22 may. 2010

El secreto de Ricardo Darín

Es, probablemente, el actor argentino más famoso a nivel internacional. Sin embargo, el protagonista de El Secreto de sus Ojos (ganadora de un Oscar), no cae en el juego de la fama y prefiere el trabajo donde esté.

Miguel Cane






Alto y jovial, el ojiazul Ricardo Darín (1957) ya era una figura muy reconocida en Argentina, cuando en 2001 filmó a las órdenes de Juan José Campanella El Hijo de la Novia, filme en que compartió créditos con Héctor Alterio y Norma Aleandro, Sin imaginárselo, esa pelicula literalmente le cambió la vida y ahora tiene una carrera aclamada internacionalmente con otros filmes como Nueve Reinas, Kamchatka, El Aura y ahora, El Secreto de sus Ojos, un filme conmovedor e impactante que causó sensación en su estreno en el Festival de San Sebastián, y posteriormente obtuvo el Oscar a la Mejor Película en Idioma Extranjero, desbancando a la favorita de todos: La Cinta Blanca, de Michael Haneke.






La cinta, dirigida por Campanella, y basada en una novela de Eduardo Sacheri, cuenta la historia de Benjamín Esposito, investigador judicial retirado, que está obsesionado con un brutal caso de violación y asesinato cometido en 1974 que por circunstancias de corrupción política quedó sin resolver y que, veinticinco años más tarde, decide cerrar de una vez por todas. Darín interpreta a Esposito con un aire de gentileza y ternura, pero sin dejar de lado una implacable tenacidad. Estas características de su personaje, señala, le parecieron irresistibles en papel, y lo llevaron a lo que califica de “la actuación más difícil y satisfactoria de mi carrera,”

¿Cómo interpretas el éxito internacional que ha tenido la película?
“Me parece que existen varias explicaciones posibles. La fusión entre una historia de amor despojada de prejuicios y un thriller de misterios sin resolver es muy atractiva. Sin embargo, me parece que la verdadera atracción es el contexto socio-político en que la historia de desarrolla. Ese viaje al pasado en la narración es un momento particularmente traumático para la historia argentina, los años setenta. Siempre que se viaja al pasado, sobre todo en las últimas realizaciones, se habla mucho de la dictadura, pero muy pocas veces se profundiza en los momentos previos, o sea, en lo que posibilitó la violencia del Estado. Y eso es lo que se explora más a fondo aquí.”







¿Cuál fue la reacción en tu país ante la cinta?
“La gente está orgullosa porque este tipo cine también se puede hacer acá, no está limitado sólo a un mundo anglosajón. Esto es muy interesante porque a los latinoamericanos nos cuesta mucho creer en nosotros mismos en ese aspecto, y esa es una injusticia tremenda, porque acá hay muchísimo talento. No sólo hay muy buenas historias, también existen buenos actores, directores, técnicos de primera, buenos escenógrafos, grandísimos iluminadores. Lamentablemente no lo creemos y nuestra mirada siempre está puesta afuera, en lo que se hace en Estados Unidos, en Europa. Pensamos “no podemos hacerlo”, pero creo que es una idea que se va venciendo poco a poco.”

Alguna vez hablaste de la posibilidad de un cine latinoamericano que pudiera se un referente para el mundo, ¿te queda más claro ahora?
Me parece que tal vez una fusión entre un estilo que abre puertas en el mundo, como el de Campanella o el de Marcelo Piñeyro, y una esencia narrativa autóctona, podría dar buenos resultados. Eso no quiere decir que todo el mundo tendría que hacer lo mismo. En cine, cada director tiene su propia mirada, cuenta su propia historia con su propio lenguaje, pero me parece que eso sería una buena forma de darse a conocer en el mundo. El cine viaja lejos y permite ver la historia de un pequeño pueblo de Polonia y descubrir que somos menos diferentes de lo que creemos. A los seres humanos nos pasan más o menos las mismas cosas. En todas partes del mundo hay una acumulación de riqueza en un sector que es mínimo y un sector mayoritario que sostiene con su trabajo y con su esfuerzo y espera que algún día las cosas sean mejores.





¿Hay algún ejemplo de eso, en tu experiencia?
Por ejemplo, mira, recuerdo que una vez estando en Brasil, la gente me hablaba mucho de Luna de Avellaneda. Yo no estaba al tanto de que hubiese sido un éxito, pero noté que había cierta movilización con la película. Luego entendí que la composición social de Brasil es la misma que acá: los clubes de barrio tenían tanta importancia como acá. Esos lugares eran en donde los chicos, en vez de estar en la calle, como están hoy, estaban haciendo deportes, se acercaban a la lectura, a la cultura, hacían amigos, conocían a su novia que seguramente sería su mujer. Los niños que hoy están en la calle sin ningún tipo de contención, estaban en esos clubes de barrio, era el lugar de protección, de contención y en Brasil había ocurrido lo mismo, por eso la historia había pegado tan fuerte allá, todo el mundo me hablaba emocionado de la historia.

¿Qué balance haces de tu experiencia con El Secreto de sus Ojos?
Bueno, son muchas cosas. El balance, como dices, es muy bueno. A mí me gustaría tomarme las cosas con un poco más de calma, pero parece que no se puede. Es lógico entender que el sólo hecho de estar en un festival con una película supone demanda periodística por un lado, compromisos con las producciones por otro, etc. Ahora, si te tocan dos películas. Lo único peor que te puede pasar es tener tres (risas), y a mí me ha pasado.

¿Cómo te sientes al haber protagonizado una película así?
Estoy loco de alegría. Pero es algo que se debe a tantas cosas. Normalmente, la tendencia es a fijarse en los actores que somos la cara visible de las películas. Y para que nosotros podamos ser la cara visible hay un equipo de cien personas que han trabajado mañana, tarde y noche para hacernos las cosas más fáciles. Yo tengo mucha confianza en que va a funcionar bien, la forma de pararse delante de una historia bien contada -y creo que está lo es- es la misma en todas partes. También es verdad, que la cosa cambiará en los lugares donde la película necesite traducción. Ahí no me meto. Es un terreno muy frágil y algunas terminologías son muy precisas para entender al personaje. Pero bueno, son riesgos que hay que correr, no queda otro camino.

¿Volverás a trabajar con Campanella en un futuro?
Yo acompaño a Juan en su proceso de hacer cine desde hace diez años. Tuve el honor de que me convocara en la primera que hizo en Argentina, a partir de ahí iniciamos nuestro camino juntos. Yo volveré a trabajar con él bajo cualquier condición. Es un cineasta estupendo.

La memoria tiene una presencia fundamental en la película y especialmente en tu personaje. ¿Qué sensación te ha quedado después de interpretar a Esposito?
Creo que él inicia ese viaje por su obsesión con un caso, pero sin saber que se está metiendo en algo que va acabar actuando como un espejo consigo mismo. Esa obsesión lo obliga a viajar al pasado y a analizar cada uno de los detalles hasta tal punto que hace una elaboración de lo que debería haber ocurrido en el pasado y arriesga distintas variables, porque nadie tiene la certeza de lo que ocurrió y de hecho la película ofrece varias opciones. Este viaje también obliga a desconfiar de los recuerdos, a tratar de ser cada vez más específicos y valientes a la hora de reconocer los detalles y cosas que pasaron.

Entonces, lo que la trama encierra es que no hay que olvidar.
No, nunca más. Sin memoria, no hay redención y todo habría sido en vano. Hay que aprender de nuestros errores y nuestros horrores para poder mirar a un futuro distinto, sin caer en lo mismo.



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