”. Yo, en cambio, odio esas proclamas y también esas películas, porque me parecen hipócritas y sin sustancia. La guerra es así: puedes mostrarla sin cantar tu agenda, hacer melodrama barato.

¿Por qué centrarse en el cuerpo de artilleros?
Las bombas son un elemento central de esta guerra, la táctica clave de la insurgencia. El éxito o el fracaso de Estados Unidos en el conflicto dependen de la habilidad de los artificieros. Son personas no solo extraordinariamente valientes y heroicas, también muy inteligentes. Deben tomar decisiones de las que depende la vida de mucha gente en cuestión de segundos, y no hay margen para el error. Y suelen pagar un precio muy alto por esa valentía. Creo que existe un tipo de perfil psicológico proclive a una ocupación como ésta.



¿Es por eso, tal vez, que inicia la película con la cita 'La guerra es como una droga'?
A diferencia de los combatientes que lucharon en Vietnam, los soldados que han ido a Irak son todos voluntarios: ¿Por qué escogieron estar ahí? Para muchos, cierto, es tan solo un empleo, otros serán patriotas, pero, en mi país, las campañas de promoción de alistamiento enfatizan el componente divertido del ejército. “¡Wow! ¡Mira eso, maestro! ¡Vamos a conseguir chicas!” Hay un enfoque psicológico muy interesante de estas campañas según el cual la guerra es excitante, por lo que mucha gente desarrolla una necesidad de conflicto, una adicción o atracción al combate, a la guerra. Es como una droga, ni más, ni menos.

¿Y qué placer obtendrían de ella?
La guerra responde a un deseo genéticamente codificado de reafirmar nuestra humanidad. No hay una mejor forma de llevar a cabo esa evaluación. Todas las neuronas que controlan nuestro instinto de supervivencia se activan a la hora de pasar por una experiencia como ésa.

Ahora bien, si el cine es negocio, ¿Por qué dirías que las películas sobre la guerra de Irak no han funcionado en taquilla?
Esas películas no han mostrado cómo funciona realmente esta guerra. Muchas se rodaron en Marruecos, usando actores norafricanos para interpretar a habitantes de Oriente Medio. Yo busqué el realismo a toda costa. Rodé en Jordania, y casi todos los personajes árabes fueron encarnados por iraquíes, muchos de ellos refugiados. Algunas de nuestras localizaciones estaban a solo 5 kilómetros de la frontera iraquí. Un cineasta debe ser riguroso o si no resulta insultante para todos los involucrados, ¿ves?

Por la película se asoman rostros de renombre como Guy Pearce o Ralph Fiennes, que ya había trabajado contigo en Días Extraños pero los actores principales son poco conocidos, ¿por qué?
Porque si Tom Cruise, por ejemplo, interpreta a un soldado, el público sabe perfectamente que no va a morir, porque es Tom Cruise. Lo que yo quería dejar claro es que, a lo largo del relato todo es posible, todo es una amenaza, no hay certezas. Eso ayuda al espectador a entender lo que significa estar en el medio del conflicto actualmente. Eso es importante, porque en mi país apenas se ofrece información sobre la guerra, especialmente acerca de los soldados americanos muertos. Que esos soldados fueran voluntarios hace que la falta de información sea aun más perversa. El elenco que elegimos me sirvió para potenciar el estado de "realidad" que quería que sintiera el espectador al no reconocer en los rostros a los protagonistas. Quería que el público sufriera la tensión acompañándolos en Irak. Ralph Fiennes y Guy Pearce aceptaron tomar pequeños papeles, pero sí, son cameos. Y sabía que Jeremy (Renner) iba a a hacer suyo al personaje y expresar lo que le pasara por dentro.


¿No consideras curioso el que la masculinidad sea un tema que abunda en tus filmes?
Sí, ¿verdad? (se ríe) Salvo Blue Steel y The Weight of Water, todas son historias con mucha testosterona, pero te diré que no es una cuestión de género, creo que la camaradería en sí misma es muy buena. Los hombres tienen esa adrenalina que muchas mujeres. Es solo que me han interesado más historias de hombres, aunque tengo en manos un proyecto más “femenino”, por así decirlo, pero aún hay que madurarlo.

¿Qué te resultó lo más difícil, cuál fue el mayor escollo a la hora de filmar?
Sin lugar a dudas, el calor. Fue insoportable. Rodamos en el verano, y las temperaturas no bajaban de los 40, 45° centígrados. El traje antibomba de Jeremy pesaba entre 35 y 50 kilos. Tú imagínate eso.

A muchos les debe extrañar enterarse de que "Zona de Miedo" fue dirigida por una mujer. ¿Cuánto te molesta ese prejuicio?
Pues mira, cada vez somos más las mujeres que dirigimos, y no sólo dramas o películas de romance o las mal llamadas “chick flicks”... ¡cómo detesto ese termino! Cada que lo oigo, me dan ganas de zarandear a alguien... ojalá hubiera más directoras. Ahí está Sofía (Coppola), que pese a ser hija de quien es, no lo tuvo fácil y Sally Potter, y Antonia Bird, no somos muchas, pero somos muy buenas en esto, aunque no lo crean. (Sonríe) Lo que pasa es que cuando te señalan con el dedo para marcar que tus películas están bien hechas, y que parecen realizadas por un hombre, quienes quedan en ridículo son los que lo afirman. Para mí, el cine no es cuestión de géneros. Es una cuestión de amar lo que haces. Más que a cualquier otra cosa en el mundo.


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