18 jun. 2011

Nicole Kidman en la espesura del dolor

Estrella arriesgada, mujer realizada. La actriz australiana regresa a las pantallas en El Otro lado del Corazón, una cinta desgarradora y memorable.

Miguel Cane




No es ajena a la crítica y el escrutinio – especialmente acerca aspectos de su vida personal y algunas de sus decisiones estéticas, lo cual resulta irrelevante a su carrera, -- sin embargo, concede, es parte del ser una figura pública y esta acostumbrada, ya que desde hace dos décadas, su nombre y su rostro aparecen consistentemente en los medios.




Aunque más allá de la notoriedad, en estos veinte años, Nicole Kidman (Honolulu, 1967) ha demostrado ser una de las actrices más osadas de su generación, que pasó de ser la esposa-accesorio de un ídolo de las masas a convertirse en figura por mérito propio; el camino no fue fácil, pero ha logrado reconocimiento con su participación en filmes poco convencionales como Las Horas, Eyes Wide Shut, Dogville, Todo por un sueño, Reencarnación o Fur, si bien esto ha resultado en que no tenga tanto éxito en el aspecto comercial de su carrera, cosa que no parece importarle; ha trabajado con grandes directores como Kubrick, Jane Campion y Lars Von Trier y eso parece haberle dado más satisfacción que el tener (o no) éxito en taquilla.




Por otra parte, parece haber conquistado su lucha por la intimidad y los últimos años los ha pasado tranquilamente, al lado de su segundo marido, el cantante country Keith Urban, y las hijas de ambos Sunday Rose y Faith Margaret (ésta última nacida en diciembre de 2010, gestada mediante una madre sustituta, si bien la niña es hija biológica de Kidman y Urban), en sus hogares en Nashville, Tennessee y Sydney, Australia.

Precisamente, afirma, el convertirse en madre – tiene también dos hijos adoptivos, Isabella y Conor, de su muy publicitado matrimonio anterior – lo que la sensibilizó a ciertos aspectos de la vida, que ahora aplica a su propia interpretación, como es en el caso del rol de Becca, una madre que pasa por la dolorosa y abrupta pérdida de un hijo en el filme independiente Rabbit Hole [estrenada en México con el título El otro lado del corazón], filme en el que comparte créditos con Dianne Wiest y Aaron Eckhart y es dirigida por John Cameron Mitchell (Hedwig & The Angry Inch, Shortbus), basado en una obra ganadora del premio Pulitzer




¿Sientes que este es uno de los personajes más difíciles que has encarnado?
¿Te parece? Yo no sé. En realidad no sabía hace dos años si iba a conseguir un papel realmente profundo o interesante de nuevo. De hecho pensé que lo mismo, ya no iba a llegar. Es algo que sólo me ha pasado muy pocas veces, con Las Horas y Reencarnación, o Dogville... papeles que te llevan a un sitio que sientes que es donde debes estar. Es frustrante para un actor saber que tienes mucho que dar y que no tienes la oportunidad, o simplemente que el papel no es lo complejo que debe ser. O porque no llega, porque el material no es el adecuado. Es muy difícil encontrar el personaje que realmente te haga sentir desafiado.




¿Cómo fue que encontraste este?
¡Buscando como loca! (risas). Hacerla no fue nada fácil, te hablo como productora: es una de esas películas que tratamos de financiar en medio del crash económico, por lo que decían que nadie quería ver una película como esa sobre una pareja que pierde a su hijo en un momento así. Teníamos un presupuesto inicial en ese momento y nos dimos cuenta de que era totalmente imposible sacarla adelante, pero acabamos por hacerlo con un cuarto de lo que nos hubiera gustado, lo que es bueno porque nos liberó de una gran cantidad de presiones. Los que pusieron el capital se quedaron satisfechos y nosotros también por poder hacer la película que queríamos. Tuvimos control creativo sobre la cinta.




¿Tú elegiste a John Cameron Mitchell como director?
Soy admiradora de su trabajo. Lo sugerí a los otros productores y siempre estuvo en la cabeza de mi lista. Creo que este es un trabajo de gran madurez para él. Es un director sensible, maravillosamente atento a los detalles. Muy especial. Trabajar con él fue un gusto.

¿Crees que una historia tan desagarradora afecta de alguna manera tu punto de vista de la vida, como madre?
Sin duda, el material me atrajo precisamente porque soy madre. Es extraño, pero como actores tenemos la tendencia a ir hacia lugares que son terroríficos para uno pero que te enriquecen, que merecen la pena. Creo que si la gente está viviendo una situación así, yo quiero pretender estar pasando por lo mismo, y si no lo puedo hacer de la forma más intensa posible, me frustro y siento que me estoy defraudando a mí misma. Pero claro que tuvo un efecto en mi vida. Especialmente porque cuando estábamos rodando, Sunday estaba recién nacida. Era muy pequeñita, muy vulnerable. No logré dormir demasiado bien durante el rodaje. De pronto, me sentía inquieta. Me desperté sollozando, con pánico, lo que es horrible y varias veces durante la noche. Me pasó como en tres ocasiones, que para mi es mucho en el plazo de seis semanas. Por suerte, Keith y la bebé estaban cerca de mí y eso siempre ayuda, especialmente con películas que son emocionalmente tan exigentes.




¿Dirías que el dolor, de alguna manera, es la manera de conseguir hacer un buen papel?
En este caso, sí, creo que sí. Entiendo muy bien a Becca. Conozco la mayor parte de las cosas por las que pasa, Yo, en otro momento de mi vida sentí esa rabia; ella tiene tanto dolor y está tan dolida con el mundo, con Dios, con todos. Es una gran mezcla de emociones, amor, deseo de dar y por eso ella y Howie (Aaron Eckhart) tienen una reacciones complicadas; para mí al menos es imprescindible estar concentrada y metida en el personaje. Por eso, cuando estoy en el set no puedo con las conversaciones intrascendentes. Puedo ser educada, pero no puedo sentarme a charlar y que el director me diga "acción", y ponerme a rodar como si nada. Así es como me formaron y no voy a cambiar. Eso ha resultado en que durante visitas al set no sea todo lo amena que algunos miembros de la prensa esperan, pero, ¿qué puedo hacer? Estamos trabajando. Cuando ya se termina el rodaje y llega la promoción, entonces sí puedo reflexionar sobre el rodaje y sentarme con alguien a charlar sobre ello, relajadamente. Pero mientras filmas, estás en carne viva. Todas tus emociones están a flor de piel.

Según John Cameron Mitchell, nunca había imaginado que fueras a sumergirte tanto en el personaje durante la filmación.
Cierto. Un rodaje así requiere que el director te proteja y te meta en una especie de burbuja. A raíz de eso, te vuelves muy íntima con todo el entorno. Quiero decir, que llegas a tener conversaciones que normalmente no tendrías con nadie que no fuera tu marido. Y de repente me veo charlando con un hombre, Aaron, que en realidad no conozco, y nos acabamos volviendo tan cercanos. Eso es muy importante, es una manera sagrada de trabajar. Ahora bien, John sabe que el humor da un respiro y acerca a la gente. Entonces buscaba maneras de romper el hielo, de hacernos reír un poco.

¿Sientes que la película le hablará al público de cosas que tal vez teme enfrentar?
Sí, pero todos hemos pasado por momentos muy malos, de gran pérdida y después de hacerla me pone más en contacto con otros seres humanos. Conozco el sentimiento de completo estrés y confusión y veo a la gente sufrir en el mundo a mi alrededor y me pregunto si habrá solución. La película solo plantea cómo poder seguir viviendo, aún con el dolor. Cuando tuvimos nuestra primera proyección en Toronto, la reacción del público fue tan cálida, que me sentí incluso con ganas de darle un abrazo a la gente del público que la vio con nosotros. Eso me dio esperanza, ver que sí, cuesta, pero sigues con tu vida.


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