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2 abr 2014

Ida, de Pawel Pawlikowski. Por Claudi Etcheverry.

Imprescindible ir si quiere seguir creyendo que todavía hay un tipo de cine que no ha muerto.

Claudi Etcheverry.



Hacía tiempo que no iba al cine. Varios tropiezos personales me alejaron del biógrafo el último tiempo y entré a la sesión temiendo salir escaldado. Con esta cinta, mi reconciliación con el Séptimo Arte ha sido un clamor henchido de arrepentimiento por haberme olvidado de todo lo que es capaz de brindarnos por unas pocas monedas cuando es tan bueno. Al acabar, lamenté tener que levantarme y salir.



Ida es una joven novicia que ha sido criada en un convento al que llegó siendo una huérfana. Ante la inminencia de hacer los votos definitivos de sumisión, obediencia y castidad, la Superiora de la orden le sugiere que busque a una tía suya que vive en un pueblo lejos de la ciudad antes de ordenarse definitivamente. Allí se encamina Ida a buscar a la hermana de su madre con la duda de por qué no reclamó nunca por ella. Como una premonición, la Superiora le dice que se tome todo el tiempo que necesite.



El encuentro de Ida y su tía es un viaje de iniciación para ambas, por diferentes motivos. Para no quitarle interés a la cinta, apuntemos solamente y como síntesis que ambas viajan en dirección a la otra. Con estupor y en compañía de su tía Wanda, Ida descubre una historia que le había sido negada y sin la cual su decisión no dirimía entre ninguna disyuntiva sino que era un deslizarse en una dirección cualquiera y sin argumentos de contraste. Otra vez se verifica que todos tenemos derecho a los recuerdos, y que sin historia no hay identidad.



En este punto, la película se enlaza muy claramente con “Everything is illuminated”, de Liev Schreiber, donde un Elijah Wood cose una figura que del mismo modo se adentra a tientas en su pasado. Igual que en “Ida”, allí son varios los que también descubren mucho bajo una fina capa de tierra, pero la película de Schreiber difiere básicamente por su factura americana, con tomas y planos típicos de esa gran industria. “Ida” es una cinta primigenia, esencial, y su único refuerzo semántico es una selección musical exquisita pero que no está de relleno: apunta siempre al significado que tienen las melodías para la persona que está en la escena. La música de “Ida” no cede a ninguna convención ni nos indica grotescamente que tenemos que llorar si se oyen violines, o que viene sexo si descuella un saxo. Este gran cine prescinde de esos signos.



La película tiene detalles cautivadores. A pesar de haber hecho gran parte de la profesión en Reino Unido, el Director es plenamente polaco, dueño de aquel tipo de cine en que las imágenes son infinitamente más protagónicas que los actores que están en ellas. Los planos largos y serenos sorprenden, porque los protagonistas casi nunca están en el centro de la imagen. O están por encima del plano visual y la cámara se enrasa con el suelo; o apenas aparecen las cabezas y un enorme campo visual pesa sobre ellos. Ahí la atmósfera pesa verdaderamente sobre las vidas de unos seres que se debaten entre la espiritualidad, lo medroso y lo mísero de una Polonia ruda por doquier.



Pawlikowski no duda en mostrar escenas llenas de simbolismo, pero no lo hace en clave intelectual sino como una mirada secreta. No es un guiño para los cenáculos sino un gesto desesperado para compartir una realidad que conoce cotidiana pero entiende atroz.

La joven Ida hace un camino completo, como su nombre (de ida) y también de vuelta. Repasa y discute el principio de sus futuros votos, plantándose veraz ante la sumisión, la obediencia y la castidad. La película nos enseña que todos decidimos en algún momento de nuestra vida ser un determinado personaje, fruto a la vez de elecciones y de supresiones. De entre todos nuestros modelos y fantasmas elegimos unos y rechazamos otros para inaugurarmos así un día optando por quienes queremos ser en adelante. Lo extraordinario de Ida es que la joven decide optar por ser su personaje solamente después de haber hollado minuciosa, profunda y valientemente toda su persona.

Director: Pawel Pawlikowski; con Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Adam Szyszkowski. POLONIA, 2014.




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14 nov 2009

Entrando al jardín de Zbigniew Preisner / con 3 videos musicales

David Guzmán

Pocas veces se puede experimentar una sensación tan placentera como el descubrir algo por uno mismo. La emoción puede ser tan genuina que podemos sentirnos como niños experimentando sorpresa ó fascinación; puede incluso generarse sobrecogimiento y curiosamente fue esta la sensación que me generó descubrir la música del compositor polaco Zbigniew Preisner (1955) una lluviosa tarde de la ciudad de México hace casi 15 años, cuando en un viejo cine proyectaban Tres Colores Azul del fallecido cineasta Krzysztof Kieslowski. Y es que sabía realmente muy poco de la cinta; casi entré por accidente…un accidente que jamás pensé me marcaría para la posteridad y es que ver casi al inicio del film a Juliette Binoche salir de una alberca y escuchar los acordes de un sonido que estremece me obligó a replantear todo lo que conocía como música para cine.


Esa música
En Tres Colores Azul esa música adquiere connotación protagónica. Es un personaje más, a ratos el principal. Dota al film de una personalidad avasalladora. La Binoche nos comparte su tristeza pero la música de Preisner la magnifica a niveles que provocan desgaste emocional. Se siente en las vísceras. Mi sobrecogimiento es tal que jamás espero coronar este mar de sensaciones de manera magistral: Julie (encarnada por Binoche) intenta terminar la magna composición musical que –supuestamente- su esposo no concluyó cuando se le atravesó la muerte. Un dedo femenino recorre una partitura mientras los sonidos de “Song for the unification of Europe" acuden repentinamente al sutil llamado. Coros, flautas, piano y órgano emergen violentamente, mientras una voz femenina nos quebranta, al menos en la secuencia final cuando el tema completo se escucha en todo su esplendor.




Algo tiene la música de Preisner (como la de Michael Nyman, la del casi mítico Vangelis, Yann Tiersen ó de Philip Glass) que eleva de nivel cualquier film que sonorice. Es común pues encontrar en la filmografía de Preisner títulos que rayan la excelencia: Eurora Europa ó El Jardín Secreto de Agniezka Holland, Decálogo, Tres Colores y La Doble Vida de Verónica del mencionado Kiesloswki son sólo unos cuantos ejemplos que dan cuenta de ello.


De todos es conocida la dupla que formó Preisner con su coterráneo Kieslowski, para muchos la etapa más fructífera del músico. Los momentos conseguidos en los filmes del director son únicos y permanecen fuertemente enraizados en la memoria colectiva. Para muestra la secuencia que mencioné de Tres Colores Azul ó el baile de las marionetas (Puppets) y el momento de la muerte de Veronique (Irene Jacob) en La Doble Vida de Veronica en pleno escenario (Van Den Budenmayer); la tragedia en el lago de El Decálogo 1 (Lake) ó el desfile de modas en el que una inquieta y preciosa Irene Jacob busca con mirada impaciente al viejo abogado encarnado por Jean Louis Trintignant (Finale) en Tres Colores Rojo.



Aquellos que han profundizado en sus trabajos discográficos deberán leer mi recomendación como mero brochazo para los no iniciados. En lo personal, recomiendo: Preisner’s Music, un concierto grabado a 130 metros bajo la Iglesia Wieliczka en su natal Polonia logrando un sonido y acústica sin igual –créanme escucharlo se convierte en una experiencia casi espiritual- en el que el compositor nos obsequia un hermoso recorrido por sus composiciones más significativas y en donde su soprano de cabecera Elzbieta Towarnicka hace gala de su magnífica voz; una voz dolorosa y de inmenso potencial que hoy hace inimaginable pensar en otra artista interpretando. Voz desgarradora en el tema Labyrinth ó en Sky del mismo disco, hay que escucharla para dar crédito.


Elzbieta Towarnicka
Ante la repentina muerte de Kiesloswki en 1996 y como homenaje póstumo, Preisner compone Requiem for my Friend, una serie de melodías que exhalan tristeza y belleza al mismo tiempo. Aunque de difícil escucha para el oído no habituado, es satisfactorio encontrar nuevamente la voz de Towarnicka y en este disco en particular es sencillamente sensacional encontrarse con todo el abanico de posibilidades que a lo largo de su carrera Preisner ha explorado: Coro de niños, la sinfónica de Varsovia, nuevamente el piano, flauta y órgano; sacro coctel que encuentra su punto máximo en los temas Ascende Huc, Veni et Vidi ó Lacrimosa, además del emotivo cántico de un niño en el tema que cierra el disco: Prayer; de verdad conmovedor.




Pareciera sin embargo que con este broche de oro Preisner disminuye su presencia en la escena musical y en consecuencia en el cine, al menos en los niveles de brillantez con los que participó en las películas de Kieslowski. En México incluso, es difícil acceder ya no se diga a películas en exhibición, sino a los dvds de los últimos filmes que ha musicalizado. Pero cuando pareciera que el mundo se pregunta ¿qué ha sido de Preisner? aparece un disco magnífico en el que la ex vocalista del conjunto portugués Madredeus, Teresa Salgueiro acompaña a Preisner en este nuevo viaje llamado Silence, Night & Dreams; la Salgueiro no es Towarnicka y su voz se deja sentir más aguda de lo acostumbrado pero el trabajo trasciende por lo diferente y porque finalmente Preisner siempre será Preisner.








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ANDRZEJEWSKI, JERZY (1909 – 1983)
LEM, STANISLAW (1921 - 2006) - por Filiberto López

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KORZENIOWSKI, ABEL. Compositor - por David Guzmán.

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28 oct 2009

Escucha a través de tus ojos: Abel Korzeniowski

David Guzmán

Artículo cortesía de Monsieur David.

Si pudiésemos meter a la licuadora el minimalismo de Michael Nyman, el sentimiento y aire polaco de -su coterráneo- Zbigniew Preisner, la frescura melódica de Yann Tiersen, la grandilocuencia del mejor John Williams y la rigurosidad del también polaco Wojciech Kilar, la mezcla que se obtendría sería (por ponerle ya un adjetivo) al elegante -musicalmente hablando- Abel Korzeniowski.




De origen polaco, Korzeniowski (37 años) vive ya en Los Ángeles donde se ha establecido buscando la internacionalización que le ha traído algunos proyectos importantes en donde sin duda comienza a figurar con letras mayúsculas la música que hizo para ‘A Single Man’ de Tom Ford aunque uno no puede dejar de lado la monumental banda sonora que realizó para esa obra silente de Fritz Lang llamada ‘Metrópolis’ (nueva música).


Metrópolis de Fritz Lang

Su todavía corta carrera la inició musicalizando algunos cortometrajes, obras de teatro y documentales en su natal Polonia. Multipremiado, Korzeniowski no puede (ni debe) dejar de lado toda la influencia que trae de la mejor escuela polaca como si se tratase de una estafeta que puede portar con orgullo y que le podrían transferir tranquilamente Preisner y Kilar.

Pero vamos por partes.

No hay mucho sobre él en internet. En Amazon sólo está a la venta un disco ‘Music for Drama’ así que la gran fuente para conocer su trabajo es su sitio oficial http://www.abelkorzeniowski.com/ en donde podrán ustedes hacer un recorrido por prácticamente todo su trabajo.


Del sitio, me llamó poderosamente la atención el trabajo que hizo para la citada ‘Metrópolis’ en donde encontramos un trabajo a gran escala: 90 músicos, un vasto coro y dos sopranos que enaltecen las imágenes de Lang. No es su partitura más accesible pero sí es referente de la calidad del artista ante el que estamos. La tonalidad de esta música es obscura pero de detalle elegante (cuerdas que brotan en planos secundarios para acabar posicionándose en el hilo conductor) y coros que le proporcionan al film el aire de magnificencia que requiere (en el trailer pueden apreciar una interesante mezcla de los distintos movimientos).

Trailer de Metrópolis de Fritz Lang


Naturalmente pueden acceder también a dos muestras de ejecuciones para ‘A Single Man’ para ir abriendo apetito y familiarizarse con el score de la película. El track ‘Carlos’ pero sobre todo ‘Stillness of the Mind’ nos sugieren una conmovedora y emotiva banda sonora.

Por otra parte encontrarán una grata sorpresa auditiva en la música que compuso Korzeniowski para el film animado ‘Battle for Terra’. Jamás esperé encontrar tal calidad de acompañamiento para una cinta de animación. Especial escucha a Life on Terra-First Strike que conjuga la majestuosidad de un coro de niños al inicio (al mejor estilo de Preisner) pero que parte el tema al minuto 2’32 para girarlo completamente y convertirlo en una trepidante combinación de percusiones y cuerdas que dejaría a John Williams o a Hans Zimmer boquiabiertos. Este tema y Hijacking the Ship son verdaderamente emocionantes.





Vamos a más. Dense una vuelta por Youtube.Com y aunque no hay mucho sobre el trabajo del polaco lo que encontrarán ahí, los convertirá sin duda en nuevos adeptos. Ahí Korzeniowski nos da una probada más accesible de sus composiciones sin que ello demerite su gran calidad y lo comprobarán cuando encuentren un tema hermosísimo llamado ‘Birdie’ (abajo); continúen el viaje con ‘Dandube’ (una suerte de variante de ‘Birdie’) y finalicen la experiencia con ‘Nowy Dzien’.





Escucharemos mucho en el corto plazo sobre Abel Korzeniowski. Ya comienzan a elevarse voces que sugieren su nombre para el Oscar por su trabajo en la cinta de Tom Ford así que preparen el oído y adelántense dejándose llevar por sus exquisitas compocisiones en este pequeño viaje musical que ojalá sea de su agrado. Y por supuesto, cuando escuchen sobre él, recuerden que en Monsieur David y aquí lo leyeron primero :)

Tip del Autor: Dado que es muy difícil acceder a su música con el software habitual (Ares, Emule, etc.) dentro del sitio oficial existe la facilidad de posicionarse con el mouse en el nombre de los temas y con el botón derecho, elijan ‘guardar destino como’ para poder descargar toda esa música a sus computadoras.

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9 dic 2008

Stanislaw Lem - In Memoriam, por Filiberto López

Por Filiberto López

"Los buenos libros dicen la verdad, incluso cuando tratan de cosas que no existen y que nunca existirán. Son verdaderos en una forma diferente. Cuando hablan del espacio exterior, te hacen sentir tanto el silencio, diferente del silencio en la Tierra, como la falta de vida. Sin importar qué aventuras sean, el mensaje es siempre el mismo: los humanos nunca se sentirán ahí como si estuvieran en casa."
Tomado de "La Historia de Pirx", del libro "Más historias de Pirx El Piloto, 1983" de Stanislaw Lem


Stanislaw Lem fue un genio. Alguna vez presumió tener un coeficiente intelectual de 180. No sé si eso fuera cierto, pero el párrafo anterior presenta en una forma que solo pudo haber sido hecha por un genio, lo que es la esencia de la buena ciencia-ficción.

El primer libro que leí de Lem fue "Congreso de Futurología." (Con perdón de San Mateo, San Juan, San Lucas y San Marcos): En aquel tiempo, mis amigos del trabajo y yo teníamos la costumbre de irnos a comer juntos, y después de comer bastante bien, hacíamos sin prisas, la sobremesa. Nunca platicábamos de fútbol, ni de política, ni de autos, ni de muchachas - o para ser precisos, casi nunca. Más bien platicábamos de libros que habíamos leído, o de películas que habíamos visto, o de teatro, o de música - en fin, creo que se pueden dar una idea de la atmósfera que reinaba en nuestras sobremesas.

En una de esas ocasiones, mi amigo y compañero de correrías, el tal Toño, empezó a hablarme, muy entusiasmado, de un libro que le había regalado su hermano mayor (que entre paréntesis parecía su hermano menor, ya que mi amigo Toño mide algo más de 1.90 y pesa como ciento veinte kilos, mientras que su hermano mayor apenas rebasa el 1.60 y ha de pesar cosa de sesenta kilos). El libro era "Congreso de Futurología," de Stanislaw Lem. Toño me dijo que el libro era lo más cáustico, agudo, atinado e interesante que hubiera leído en su vida, aparte de "Los Viajes de Gulliver." Mi amigo se deshizo en elogios para el libro. Había quedado muy impresionado, y esto me impresionó a mí. Esa misma semana fui a Sanborn's a conseguir mi ejemplar del susodicho libro. Me absorbió tanto, que lo leí de un solo tirón, pasando una noche entera sin dormir. En efecto, ése era uno de los más sorprendentes libros de ciencia-ficción que jamás hubiera caído entre mis garras, y en ese momento contraje el vicio de leer a Lem.

"Congreso de Futurología" nos narra las aventuras de Ijon Tichy (un personaje que por cierto, aparece en muchas novelas de Lem) en un Congreso de Futurólogos. Como es de esperarse, los organizadores decidieron que el congreso se llevara a cabo en el futuro, por lo que todos los congresistas se ven en la necesidad de trasladarse hacia allá por la única vía lógica: la criogenia. Una vez que llegan al futuro, a la sede del congreso, el hotel Hilton de Costa Rica, resulta que también se está llevando a cabo un congreso de terroristas y un congreso de editores de pornografía.


Muy pronto, los acontecimientos se desenvuelven en forma vertiginosa, debido a las inverosímiles situaciones debidas a las interacciones de los asistentes a los tres congresos. Esas situaciones sirven como pretexto para exhibir un diluvio de críticas a la sociedad moderna. No pude menos que darle la razón a Toño respecto a que "Congreso de Futurología" es la sátira social más ingeniosa que se ha escrito, desde "Los Viajes de Gulliver." Indudablemente, y con perdón de Julio Verne, Lem fue el escritor de ciencia-ficción no anglosajón más importante, tanto por la profundidad, riqueza y creatividad de su obra. Los libros de Lem se han traducido a más de treinta idiomas y se han vendido más de doce millones de ejemplares.

Para entender mejor la obra de Lem, es útil tener en mente las circunstancias de su vida. Nació en 1921 en la ciudad de Lvov, que entonces era parte de Polonia, y que hoy día, gracias a los nazis y a los soviets, es parte de Ucrania. Sus padres eran judíos, pero dado que era bastante difícil ser judío en esa parte de Europa en esa época, fue educado como católico, y gracias a eso, y gracias a un juego de papeles de identidad falsos, pudo evitar la suerte de muchos millares de sus compatriotas.


Él era socialista por convicción, y estudiaba medicina en la Universidad Jagielloniana de Cracovia cuando los alemanes invadieron Polonia. En vista de ello, suspendió sus estudios, y se ocupó como soldador y como mecánico automotriz. En sus ratos de ocio, formaba parte de la resistencia polaca, haciendo actos de sabotaje, y traficando con armas y municiones. Al final de la guerra, Polonia fue invadida por el ejército rojo del Mariscal Zhukov y pasó a formar parte de de los países del otro lado de la Cortina de Hierro. Lem regresó a la universidad, y continuó con sus estudios.

Durante la década de los treinta, un biólogo soviético llamado Trofim Denisovich Lysenko, que fue uno de los héroes científicos oficiales del estalinismo, desarrolló una serie de teorías seudo científicas absurdas, inspiradas en las ideas de Lamarck: proclamó la heredabilidad de las características adquiridas (como por ejemplo, que a los ratones que se les cortaba la cola eventualmente tendrían hijos sin cola), satanizó a la genética, calificándola de basura capitalista, y también se dedicó a asegurarse de la deportación a Siberia de todos sus detractores. Bajo la férula comunista, la Universidad de Cracovia enseñaba las ideas de Lysenko, y Lem se rebeló acremente contra ellas, negándose a presentar sus exámenes finales por considerar que se le habían enseñado falsedades. Nunca se recibió de médico.


Por esas épocas, la década de los cincuenta, trabajó en un hospital, y en sus ratos de ocio escribió su novela realista "El Hospital de la Transfiguración." Así mismo, se aficionó a la ciencia-ficción, y se entusiasmó con la filosofía y con la cibernética, disciplina fundada por el norteamericano (genio) Norbert Wiener. Desgraciadamente, esta afición de Lem no eran muy bien vista en la Polonia de entonces: la cibernética era vista como una seudo ciencia capitalista. Entre la cibernética, sus escritos, sus lecturas de ciencia-ficción y la medicina, todavía le alcanzó el tiempo para casarse en 1953 con una compañera suya, estudiante de medicina: Bárbara.

Las primeras novelas de Lem eran más o menos optimistas y basadas en las convenciones del Realismo Socialista. Examinaba los desarrollos tecnológicos, las civilizaciones futuras y las responsabilidades de los científicos. Pero en la loca década de los sesenta, las visiones de Lem se volvieron más independientes, experimentales y radicales. Lem se había desilusionado del comunismo y se convirtió en un escritor subversivo. Se escudó detrás de la ciencia-ficción, para poder criticar a sus anchas, con mucho ingenio y acidez, todo lo que veía que estaba mal. El gobierno polaco de ese entonces no toleraba la más mínima crítica, pero para suerte de Lem, las autoridades consideraban a la ciencia-ficción como un género literario sin importancia, y así pudo Lem publicar sus trabajos sin mayores problemas.

En 1959 publicó "EDEN", una profecía en la que cinco astronautas náufragos exploran un planeta en el que la manipulación y control de los seres humanos por medio de la química era una práctica común. Lem decía que "EDEN" fue la primera novela de ciencia-ficción de la que no se avergonzaba. No fue coincidencia que esta novela es relativamente subversiva, criticando las ideas de control total de la sociedad.


En 1961, cuando ya era un autor de renombre en Polonia y la Unión Soviética, publicó un maravilloso trabajo titulado "Solaris". En esta novela, Lem explora dos de sus temas favoritos: las limitaciones del entendimiento humano y la especulación acerca de cómo pudieran ser las inteligencias extraterrestres. Lem creía que dadas las limitaciones humanas, sería muy difícil, si no es que imposible, comunicarse con seres extraterrestres. La novela inicia con el debate de un grupo de científicos respecto a si el océano que cubre al planeta Solaris, está vivo, y si es acaso inteligente. Ellos han podido ver que el planeta tiene patrones complejos de comportamiento, dignos de un ser vivo, incluyendo una órbita que se corrige a sí misma. Pero dado a que nada del océano se parece a la bioquímica humana, ni a la psicología, es difícil determinar si tiene consciencia.




El héroe de la historia - un psicólogo extremadamente objetivo, Kris Kelvin - es despachado hacia una estación espacial que está en orbita alrededor de Solaris. Cuando llega ahí, descubre que uno de los científicos de la estación se ha suicidado y que los otros están al borde del colapso nervioso. Aparentemente el planeta lee sus mentes, y llena la estación espacial con apariciones que corresponden a ciertos aspectos de las fantasías de los tripulantes. Poco después de su llegada, Kelvin se encuentra cara a cara con su difunta y amada esposa. Con este encuentro, el reto de evaluar la inteligencia del océano se convierte en algo emocionalmente difícil. Kelvin mata a su esposa, para verla aparecer de nuevo, al día siguiente, como si no hubiera pasado nada. La mata varias veces más, pero ella reaparece. ¿Serán estos fantasmas los intentos del océano Solaris para comunicarse con los hombres?


Trailer soviético de SOLARIS, de Tarkovsky


Trailer de SOLARIS, con George Clooney

En "Solaris", Lem amarra sagazmente la psicología con la filosofía, logrando debilitar hasta el concepto de qué es lo que es una persona. Es una obra clásica de Lem: un ingenioso acertijo intelectual, sin ninguna de las muletas clásicas de la ciencia-ficción; no hay balaceras intergalácticas, rebeliones coloniales, ni batallas espaciales en las que un valiente y joven oficial supera su miedo para convertirse en un hombre de verdad.



En 1972, el famoso director ruso Andrej Tarkovsky filmó una rara cinta basada en "Solaris", que mereció el Premio Especial del Jurado, en el Festival de Cannes de 1972. Vi por primera vez esa película en los cines del Centro Cultural Universitario, y recuerdo haber salido de la sala de un humor muy extraño: la película me incomodó, me sorprendió, me inquietó. Es una película larga, con un ritmo muy lento, llena de detalles que no pueden apreciarse a la primera vez. Y la música es ominosa y deprimente.

Desde entonces, habiendo ya leído la novela, y habiendo visto la cinta tres o cuatro veces más, ya absorbí el argumento, ya entendí los detalles, y todavía no sé si me gusta o no la película. Mi consuelo, es que a Stanislaw Lem nunca le gustó esa película. "Éramos como un par de caballos unidos por un arnés, pero jalando en direcciones contrarias," decía, refiriéndose a la colaboración entre él y Tarkovsky. También calificó desdeñosamente a Solaris como "Crimen y Castigo, en el espacio."

En 2002, Steven Soderbergh hizo una versión norteamericana de Solaris, con George Clooney como protagonista. Soderbergh prometió filmar "una cruza entre '2001' y 'El Último Tango en París'." Lem vio al esfuerzo con escepticismo. "Si los norteamericanos convierten a mi novela en algo extraño, no me sorprendería nada." Sin embargo, y a pesar de su escepticismo, le vendió a Soderbergh los derechos para hacer la cinta. "Tenía dudas respecto a si debía vender los derechos para Solaris en los Estados Unidos," dijo Lem, "pero en un cierto punto me dije a mí mismo: 'Soy viejo; debo resistirme a estar diciendo siempre que no.' Ya he pasado el punto sin retorno, y no hay nada que pueda hacer yo al respecto."

La cinta quedó muy lejos, tanto de "2001", como de "El Último Tango en París" e incluso quedó muy lejos del trabajo de Tarkovsky. Soderbergh no pudo entender el meollo de la novela, prefiriendo centrarse en la historia de amor entre el protagonista y su difunta esposa.






En 1965 publica "CIBERIADA: Fábulas para una era cibernética", que es un conjunto de cuentos, que critican vitriólicamente una amplia gama de ideologías terrestres. Es algo así como "Los Cuentos de Canterbury" de la ciencia-ficción. Una vez más, vuelve Lem a entrarle al tema de la comunicación con inteligencias extraterrestres en su novela de 1968, "La Voz de su Amo". Otro de sus trabajos de esa época, titulado "Los Relatos del Piloto Pirx," es una colección de reflexiones sobre las implicaciones de la cibernética en el desarrollo humano.

"El tema que más enfatiza Lem en sus trabajos," escribió en el New York Times Philip José Farmer, un reconocido autor norteamericano de ciencia-ficción, "es que las máquinas serán algún día tan humanas como el Homo Sapiens, y tal vez superiores a él. El Sr. Lem tiene un genio casi Dickensiano para reconocer vívidamente la tragedia y la comedia de las máquinas del futuro; siempre logra que al lector le duela la muerte de uno de sus androides o computadoras."

Lem fue una especie de Kafka de la ciencia-ficción, prefiriendo las especulaciones cómicas que se hunden profundamente en los intersticios ideológicos de la ciencia y de la sociedad. Sus historias están llenas de robots dotados de una perturbadora capacidad de reflexionar. Lem se caracterizó por llevar siempre sus ideas hasta las últimas consecuencias, como por ejemplo, drogas tan convincentes que la realidad desaparece ("Congreso de Futurología", 1971) o computadoras que son demasiado inteligentes como para ser útiles.


Este rigor le ganó a Lem el respeto de muchos académicos, especialmente el de los científicos que se dedican a la inteligencia artificial. Expertos como Marvin Minsky y Douglas Hofstadter alguna vez invitaron a Lem a visitar la catedral de la inteligencia artificial: el MIT. Pero Lem rehusó, diciendo que no le gustaría desilusionar a aquellos lectores que esperaban descubrir una extraordinaria personalidad detrás de las extraordinarias historias que escribía.

John McCarthy, un veterano científico de la computación de la Universidad de Stanford, es fanático de la novela "Magnitud Imaginaria", de Lem. Ese libro, junto con "Un Vacio Perfecto" consisten respectivamente, ¡de los prefacios y reseñas de libros que nunca han sido escritos! Estos libros imaginarios de la ciencia del futuro incluyen una descripción de un grupo de bacterias que aprendieron a comunicarse mediante la clave Morse, y un discurso de un premio Nóbel acerca de cómo dos civilizaciones en partes diferentes del universo pueden cooperar sin ser capaces de comunicarse entre sí. Ambos libros son secos, llenos de neologismos, pero extremadamente graciosos y capaces de hacer germinar ideas en la mente del lector. Si Lem no hubiera escrito estos dos libros, seguramente hubieran sido escritos por Jorge Luis Borges.

Al principio, y dado que vivía del otro lado de la cortina de hierro, Stanislaw Lem no tuvo contacto con la ciencia-ficción del hemisferio capitalista, salvo una que otra obra de H. G. Wells o Julio Verne, sino hasta principios de los sesenta. Para su horror, descubrió que el grueso de la ciencia-ficción norteamericana consistía básicamente de fantasía y aventuras, sin la más mínima seriedad. Se volvió en un acérrimo crítico de la mala ciencia ficción, y emprendió con mucha enjundia la tarea de reformar al género. Durante los sesentas y los setentas, escribió muchos ensayos, lapidando lo que consideraba la pobreza intelectual de la mayor parte de la ciencia-ficción norteamericana, sacando al balcón hasta a los autores más reconocidos, criticándoles su ignorancia técnica, su torpeza literaria y su ingenuidad sociológica. Llenó docenas de páginas de revistas académicas tales como Science Fiction Studies con densos argumentos acerca de cómo estaba fallando la ciencia-ficción norteamericana en lograr su potencial. Uno de los pocos escritores norteamericanos que merecieron su admiración, era Philip K. Dick, como lo expresó en su libro de ensayos de 1986, "Microworlds."

Estas agrias controversias solamente le ganaron la enemistad de la mayoría de los miembros de la Science Fiction and Fantasy Writers of America. De hecho, el mismo Philip K. Dick, miembro de la sociedad, lo acusó a su vez de ser simplemente un comisario comunista. Lo peor del asunto es que la controversia de Lem no logró su objetivo, y por ello, Stanislaw Lem se decepcionó de la ciencia-ficción y abandonó el género, pero no sin antes dejar un enorme legado que sirvió entre otras cosas, para estimular mi imaginación, y abrir mi mente a nuevas posibilidades.

¡Gracias por el legado que nos dejaste! ¡Como te voy a extrañar, mi querido Stanislaw!


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