24 feb. 2011

Annette Bening, Reina sin corona

Es una de las grandes actrices de su generación, madre de familia y – aunque no ganara un Oscar, una de las estrellas de Los niños están bien, de lo mejor de 2010.

Miguel Cane




En Hollywood, Annette Bening (Topeka, Kansas, 1958) es una figura de respeto. Su versátil trabajo histriónico ha dejado huella, lo mismo como la inmoral Marquesa de Merteuil (en Valmont, al lado de Colin Firth), la esposa devota de un amnésico (en Regarding Henry), la amante de un mafioso en Bugsy, un ama de casa neurótica, en American Beauty o como una médium que trata de resolver el asesinato de su hija – en Sueños de un asesino, de Neil Jordan. Ha sido nominada al Oscar en cuatro ocasiones, aunque no lo ha ganado nunca: esto no la amilana, compagina su vida como madre de familia – es famosa también como la mujer que domó a Warren Beatty y le hizo sentar cabeza – y su participación en filmes selectos, como Los niños están bien, de Lisa Cholodenko, por el que fue candidata a un Oscar y ha recibido excelentes críticas.




Eres muy selectiva con tus películas. ¿A qué crees que se deba?
Bueno, cuando voy al cine o al teatro, cuando me siento a leer un libro, quiero emocionarme. Es lo que yo creo que todos esperamos conseguir. Quiero que la gente tenga ese momento, como una experiencia extracorporal que te envuelve. Amo esta película por eso.. Trabajamos con la intimidad, en una forma muy extraña, especialmente en cine. Nos involucramos con la vida de cierta gente de la forma que solo el cine puede lograrlo. Cuando imagino una película, cuando leo un guión, me olvido de todo, me olvido de la cámara, aunque haya diez o veinte personas en la misma habitación. Y eso es lo que trato de lograr con el público. Eso es lo que hago, algo muy personal.




Julianne Moore y tú encarnan a una pareja que encabeza una familia poco convencional. ¿Cómo establecieron su dinámica?
Trabajar con Julianne es maravilloso. Es profundamente enriquecedor. También lo es trabajar con Lisa Cholodenko. Ella nos eligió porque somos madres, así que tomamos mucho de nuestra experiencia como madres – tratar de guiar a nuestros hijos por el mejor sendero, escucharlos, reirnos, regañarlos, ganarnos su confianza... -- para crear estos personajes sin que fueran caricaturas o estereotipos. Fue muy nutritivo para mi poder asomarme a esas posibilidades. ¡Y muy divertido! Sobre todo, porque sentí mucha confianza. Yo me pongo muy nerviosa al rodar. El primer día de filmación soy un manojo de nervios.




¿De verdad te pones nerviosa? No se nota nada.
¡¿Cómo no te das una idea?! Siempre me siento insegura en el trabajo. Cuando empezaba, en las primeras películas que hice con Mike Nichols, me ponía demasiado nerviosa y Harrison Ford era la gran estrella. Para ese entonces, yo había hecho otras cintas, pero seguía sintiéndome una principiante. Y a medida que pasa el tiempo, sigo sintiéndome igual, porque con la actuación en cine no importa que yo sepa lo que tengo que hacer, no importa estar lista. Siempre trato de sorprender, trato de buscar lo inesperado. Y de ahí vienen los nervios, pero se aprende a vivir así. Siempre hay que seguir adelante. Ya había trabajado con Milos Forman, en Valmont, y él me enseñó sobre ese estilo de actuación. Para cuando llegó Los Estafadores, tuve momentos donde aprendí a amar la cámara. Especialmente ahora, que todavía hago teatro. Aprecio la cámara que está ahí al lado, sin tener que trabajar para que me escuchen, porque la atención llega a mí. Es como si tuviera que invitarla, en vez de buscarla.




En otras ocasiones has hablado en contra del botox y las cirugías plásticas. ¿Consideras que una actriz debe envejecer con gracia más que buscar preservar su atractivo?
Cada quien es dueña de su cara y puede hacer con ella lo que le da la gana. Personalmente yo no pienso ir por la vida con una careta. Esa no soy yo. ¿Has visto esas fotos en las que modifican el aspecto? ¡Todo es subjetivo! Si basas tu trabajo en una imagen, estás supeditada a ella. Yo no. Yo sólo quería ser actriz de teatro. Yo nunca imaginé que podía ser una actriz de cine, no era lo que ambicionaba. Todo llegó de sorpresa. Yo no hice ninguna película hasta que tuve casi 30 años. Ahora tengo cincuenta y tres y no me importa que se note la edad que tengo. Me gusta cómo me veo.

La fama cambia con el tiempo. ¿Piensas que las grandes estrellas de Hollywood de otras épocas sobrevivirían hoy a los embates de los paparazzi?
No lo sé. Supongo que tenían otro temple. También encaraban lo suyo con la prensa amarilla; siempre es algo muy duro. Verás, cuando recién empecé a salir con mi esposo o cuando estaba embarazada, los paparazzi nos perseguían. A veces los fotógrafos se vuelven increíblemente entrometidos. Ahora es más fácil, porque no nos persiguen tanto, y hoy ya sé cuándo me van a sacar una foto, me piden permiso, sonrío y ya. Son respetuosos de mis hijos y eso lo agradezco. Por eso, no es tan traumático. Pero debe ser una pesadilla para quienes están de moda y los persiguen todo el tiempo. No los envidio.

¿Dirías que cumpliste todas las metas que te propusiste cuando eras una chica de Kansas?
Siento que tengo mucha suerte – se rie --. De verdad, yo sólo quería ser actriz de teatro, nada más. Y pude lograrlo enseguida, cuando recién empezaba. Mi sueño era subirme arriba de un escenario. La única actriz de cine que idolatraba era Julie Andrews, porque la había visto en La Novicia Rebelde. Y yo tampoco iba demasiado al cine. Me había enamorado del teatro al ver una obra de Shakespeare. Durante mucho tiempo, sentí que era una actriz de teatro que pretendía ser una actriz de cine. No me sentía cómoda en un estudio. Sonaba raro estar tan cerca de la cámara, hablando tan despacio. Y ahora lo amo, me encanta trabajar delante de una cámara. Mi cuñada (la legendaria Shirley MacLaine) tiene un dicho personal que a mí me gusta mucho: “al final, esta es una profesión siempre muy dura, pero la satisfacción que te da de vez en cuando, es tan grande que lo compensa todo” Y lo creo.



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