2 jul. 2011

Eduardo Noriega, al natural

Lanzado a la fama por Alejandro Amenábar en Tésis y Abre los Ojos, éste actor español ha alcanzado proyección internacional y llega a salas de México con El Mal Ajeno.

Miguel Cane




Es el menor de siete hermanos y el único de ellos que se dedica a la actuación, aunque originalmente lo que le interesaba era la música, por lo que estudió cinco años en un conservatorio. Algo tendría que ver su aspecto y estatura, que finalmente decidió irse a Madrid a estudiar y ahí conoció a Alejandro Amenábar y Mateo Gil, quienes prácticamente lo llevaron a tener una carrera con Tésis, en 1996. En esta, su decimoquinta película, Eduardo Noriega (Santander, 1973) retorna al cine fantástico. Ya lo hizo en cintas como El Espinazo del Diablo, dirigida por Guillermo del Toro o Abre los Ojos. Ahora protagoniza, junto a Belén Rueda y Angie Cepeda, El Mal Ajeno, un thriller con toques paranormales, producido por Alejandro Amenábar, que cuenta la historia de Diego, un médico que sobrevive tras recibir un disparo y esto lo deja inmune ante el sufrimiento ajeno, pero también transforma su existencia de una manera misteriosa e irreversible.




Todos los personajes de El Mal Ajeno tienen un peso específico en la historia, aun si todo gira alrededor de Diego. ¿Cómo es el protagonista?
Diego, al comienzo de la película, está aletargado. Es un médico que trabaja en la unidad del cuidados intensivos y, por lo tanto, está rodeado de dolor y muerte, raras veces le da el alta a nadie. Lo que hace durante toda la película es un recorrido hacia la sensibilización. Poco a poco se va quitando esas capas férreas que se había puesto a lo largo de los años y empieza a mirar a la enfermedad, a los pacientes y a sus seres queridos de otra forma. Hay una revolución interior desde la frialdad hasta ser capaz de anteponer la vida de los demás a la suya. El arco que recorre el personaje es extremo, hay un gran cambio a lo largo de la película. Y es algo que le ocurre en su interior, no es un cambio de apariencia.




¿Cómo definirías la relación entre tu personaje y el que interpreta Belén Rueda?
Isabel y Diego se reconocen: en el dolor, en la enfermedad, por diferentes motivos. Y no necesariamente conocen las circunstancias del otro. Isabel no tiene mucha información sobre lo que le está ocurriendo a Diego pero sí detecta ese dolor. Son almas frágiles que se juntan para ayudarse, para darse cariño... casi instintivamente. Hay una identificación, un acercamiento del uno hacia el otro, un reconocerse en el otro.

En medio de tanto dolor, sin embargo, hay algunos momentos de humor.
Sí. Si en una película como ésta no hay momentos de humor, no te la tragas. Sería insoportable. De hecho, la primera secuencia de la película ya es una declaración de intenciones tremenda. Hay personajes como mi hija, mi padre, o mi internista, que aportan esas gotitas de humor que te permiten que luego haya secuencias tan intensas a lo largo de la película. Te sacan una pequeña sonrisa y te distraes un momento. Daniel, el guionista, tiene un talento especial para hacer esto. Distiende el ambiente, y eso es bueno para el espectador.

Esta es una cinta coral. ¿Cuál fue la clave para tejer todas esas historias?
Nuestro director tuvo la ocurrencia de hacer un ensayo con los nueve o diez actores principales. Fue el sábado previo a rodar. Estábamos sentados a una mesa y nos íbamos levantando de dos en dos, o lo que tocara. Utilizó un despacho en el que sólo teníamos unas sillas de tijera, y sin embargo, vimos toda la película: el coche, el accidente, si llovía, si alguien moría podíamos ver el dolor por esa muerte... fue un viaje increíble, como yo nunca había vivido. Además, nos dio una idea global del tono de la película, le dio coherencia a toda la interpretación. Sirvió para que todos supiéramos qué película estábamos haciendo y estuviéramos en la misma onda, tirando de esa mochila, de esas herramientas preparadas previamente, para crear un código entre director y actores.




¿Cómo encontraste el trabajo como director debutante de Oskar Fernández?
Aunque Oskar no es experimentado en el rodaje de largometrajes pero sí que lo es en el mundo del cine. Ha asistido a muchos rodajes. Es gente de cine que vive por y para el cine. A Oskar le va la vida en el rodaje, y eso es buenísimo porque se contagia. Hay una complicidad especial porque son gente que quiere que todo el mundo les proponga, les sugiera, les ayude. Te ven como a un actor experimentado y cuentan con tu opinión, tu criterio, y te sientes muy juntito en el proceso. Es muy importante ese entusiasmo. Y, sobre todo, están locos por rodar, locos, locos, locos. Y no puedes resistirte a ello.

El Mal Ajeno no es una película fácil de clasificar, porque combina elementos muy diferentes: melodrama, misterio, fantasía... ¿Cómo se la presentarías a los espectadores?
El thriller le da estructura a la película. Pero es un thriller con elementos fantásticos y también es un drama. Incluso tiene elementos de tragedia, de tragedia griega, donde el protagonista tiene que tomar una decisión vital que pone en juego su propia vida y la de los que le rodean. Me parece que es una película de difícil denominación o encasillamiento, lo cual la hace interesante. Cuando la ves estás pendiente de la historia, de esa trama de thriller porque que es tan poderosa visualmente y tan emocionante que quieres saber más todo el tiempo.

Has rodado en distintos idiomas en Francia, África, Estados Unidos, España y Argentina. ¿Qué perspectiva tienes al respecto?
Mira, el cine para mí es una herramienta de expresión internacional. Aunque se trate de culturas e idiomas distintos, el elemento común es la relación que establezco con el director y la historia que él quiere contar, yo intento hacer mía la historia del director y ser yo mismo el que tengo algo que contar. Sea donde sea y tenga que ir a donde tenga que ir.

Ya has filmado en México. ¿Cómo fue tu experiencia?
Excelente. En México se están haciendo cosas muy interesantes con directores clásicos como Arturo Ripstein y con los nuevos consagrados como Cuarón, Del Toro, Iñárritu, capaces de trabajar con los grandes estudios de Hollywood y cineastas jóvenes e independientes con mucho ánimo. Yo me acomodo con un proyecto que me hable. En principio estoy dispuesto a hacer cualquier cosa. Estoy bastante abierto a todo tipo de propuestas, así sea una pelicula grande o un corto. Si hay algo que me rete, que me atrape, ahí estaré.

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