27 jun. 2013

Elle Fanning: “¡Quería ser bailarina de ballet!”

Miguel Cane.


Solo tiene 15 años de edad, pero Mary Elle Fanning (Conyers, Georgia, 1998) ya ostenta una carrera cinematográfica de veterana y un currículum que incluye ser protagonista de numerosos filmes, algunos de directores notables como Sofia Coppola, J.J. Abrams o Sally Potter.

Elle ha establecido una reputación de actriz responsable y madura pese a su corta edad, con muy buen ojo para los proyectos que elige. Posee un carisma muy especial que la distingue de otras actrices de su generación (e incluso mayores) y ya se ha sacudido el título de ser “la hermanita” de Dakota —que fuera una sensación la década pasada pero que ha visto su carrera inevitablemente eclipsada por la mala elección de guiones y por la sobreexposición de muchos años, lo que la ha alejado voluntariamente de los reflectores.



Elle regresa a las pantallas como la protagonista de Ginger y Rosa, el más reciente filme de Sally Potter (Orlando, Yes, La lección de tango), en el que comparte créditos con Annette Bening y da vida a una jovencita rebelde en el cambiante, turbulento y caleidoscópico Londres de los años sesenta. Madura e inteligente, Elle sabe comunicarse con naturalidad y gracia; es imposible olvidar que es todavía una chiquilla, pero habla con la soltura de alguien mayor, mucho más centrada.

DE TODOS LOS PERSONAJES QUE HAS INTERPRETADO, ¿CUÁL DIRÍAS QUE ES TU FAVORITO?

Es realmente difícil decidirse solo por uno. A mí lo que me gusta es hacer personajes que sean completamente distintos unos de otros. Creo que en cierto modo Ginger ha sido el más difícil que he hecho hasta ahora, porque tuve que pintarme el cabello de rojo y practicar un acento inglés que no tenía y debía ser perfecto. Eso, junto con todo lo que ella hace en la película, la convierte en alguien completamente distinta a lo que soy yo. Y eso me encantó.



GINGER ES UNA CHICA QUE PASA POR EXPERIENCIAS FUERTES Y SORPRENDENTES, ¿PUDISTE IDENTIFICARTE CON ELLA?

Es una adolescente y yo también lo soy, aunque ella lo es en un tiempo en el que tenían que madurar más rápido; una chica entonces se casaba y tenía hijos a los 17 o 19 años y ahora no es así en muchos casos. Ginger quiere ser una adulta antes de tiempo, y yo la entiendo porque a veces me ha pasado lo mismo. Ella quiere la libertad, pero no las responsabilidades. Creo que el mundo tan cambiante en el que vive la abruma. Eso también lo puedo entender.

GINGER ES UN PERSONAJE MAYOR QUE TÚ, ¿NO ES VERDAD?

Sí. Cuando leí el guión yo tenía 13 años y el personaje en la cinta tiene 16. Así que pensé, bueno, lo mismo no me lo dan, y está bien, es decir, me encantaría, pero si no lo consigo, no pasa nada, ya tendré la edad. Pero conocí a Sally (Potter), y nos caímos bien de inmediato. Ella decidió que, aunque yo no tenía aún la edad, era ideal para trabajar con Alice (Englert), que hace de Rosa, y que tenía 17 años. Sally nos dijo claramente que no pensáramos en la edad de los personajes. Que eso no nos definiera.



EL FILME SE DESARROLLA EN LOS AÑOS SESENTA. ¿CÓMO LOGRARON ESTABLECER LA ATMÓSFERA?

Sally creció en esa época, así que sabía muy bien cómo fue y nos orientó mucho a Alice y a mí. Ese periodo en Londres es muy específico: en la ropa, en muchos detallitos. Sally nos contó cómo era todo en aquél entonces, la escuela a la que fue, las amistades que tenía. Esta es su historia y para mí fue toda una experiencia. Hasta en la manera de vestir y la música que oía. En mi iPod llevaba un playlist que Sally me dio, con artistas buenísimos de la época como Los Beatles, The Who, Nina Simone, Marianne Faithfull, Donovan, los Rolling Stones... fue una inmersión total que me encantó.

MUCHA DE TU ACTUACIÓN ES SIN DIÁLOGOS. ¿FUE MUY DIFICIL PARA TI TRABAJAR ASÍ?

Sally nos cuidó mucho en ello. Ella nos decía cómo movernos, porque el lenguaje corporal de los personajes era muy importante y aprendimos mucho, especialmente a escuchar. Nos guió paso a paso. Me encanta cuando un director se toma el tiempo para hacer eso contigo. Sally es maravillosa en ese aspecto.

ADEMÁS, TRABAJAS CON ANNETTE BENING...

Fue asombroso trabajar con ella. ¡Es increíble, la adoro! Solo de mirarla aprendes muchísimo. Con su cabello así, y los lentes... ella es la madre de Ginger perfectamente. Nos lo pasamos muy bien, conocí a sus hijas y nos divertíamos mucho juntas entre tomas, pero también, cuando trabaja, es una profesional y aprendes mucho de ella. Annette es muy generosa y es adorable. Fue como estar con mi mamá en el set, que además estuvo ahí todo el tiempo.

¿HABÍAS IMAGINADO QUE TE OFRECERÍAN UN ROL TAN COMPLEJO EN ESTE PUNTO EN TU CARRERA?

No, nunca. Yo solo quería trabajar con Sally porque me gustó el reto que planteaba el guión, más que nada porque también hay muchas emociones que yo no he experimentado en mi vida real, ¿sabes? La pérdida, por ejemplo. Entonces pensé que quería saberlo, y que quería hacer la película.

¿QUÉ EDAD TENÍAS CUANDO EMPEZASTE A ACTUAR?

A los tres años, que hice de mi hermana siendo más pequeña en Yo soy Sam. Era un flashback, yo no me acuerdo, pero ahí estoy en la escena, con Sean Penn en un columpio y dormida en la hierba. Era muy chiquita cuando empecé a trabajar. Y me gusta.

SI NO FUERAS ACTRIZ Y PUDIERAS SER CUALQUIER COSA, ¿QUÉ TE GUSTARÍA?

Me gustaría seguir actuando. Quiero seguir actuando. Pero, bueno, si se vale soñar, me gustaría ser bailarina de ballet... pero mido 1.75... ¡Soy demasiado alta! (se ríe). Ése era mi sueño de niña, y finalmente me gusta tener mis sueños como parte de mi vida.



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