4 jun. 2011

Un Camaleón llamado Cate Blanchett

No es diva, pero sí divina. En la nueva cinta de Joe Wright, Hanna, además, es una villana sin corazón... y le encanta.

Miguel Cane




Es un valor seguro y los directores lo saben. Es capaz de ponerse en la piel de la mismísima Reina de Inglaterra o de un ama de casa atormentada; de convertirse en Bob Dylan, o bien, en este caso, en una máquina de matar. Cate Blanchett (Sydney, 1969) tiene además de esta habilidad de mímesis, el don natural de desplegar elegancia, inteligencia y sentido del humor. Además es una mamá de tiempo completo (tiene tres hijos: Dashiell John, de nueve años, Roman Robert, de seis e Ignatius Martin, más conocido por “Iggy”, que acaba de cumplir tres) y asegura que jamás antepondría su trabajo a su familia.




Como artista, la Blanchett es una acróbata de las emociones, capaz de saltar con un estilo impecable de la tragedia a la comedia. Obtuvo un Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por El Aviador, cinta en la que encarnó una convincente versión de Katharine Hepburn, y ahora, interpreta un rol completamente distinto: es Marissa Weigler, agente de la CIA, una mujer amoral capaz de cualquier cosa con tal de cumplir una misión en Hanna, el más reciente filme de Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación).

Nunca habías realizado un thriller de este tipo. De hecho, no es el tipo de filme con el que se te asocia ¿por qué el cambio de giro?
Por trabajar con Joe Wright. Me parece un director fascinante, y teníamos ganas de colaborar juntos, pero no se había dado la ocasión. Cuando él se incorporó al proyecto, yo estaba en Sydney haciendo teatro y me contactó, me habló del personaje de Marissa y yo le pedí el guión. Me encantó leerlo; las implicaciones, las alusiones a los cuentos de hadas, la tensión presente desde el primer momento. Lo leí en una noche y dos días después, Joe estaba conmigo, hablando del proyecto y estábamos diseñando al personaje.




¿Qué te atrajo de Marissa Weigler?
Sus matices. Es una mujer desalmada, eso es lo que aparenta, ¿no es cierto? Una bomba de relojería que es capaz de hacer cualquier cosa, matar abuelitas, torturar niños, incluso a sí misma, para mantenerse enfocada y lograr su objetivo. Me pareció fascinante poder conocer los procesos de una mujer así. Sobre todo, porque no es unidimensional, tiene mucho más de lo que es evidente. Pensé que sería divertido hacer un personaje así.

Hablando de personajes tan intensos, ¿es difícil sacárselos de encima cuando se dejan de interpretar?
Oh, siempre hay una sombra que planea sobre ti. Pero cuantos más papeles haces, más fácil te resulta deshacerte de ellos. Aun así, es imposible no implicarse. En este caso, me preguntaba por qué Marissa era así y por qué se torturaba incluso a sí misma – esa obsesión con la higiene dental, ¿te fijaste? Eso venía en el guión. Me resultó bastante difícil comprender sus motivaciones, porque la relación que mantiene con su trabajo, con su misión – es decir, exterminar a Hanna – es literalmente enfermiza. El guión me ayudó mucho porque indaga en la soledad de ambos personajes y te hace entender la desesperación de Marissa, su necesidad de alcanzar un objetivo, cumplir una misión, aunque tenga que pagar un alto precio por ello. A menudo, el ser humano hace cosas destructivas cuando necesita dar un paso más allá. No es mi caso, claro (risas), pero hay gente que lo hace.




Este debió ser uno de tus rodajes más exigentes.
¡Vaya que lo fue! Fue maravilloso, pero rodamos muy rápido y fueron escenas muy agotadoras. Trabajábamos rápido y con menos presupuesto que con la de Indiana Jones, por ejemplo, o con Robin Hood. Esta es una película prácticamente independiente, así que teníamos que usar el ingenio y aprovechar nuestro tiempo al máximo. Algunos días acabábamos sin energía. Un thriller de acción te exige mucho, física y emocionalmente.

¿No te encantaría hacer una comedia o algo un poco más ligero?
¡Por supuesto! Pero no voy a aceptar algo que no tenga sentido. La buena comedia, la verdaderamente inteligente, es difícil de hacer, por eso no hay muchos papeles. Me lo pasé genial haciendo Life Aquatic, de Wes Anderson. Para mí es uno de los genios de este género. La cosa es que, yo no sé por qué, no me ofrecen comedias. ¡De veras! (se ríe) Cada año recibo un promedio de siete o diez ofertas, y ninguno de los guiones, últimamente, ha sido de comedia. ¡Creo que me quieren encasillar en el drama! (más risas) En serio. Señores productores, soy una actriz trabajadora y me gustan todos los géneros. Les garantizo que puedo hacer reír a su público. ¡Pero por favor, que sean comedias brillantes! ¡Tiene que haberlas por ahí!




Trabajas mucho y en muchas locaciones pero también eres esposa y madre de tiempo completo. ¿Cómo haces para conciliar la vida familiar y la laboral?
Al igual que cualquier madre trabajadora, yo no podría dedicarme a esto si no tuviera una pareja excepcional, como mi marido –el dramaturgo Andrew Upton– , que me apoya en todo. Él es escritor, por lo que tiene libertad de movimiento y puede venir conmigo a los rodajes y cuidar de los niños mientras yo trabajo. De todos modos, también es cierto que soy una persona afortunada, pues puedo elegir cuándo rodar una película y cuándo no. Hasta hace poco, los niños iban a los kindergartens Montessori, que están por todo el mundo. Pero desde 2007, Dash, el mayor estudia en Australia y eso cambiará un tanto las cosas, porque tuvimos que fijar nuestra residencia.

¿Consideras que eres mejor actriz desde que eres madre?
Creo que sí. Cuando interpreté a la periodista irlandesa Veronica Guerin acababa de tener a mi primer hijo y no estaba segura de si quería continuar ejerciendo mi profesión. Estaba tan absorta con esa pequeña criatura que mi trabajo no me parecía lo suficientemente importante. Pero encontré la fórmula para combinar ambas cosas: ahorrar tiempo en ensayos y en charlas con el director y los actores. Conseguí concentrarme en lo que estaba haciendo y obtuve mejores resultados desde entonces. Mis muchachos son lo máximo, son mi gran alegría y un bálsamo cuando te apartas de la constante presión de un rodaje.




¿Si deciden ser actores, los apoyarás?
¡Claro! ¿Quién soy yo para frustrar una vocación? Pero claro, tendría que ser una verdadera vocación, con un compromiso por actuar. No sólo una moda, o una fase. Lo veo en alguien como Saoirse Ronan [su compañera en Hanna, que interpreta el rol titular]; ¡qué impresionante que alguien de su edad tenga esa entrega, esa energía, ese rango, la disciplina! Es una actriz, sin duda. Y tiene el apoyo total de su familia. Lo mismo haría por mis hijos, desde luego. Por cualquier actor o actriz joven. Si tiene el deseo de destacar, los que tenemos el privilegio de un prestigio, tenemos la obligación de apoyar, de orientar, de nutrir. Son nuestras nuevas generaciones de actores. Creo que eso es algo maravilloso.


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