14 nov. 2009

Un abrazo de Penélope Cruz

Es la estrella española de cine por excelencia y al mismo tiempo, se trata de una joven con sueños y ambiciones, que trabaja nuevamente a las órdenes de Pedro Almodóvar, de quien es musa.

Por Miguel Cane


Algo tiene Penélope Cruz que, desde su debut hace casi dos décadas cuando era todavía una adolescente, la hizo irresistible para espectadores alrededor del mundo. Así fue como dio el salto a la fama internacional con Belle Epoque, de Fernando Trueba, y desde entonces no ha mirado atrás. Hoy, ganadora de un Oscar por su trabajo con Woody Allen en Vicki, Christina, Barcelona – en la que interpretaba a una desequilibrada mental- y aclamada internacionalmente como la actriz española más famosa del mundo, Penélope (nacida en Madrid en 1974), regresa a trabajara a las ordenes de uno de sus cineastas preferidos: Pedro Almodovar, en un filme muy sui-géneris en la cinematografía del director manchego, que ha sabido exhortar de la actriz algunas de sus interpretaciones más convincentes y conmovedoras, en filmes como Volver (que le valió su primera nominación al Oscar y el premio a la mejor actriz – compartido con sus compañeras- en el Festival de Cannes) y Todo sobre mi madre. Ahora, en Los abrazos rotos, esta belleza morena comparte escenario con Lluis Homar, la estupenda Blanca Portillo y Ángela Molina.


Sonriente, atenta, algo tímida (‘por favor, no me pregunten de mi vida privada, porque eso no lo puedo contestar, ¿vale?’) y terriblemente chic (es una de las mujeres mejor vestidas del mundo, aún cuando se trate de un atuendo casual – para ella tal cosa no existe), Penélope escucha cada pregunta y responde con sencillez, y claridad.


¿Cómo te sientes de regresar con Almodóvar para Los abrazos rotos?
Feliz. Feliz, feliz. Pedro escribió el personaje de Magdalena para mí, es la segunda vez que hace esto, lo hizo también con Volver. No podía decirle que no. Pienso mucho cada decisión que tomo e intento no aburrirme con lo que hago. Emocionalmente hay personajes que exigen más de una misma, y trabajar con Pedro representa eso mismo, pero no dejaría pasar la oportunidad por nada. Cuando Pedro te llama, tú dices que sí sin vacilar nada.

¿En qué sentido es distinto trabajar con alguien como Almodóvar, opuesto a otros directores?
Yo me puse totalmente en sus manos a la hora de rodar. Esa es la cosa con él, ¿sabes? Me pongo en sus manos y confío totalmente en su idea, en su visión. Él y yo tenemos una relación muy estrecha desde hace diez años o más… y es una de las personas más importantes en mi vida, no sólo a nivel profesional. Pedro es familia. Poder volver a filmar con él es un desafío muy grande, pero también es un enorme, enorme privilegio. Supongo que la diferencia de trabajar con él se origina en el hecho de que somos compatriotas y muy amigos, aunque también somos muy distintos, Pedro es alguien con una visión muy particular de la vida y un estilo de trabajo muy definido. Es su método, y lo encontré fascinante. No sé si influye también que sea él y que lo adore, pero definitivamente fue muy diferente a otros rodajes y creo que siempre merece la pena, porque los mundos que Pedro crea son maravillosos y es irresistible la posibilidad de explorarlos. Yo tenía quince años cuando fui al cine a ver ¡Átame! Y me pareció fascinante lo que había hecho con Victoria Abril. Desde ese momento, soñé con un día trabajar con él, pero nunca, nunca me imaginé que iba a llegar a significar tanto en mi vida ni que yo le debiera tanto en tantos aspectos.


En Los abrazos rotos hay capital francés, haz hecho otras películas nominalmente españolas, pero con capital de otros países ¿Crees que el futuro del cine es la co-producción internacional?
Creo que ayuda muchísimo a que exista una industria de cine. Además, a mí personalmente me gusta trabajar así. Vicki Christina Barcelona lo fue, por ejemplo. Siento que no es por casualidad que yo haya rodado tantas películas así. En estos tiempos es difícil conseguir financiamiento para cintas independientes y esta es una opción para poder hacer trabajos como éste, que tiene un sello de garantía, un gran trabajo, na rúbrica muy personal. Creo que mientras Pedro tenga ese tipo de independencia podrá – él y otros artistas- seguir haciendo un trabajo que sea más personal, más suyo.

Lena es un personaje lleno de matices, ¿qué faceta suya te gusta más, la vulnerable o la dominante?
Lena es una joya. Me gusta muchísimo, es un personaje al que le tengo un enorme cariño. Creo que ella es lo que es gracias a todas esas facetas que le dio Pedro: la mujer enamorada, la mujer capaz de todo, la ambiciosa, la tierna. No puede prescindir de ninguna, y sin ninguno de esos aspectos Lena no puede ser. Yo la quiero tal cual es, con su lado oscuro y su lado luminoso. Actuar es algo que rompe fronteras; cuando lo que cuentas es hermoso llega a cualquier espectador, y ese es el caso de los trabajos que he hecho con Pedro: no tengo un favorito. Sinceramente yo no podría elegir una parte de todas las que he hecho con él en los últimos diez años. Quizá porque cada una de ellas está concebida como un todo y no como la unión de unas partes. Me fascina Lena, lo mismo que la Hermana Rosa o que Raimunda, cada fragmento y aspecto de ellas, cada minuto transcurrido en crearlas. Cada una para mí es un viaje emocional intenso que me arrastra de forma irresistible y que queda plasmado en la pantalla, para la posteridad.


Eres una actriz prolífica, que trabaja sin parar. ¿Nunca te tomas un momento de descanso?
¡Es verdad, es verdad! (se ríe) Llevo años encadenando proyectos sin apenas vacaciones. Este año voy a ver si me tomo algunos días libres, porque me hace falta desconectar. Yo misma me marco el ritmo de trabajo, por lo que encima no puedo culpar a nadie. La gente piensa que una actriz de cine es alguien que vive despreocupadamente y rueda una película de vez en cuando, pero no es así. Me gusta asumir muchas responsabilidades. No me gusta el camino fácil. Es complicado si quieres poner en marcha tus propios proyectos, pero es que prefiero sentirme creativa.

¿Ese ritmo tan dinámico es necesario para mantener el estatus de movie star?
¿Pero qué movie star? (más risas) Lo cierto es que yo trato de no pensar en ese tema. Empecé a trabajar siendo casi una niña, y esto era para mí como un juego. Nunca he tenido miedo de descender de categoría, y no se debe permitir que te contagien este tipo de miedos. En mis trabajos en Hollywood he conocido gente bajo presión y tú no tienes idea de lo que es eso… ¡es espantoso ver lo que puede hacerle a la gente!. Yo me comporto como una actriz española de paso por Estados Unidos, y no me complico la vida tratando de fingir que soy lo que no soy.


Pues has tenido mucha suerte: tu internacionalización ha sido una auténtica historia de éxito.
Gracias. Sí, creo que he tenido suerte, porque me ofrecen proyectos continuamente en Estados Unidos. Me costaba más trabajo al principio de mi carrera. Para hacer una de mis primeras películas en inglés, Todos los caballos bellos, tuve que hacer cuatro pruebas, en cuatro países distintos. Luego ya te empiezan a ofrecer cosas sin hacer pruebas, lo que me proporciona una absoluta sensación de liberación. Desde hace dos años me llegan guiones cada vez mejores, sin tener que audicionar. Ya no paso tensión. Es de agradecer, créeme.

¿Y desde el Oscar sientes que cambiaron las cosas?
Sí, en algunos aspectos profesionales hubo cambios muy positivos. Una especie de revaloración por parte de ciertos medios, pero a nivel persona, sigo siendo la misma, yo no me tomo mi trabajo como una carrera de fondo. Pretendo trabajar toda mi vida, aunque no pueda mantener este ritmo. Cuando tenga una familia me gustaría dedicarle mucho tiempo, por lo que reduciría mis trabajos a la mitad, si hiciera falta. Cuando rodé mis primeras películas, mi hermana Mónica me acompañaba a todas partes, y ahora sigue ahí. En esencia, todo sigue igual. Todos cambiamos constantemente, a diario. El cambio puede ser muy positivo. Cuando una persona no avanza y no evoluciona, muere por dentro. Siempre me preguntan eso con una connotación negativa, pero en realidad creo que es todo lo contrario. Con los ojos muy abiertos y siendo lo suficientemente receptiva, vas conociendo cosas y madurando. Se trata de que sea una evolución positiva en cada aspecto de mi trabajo y también de la persona que soy.




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