sábado 27 de agosto de 2011

Amor llama dos veces, El / Larry Crowne, de Tom Hanks

El mínimo esfuerzo

Miguel Cane




Tuvieron que pasar 15 años, para que Tom Hanks regresara detrás de las cámaras después de su debut con la ligera, amena y pop-nostálgica Eso que tú haces, que gustó bastante, estaba bien realizada y en la que Hanks, director y guionista, tomaba un lugar secundario como actor, conteniéndose, para contar una buena historia. En su retorno a la silla de director, El amor llama dos veces, Hanks tiene que lidiar con otro tipo de concepto: un guión blandengue, complaciente y de segunda, a cargo de (¡sorpresa!) Hanks y Nia Vardalos (que después de la Boda Griega no ha vuelto a dar pie con bola) y una estrella que pesa demasiado para una película tan inferior: él mismo.





La trama, en sí, es un cliché. Amable, pero no por ello, menos cliché. Larry Crowne (Hanks) es un líder de primera en una gran compañía, donde trabajó desde que salió de la marina, que de pronto se queda sin empleo. Con una hipoteca disparatada, por una vivienda devaluada, y sin saber qué hacer con tantos días libres, de repente, Larry sigue los consejos de sus amigos y se inscribe en una universidad local para volver a empezar.



Ahí, Larry, como “pez-fuera-del-agua”, se junta con unos jóvenes que andan en motonetas que le pintan a Larry un futuro muy diferente al que se imaginaba y aprende a ser amigo de una generación que no conocía, bien buena onda. Como es natural en este tipo de cintas, Larry empieza a sentirse atraído por su guapa profesora, Mercedes (Julia Roberts), que ha perdido toda la pasión, tanto por la enseñanza como por el baquetón de su marido, Dean (Bryan Cranston, de Breaking Bad). Mercedes no puede negar que los cambios en Larry son una inspiración, ni tampoco su creciente atracción por su alumno madurito. El resto, no tiene sorpresas y usted lo puede adivinar sin necesidad de gastarse su dinero, que tanto cuesta ganar, en ver esta cosa condescendiente y anodina.




La química entre Hanks y Roberts es vaga, por no decir casi nula –si ni el mismísimo Mike Nichols logró encontrarla en Charlie Wilson's War, hace unos años-- y la película obviamente lo resiente. Usted ya vio esta película antes, con otros personajes pero una misma trama y el mismo “mensaje positivo” metido con calzador.

Si fue un fracaso en su país de origen (y no le demos vueltas: fue un fracaso, Harry Potter la hizo polvo), obedece al hecho de que pese a sus monas intenciones y realización competente, es una mala película. No es mi intención, por supuesto, que usted prejuzgue ni tampoco decirle que no la vea (el crítico de cine no es madre del espectador, ni mucho menos), simplemente cumple uno con la función de informar a usted que está ante un producto que, pese a estar bien hecho, no es un satisfactor. Acceda a la sala, bajo su propia cuenta y riesgo. Es una pena que a estas alturas del partido, Hanks, la Roberts y Cranston (que es un actor enorme) tengan que hacer esto para estar vigentes y cobrar un cheque.

El amor llama dos veces/Larry Crowne
Con Tom Hanks, Julia Roberts, Taraji Henson, Wilmer Valderrama y Bryan Cranston.
Dirige: Tom Hanks
EU 2011


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Mélanie Laurent canta "En t'attendant"






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jueves 25 de agosto de 2011

Rachel Weisz cuenta la verdad

Ganadora de un Oscar, estrella por mérito propio, esta belleza inglesa protagoniza Secretos Peligrosos.

Miguel Cane


Rachel Weisz in Universal Pictures' Definitely, Maybe


De serena belleza elegancia natural y larga cabellera oscura, Rachel Weisz (Londres, 1970), ha tenido una carrera diversa, y aclamada que incluye trabajar con grandes cineastas como Bernardo Bertolucci y un muy merecido Oscar por su papel en El Jardinero Fiel, donde interpretó a una apasionada activista cuyo marido se propone descubrir la verdad tras su asesinato. Ahora, en Secretos Peligrosos, dirigida por Larysa Kondracki, se mete en la piel de un personaje real: Kathy Bolkovac, una agente de policía de Nebraska, que en el 2000 viajó como voluntaria a Bosnia en una misión de paz y descubrió par su horror, cómo responsables de la ONU y otras ONGs se confabulaban con grupos de mafia para agilizar el tráfico humano con jovencitas. El caso llegó a titulares internacionales, sobre todo porque al descubrir esta red de corrupción, Bolkovac puso en riesgo su vida.


Rachel Weisz in Warner Bros. Pictures' Fred Claus


Este es un proyecto personal que has ido preparando desde 2006, ¿por qué ha tardado cinco años en llegar a los cines?
Cuando leí el guión yo estaba embarazada y pensé que era un trabajo de escritura increíble y un gran guión y una historia muy importante, pero creo que porque estaba embarazada era un poco angustioso para mí enfrentarme con él en ese momento. Pero nunca lo olvidé. Me persiguió por años.


Rachel Weisz in Focus Features' The Constant Gardener


¿Qué te cautivó de la historia?
El que forma parte de uno de mis géneros cinematográficos favoritos, una especie de thriller que es una historia de David y Goliat sobre una mujer normal que hace cosas extraordinarias, como en Erin Brockovich. Son madres que hacen sus trabajos y se encuentran con una injusticia y simplemente la persiguen. Se vuelven imparables y no se dan cuenta de que están haciendo algo heroico. En El Jardinero Fiel era Tessa, una mujer de alta sociedad con ideas progresistas, que es muy compasiva y alborotadora y Kathy no es así en absoluto. Ella es policía, es de clase obrera, es menos sofisticada que Tessa. Literalmente sólo estaba haciendo su trabajo. No estaba allí para causar problemas. Quería ayudar a la gente. Tenías ideas realistas que encarna la ONU y no puede evitar hacer lo que hace, porque para ella es lo correcto. Me inspiran enormemente las historias como la de Kathy, no porque la quiera emular, no tengo nada que ver con ella y si estuviera en su situación me hubiera ido a casa sin hacer nada. Estaría demasiado asustada. No llevo eso en mi naturaleza. No soy tan valiente como ella, o como en su momento lo fue Tessa, que estaba inspirada en la activista Yvette Pierpaoli, que también fue asesinada.


Rachel Weisz as Rachel in Universal's About A Boy


¿Qué es mejor, o diferente, sobre trabajar en una película más pequeña y de bajo presupuesto, como esta, a diferencia de una superproducción?
Son muchas cosas. Por ejemplo, la cantidad de escenas que teníamos que rodar al día era muy, muy grande, nadie estaba allí para hacer dinero, todo el mundo allí era realmente apasionado. Y muchas veces teníamos que ingeniarnoslas para hacer ciertas cosas con menos recursos. Pero también le pones más corazón a lo que haces. Por otra parte, tuve la suerte de poder trabajar con grandes actores como David Strathairn y Vanessa Redgrave, que son enormes maestros y muy generosos. Entonces los puedes ver trabajar más de cerca y aprender de ellos. En una película independiente hay más cercanía. En los estudios, todo es más controlado, menos espontáneo.

Las películas con un gran presupuesto atraen la fama y tú eres una celebridad. ¿Te molestan las invasiones a la privacidad, especialmente ahora?
Realmente soy afortunada, ¿sabes? No tengo ninguna invasión de privacidad. Sí, claro, me sacan fotos en el aeropuerto, porque ahí es donde están los paparazzi, en alfombras rojas y aeropuertos. Pero el resto del tiempo, me dejan en paz. Voy por todas partes de lo más despreocupada. Llevo una vida normal.


Rachel Weisz at the LA premiere of Lions Gate's Confidence


Te casaste hace poco con Daniel Craig. ¿Es más fácil convivir con alguien que tiene el mismo ritmo de vida y actividades que tú?
Supongo que sí, aunque es un elemento completamente aleatorio. Tanto él como yo veníamos de relaciones largas con personas que se dedican a hacer cine. Pero creo que lo importante es la comunicación, la empatía, el amor. Esos elementos son claves para todo tipo de convivencia. Tengo una buena relación con el padre de mi hijo (el cineasta Darren Aronofsky) porque terminamos en buenos términos. Con Daniel hay una relación completamente distinta. Es una cuestión de acoplarse, no sé cómo podría explicártelo, pero me entenderán. De hecho, la fórmula es bastante sencilla: es solo cosa de amar estar con quien estás.

Recuadro:
OTROS “CHIVATOS”


En Secretos Peligrosos, la cineasta Larysa Kondracki relata el caso de Kathy Bolkovac, una oficial de policía que expuso una red de corrupción que llegó a los más altos niveles de la ONU. Pero este no es el único caso de cintas que cuentan historias de personas valientes que rompen el silencio para denunciar diversos peligros, arriesgando sus vidas.

*Serpico (Sidney Lumet, 1973)
Al Pacino está increíble como el oficial Frank Serpico, quien en los años 60 y 70 denunció corrupción entre sus compañeros de la policía de Nueva York. Sus denuncias no solo le costaron el ostracismo de sus compañeros, sino que también pusieron en peligro su vida. Serpico aún vive y sigue siendo considerado una figura muy importante en la lucha por erradicar la corrupción de los cuerpos policiacos en la urbe más agitada del mundo.

*Silkwood (Mike Nichols, 1984)
Meryl Streep obtuvo su cuarta nominación al Oscar por su interpretación de Karen Silkwood, una humilde madre soltera, que trabaja en una planta que fabrica cartuchos de plutonio para una planta nuclear. Cuando descubre que hay corrupción corporativa en la planta, decide hablar con los medios, aún cuando hay quienes ponen un precio a su vida. El caso real concluyó en 1974, cuando Karen murió en un misterioso “accidente”.

*Marie (Roger Donaldson, 1985)
Sissy Spacek fue aclamada por la critica por su interpretación de Marie Ragghianti, una madre de familia que en 1977 fue destituida de su puesto en la mesa directiva de libertad bajo palabra del tribunal de Tennessee, al llevar a cabo una investigación que implicaba corruptelas en el sistema penal. Marie fue difamada por los medios locales, pero llevó su querella civil ante la suprema corte y logró mandar a la cárcel a varios importantes miembros del ministerio de justicia de su estado.

*El Informante (Michael Mann, 1999)
Russell Crowe causó furor al transformarse en Jeffrey Wigman, ejecutivo de una compañia tabacalera que, al sufrir una crisis de consciencia, decide hablar con el programa 60 minutos (cuyo productor es interpretado precisamente por Al Pacino), para hacer revelaciones que afectarían para siempre a la industria y la percepción pública de sus productos, aún si el precio que tiene que pagar puede ser demasiado alto. La actuación de Crowe es tan sensacional, que hay quienes afirman que el premio Oscar que recibió en 2001 por Gladiador, en realidad se lo merecía por esta memorable cinta.


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miércoles 24 de agosto de 2011

Beginners, así se siente el amor / Principiantes / Beginners, de Mike Mills

Francisco Peña

“Mi nombre es Anna. Estás preocupado porque no puedes confiar en mí porque no sabes quién soy. Entiendo, eso lo puedo comprender.” – Anna (Mélanie Laurent).




Beginners, así se siente el amor, es una joya muy disfrutable para los amantes del buen cine. El film, dirigido y escrito por Mike Mills, equilibra con delicadeza temáticas poco usuales con una realización que recrea las mejores visualizaciones del cine independiente norteamericano. Artísticamente el resultado está muy por encima de la línea de flotación del insípido cine comercial hollywoodense. Es una delicia para el público que gusta de los retos en pantalla tanto para su inteligencia como para su gusto visual. En síntesis, es una cinta que hay que ver.

Cartel del film Beginners, de Mike Mills.


Por la parte temática Beginners, así se siente el amor, seduce al espectador al interrelacionar tres mundos en apariencia inconexos: las relaciones amorosas de una pareja heterosexual; la diversidad sexual cuando un esposo, después de 45 años de matrimonio, revela que es gay y se acerca a la cultura de la diversidad sexual para vivir su preferencia; el mundo de los adultos mayores que confrontan enfermedad y muerte.

Planteado así suena como una película muy “dramática”, pero una de las múltiples virtudes de Beginners (“Principiantes” en España) es plantear la relación de estos temas en forma muy humana y accesible.

El crisol donde se entrelazan las temáticas en el film es la familia como protagonista conjunta, que atraviesa por distintas etapas fuertemente condicionadas por la Historia, los cambios sociales una comunidad y los paradigmas ideológicos que la “definen”, y que son promovidos por los medios de comunicación y el sistema político. Así la familia Fields, en apariencia, es una familia “normal” de acuerdo a los paradigmas ideológicos de los años 50 en la sociedad estadounidense: sus miembros son heterosexuales, blancos, protestantes y anglosajones. Al “cumplir” con estos paradigmas sólo ellos “tienen derecho” a la felicidad tal y como es descrita en los medios de comunicación y publicidad (en 1955). Pero la cinta se ubica en 2003 como su presente, con paradas históricas en 1948, 1963, 1975 como marcas de cambios sociales decisivos en Estados Unidos.

Reunión familiar entre el padre Hal con su perro Arthur, y Owen, el hijo.


El contexto cultural e histórico que marcan esos años (1948, 1955, los años 60, 1975, 2003) se refleja en el microcosmos familiar de los Fields, finalmente condicionados por los paradigmas ideológicos de cada época en la que creció cada generación. De esta forma, el padre Hal (Christopher Plummer), la madre Georgia (Mary Page Keller) y el hijo Oliver (Ewan McGregor) viven en apariencia la “felicidad y armonía” de una familia con ideales de los 50’s.

Pero la realidad es otra. No hay tal cosa como una “familia normal” sino una forma de vida “mayoritaria” –que no es única- y que esconde otros múltiples tipos de familia que son invisibles. La familia “normal” Fields oculta sus propias contradicciones internas aún entre sus propios miembros y resulta ser, en el fondo, tan “anormal” como cualquier otra familia humana en cualquier país del mundo.

Hal y su hijo Owen hojean libros entre los anaqueles de una librería.


Ya en 2003, después de la muerte de Georgia, la madre, las contradicciones familiares salen a flote. A los 75 años, Hal Fields confiesa a su hijo Oliver que es gay, que es un hombre homosexual que ha tenido un matrimonio por 44 años y que a partir de ese momento decide asumir pública y socialmente su homosexualidad de manera activa. No sólo eso, sino que busca de manera activa una pareja masculina para ser feliz a pesar de las condicionantes derivadas de su propia edad.

Hal en el momento de revelar a su hijo que siempre ha sido una persona gay.


Oliver tiene sus propios problemas sentimentales con las mujeres, con una larga fila de fracasos, derivados de su infancia y adolescencia en esa familia. Así es como “siente el amor” y es la revelación de su padre (de que es gay) la que lo pone en camino de confrontarse a sí mismo, entenderse, darse una oportunidad real de amar a una mujer y ser feliz.

Sólo que la mujer de la que Oliver se enamora en 2003 es Anna (Mélanie Laurent), que también viene de una familia “normal” perfectamente “disfuncional”. La chica también “siente el amor” de forma heterodoxa: su relación con su medio social se resuelve con una migración constante entre varios cuartos de hotel en diferentes ciudades. La huída de Anna de sí misma es externa… geográfica; la huída de sí mismo de Owen es interna… psicológica.

Owen (EwanMcGregor) cena con Anna (Mélanie Laurent).



Con estos cuatro personajes la cinta de Mike Mills se embarca en un interesante e inteligente cuestionamiento social y presenta varias ideas interesantes para que los espectadores obtengan sus propias respuestas.

Hal, el padre gay, es actuado por Christopher Plummer.


La familia “normal” es sólo una “ilusión ideológica” sustentada en la cotidianeidad, en “dulces costumbres”. Por ejemplo, Mills la presenta en una edición compactada de los diferentes besos de despedida entre Hal y Georgia cuando él sale al trabajo y que Owen observa. Poco a poco ve que entre los padres hay cariño, quizás un amor amistoso pero algo falta. La repercusión en Georgia es un alcoholismo controlado y soledad, en Hal es distanciamiento de su esposa e hijo, en Owen en inseguridad (como tener que salvar a su madre de situaciones sociales inconvenientes sin entender la causa profunda). Es decir, la familia tiene miembros con una psicología diversa entre sí que no corresponde al “ideal ideológico”.

*En ese sentido, todo el film tiene una atmósfera “extraña” (weird) que remarca continuamente la distancia entre realidad e “ilusión ideológica – mito histórico” de una época determinada. Eso se logra por medio de resúmenes históricos con imágenes y monólogo de Owen, que se repiten con variaciones en distintos puntos de la película y que señalan dicha confrontación.

Owen sostiene una conversación con el perro Arthur.


Owen: “Este es 2003, así se ve el Sol (a color)… y las estrellas. Este es el presidente (foto de Bush hijo). Y este es el Sol en 1955 (en blanco y negro)… y las estrellas… y el presidente (foto de Eisenhower). Mis padres se casaron en 1955 (varias fotos de parejas heterosexuales blancas, protestantes en sus bodas y con pastel, muy sonrientes, besándose, en blanco y negro). Tuvieron un hijo y estuvieron casados 44 años (enfermera y recién nacido b&n) hasta que mi madre murió (los besos cotidianos de despedida en color)…”

A lo largo de la cinta, se observa como los miembros de la familia son diversos pero están condicionados por el ambiente de su momento histórico, y la discriminación social cuyas manifestaciones también se van transformando a lo largo de los años. Tan es así que cada uno de ellos ha manejado su vida con la preocupación de ser víctimas de la discriminación abierta y soterrada que permea la sociedad estadounidense.

Hal y Owen conversan.


En el armado de la narración el público descubre que Georgia ocultó que era judía por temor a la discriminación laboral, familiar (sólo le dice a Owen que es ¼ judío) y social (el desprecio de las amigas adolescentes) que podría sufrir en su vida por el solo hecho de ser judía. Hal oculta 44 años que es gay por los mismos motivos de discriminación (razzias policíacas en los 50 contra los gays) y sólo lo sabe su mujer Georgia. El que Georgia lo sepa y lo acepte también se debe a un “paradigma ideológico” cuya justificación es “científica”: en 1955 la homosexualidad era considerada una “enfermedad”, pero que además era “curable” (desde tandas interminables de electroshocks en el cerebro hasta curaciones psicoanalíticas). En el momento de su matrimonio, Georgia consideraba que Hal estaba “enfermo” y ella podía “curarlo” y cambiar su sexualidad, incluso le dice “Yo lo arreglaré – I’ll fix that”. Georgia y Hal sólo actuaron conforme a las “ilusiones ideológicas” y “científicas” de su momento.

Por su situación familiar, cuyas raíces profundas desconoce hasta la confesión de su padre, Owen crece con su propia inseguridad frente a las mujeres, y enfrenta otro tipo de discriminación social menos aparente que la de sus padres: sus amigos y amigas le cuestionan su inestabilidad emocional y su falta de pareja, lo que lo margina en eventos sociales. Pero Owen es producto de otro momento histórico por lo que acepta la confesión de su padre, lo trata como persona y lo alienta en su nueva relación. En la juventud de Owen se da el nacimiento del movimiento de protesta gay. En 1975 surge la Bandera del Arcoíris y ocurren los asesinatos de Harvey Milk y el alcalde Moscone en San Francisco, por un homofóbico desequilibrado (Universal también distribuyó la excelente cinta Milk, 2008, de Gus van Sant, con Sean Penn, visible en DVD). Estos acontecimientos también tienen su resumen en pantalla (Este es el presidente… con foto a color de Jimmy Carter), por lo que se relacionan claramente con Owen como un producto de su tiempo.

Owen desconcertado (protagonizado por el actor Ewan McGregor).


Así que la familia no es “normal”; ni Hal, Georgia, Owen o Anna son “normales”. Mills, como guionista y realizador muestra a su público que todo ser humano –todos y todas- somos diversos, y que la Igualdad, entre otras cosas, se refiere a tener opción a la felicidad en igualdad de condiciones que el resto de la población, lo que implica igualdad de derechos como se presenta con claridad en la cinta Milk. La otra vertiente de la Igualdad se da en los sentimientos y emociones, que se pueden manifestar de distintas formas pero que esencialmente todos y todas compartimos: amar y ser amados, por ejemplo, son rasgos que todos compartimos, y en ese sentido no somos tan diferentes en lo referente a las necesidades básicas de todo ser humano.

Anna y Owen caminan por el pasillo de uno de los distiontos hoteles donde ella vive.



En el film, el caso más claro de lucha por la Igualdad se da en el personaje de Hal, el padre gay. A partir del acto de sinceridad con su hijo respecto a su homosexualidad, y en contra de “la ilusión ideológica” de que el adulto mayor ya no tiene utilidad social, Hal se embarca en una actitud vital que lo lleva a buscar su pareja gay por el tiempo que le quede de vida. Se une al movimiento gay y toma parte activa en éste, descubre nuevas amistades y las disfruta, trabaja y se organiza. Finalmente Owen lo observa y comenta, sin dejo de amargura u homofobia, que ve a su padre enamorado y feliz como merece todo ser humano.

En su nuva vida, Hal entra a la escena de la diversidad sexual en un bar para gays.


Andy, la nueva pareja gay de Hal, y el mismo Hal, en un evento de la comunidad gay.


Sin embargo, en el mismo Hal se entrecruza otra variable: su edad. Descubre que no pasa por situaciones discriminatorias abiertas por ser gay, como resultado de la lucha del movimiento gay por sus derechos; las sufre por ser un adulto mayor en el trato de cierto personal de enfermería. Frente a la aceptación de su edad por parte de su pareja gay, que es un hombre mucho más joven, está la actitud social frente a su carácter de adulto mayor. Sin embargo, queda claro al público que en la sociedad estadounidense el rechazo al adulto mayor es mucho menor que en México. En nuestro país, la sociedad mexicana con su discriminación abierta y deshumanizada condena a que el 85 por ciento de sus adultos mayores no tengan empleo; que sólo el 30 por ciento de los adultos mayores tenga algún tipo de seguridad social… claro, sin mencionar que muchas pensiones y jubilaciones son de hambre.

En cambio, Owen establece una sana relación con su padre no sólo en su carácter de gay sino también de adulto mayor. La confesión de su padre, en lugar de alejarlo lo acerca. Durante el período de su enfermedad consigue reestablecer el vínculo afectivo y eso lo lleva a verse a sí mismo, darse la oportunidad de cambiar y tener una relación sentimental con una nueva compañera. El cimiento de este cambio motivado es la honestidad del padre y la comprensión del matrimonio de sus padres.

Owen mira a su padre en el hospital.


Owen rasura con cariño a su padre, que por su condición física ya no puede hacerlo.


Es pues el momento de hablar de Anna (Mélanie Laurent), la joven actriz. Es quizás, el personaje más difícil de desentrañar por parte del público. Su presentación en el film es simbólica: muestra la “extrañeza” (weird) de la supuesta “normalidad”. Durante buena parte de la cinta Anna no habla sino que escribe para conversar con Owen: se conocen en una parodia de psicoanálisis, Owen disfrazado de Freud y Anna vestida de hombre como paciente que no habla.

Anna le sonríe a Owen, sentada en la cama de su cuarto de hotel.


A lo largo de sus encuentros y desencuentros, Anna se revela como una gente que escapa de la relación con su padre y su hogar “normal” en una constante huída hacia adelante por medio de distintas ciudades y cuartos de hotel. Al ser el personaje más joven es evidente que ya no tiene actitudes discriminatorias ni las sufre; sin embargo, sigue en la búsqueda de la igualdad. Ya no se trata de una igualdad de derechos y leyes sino de trato de género en sus facetas emocionales. La pareja de la cual se enamore Anna, para la cual “sienta amor”, debe primero respetar su irrestricta libertad de ser cómo es. Cualquier compromiso sentimental que ella acepte debe estar acompañado por parte de su compañero de una aceptación plena de su forma de ser.

Anna conversa con honestidad con Owen, previo acuerdo de no tocarse sexualmente.


Anna no sólo no habla en buena parte de la cinta (por motivos naturales, no por pose snob) sino que marca la frontera en los primeros acercamientos: aceptar pasar la noche en el departamento de Oliver pero sin tocarse. Dormir es dormir. Owen pasa la prueba y, a su vez, Anna cede libremente una parte de sí misma: habla.

Anna se acerca a Owen para besarlo: el inicio de la mutua confianza y la igualdad afectiva para la mujer.


A partir de ese momento Anna convive con Owen en múltiples situaciones cotidianas que, para el cine hollywoodense superficial, en apariencia no tienen valor (es más, ni siquiera aparecen con frecuencia en pantalla: desayunar, comer, mostrar la casa, platicar lo ocurrido en el día). A lo largo de estas situaciones cotidianas Anna va calibrando el carácter y sentimiento de Owen hacia ella; percibe su inseguridad, que aunada a la propia, la lleva a un aparente punto de no retorno. Sin embargo, la cotidianeidad es lo que le permite a Anna ser el personaje más libre, más cómico y humano de la narración. Es así como ella deja atrás la desconfianza y se acerca más a Owen tomando siempre la iniciativa en los momentos más significativos. Tal pareciera que Anna ejecuta la dialéctica de “La Zorra y el Principito” (en El Principito, de Saint-Exúpery) donde, para que la zorra y el principito sean amigos, ella se acerca un poco más cada día hasta estar juntos; cosa que sería imposible si el principito se juntara de golpe a ella sin una previa construcción de la mutua confianza.

Anna y Owen comparten cama, pero no sexo, para poder compartir sueños afectivos.


En ese sentido, lo que pide Anna es una equidad de género emocional y real, no construida en un falso discurso “igualitario” donde lo que se dice no corresponde a las acciones reales. Desea que Owen la tome como es para ella, a su vez, tomarlo como él es en igualdad de condiciones. Cuando ella percibe que la relación no camina y Owen la despide, puede marcharse… aunque con la intuición de que la relación podría renovarse si Owen se renueva a sí mismo.

En ese sentido, el padre Hal y la chica Anna comparten y convergen en algo, cada quién a su manera: el ejercicio de la libertad personal y la búsqueda de la igualdad afectiva. La liberación del primero permitirá que la chica encuentre a un verdadero compañero y, quizás a partir de ese encuentro sincero con Owen, dejar de migrar incesantemente y quedarse en un solo lugar con un solo compañero. En ese sentido, Anna es una chica postmoderna y postfeminista; ahora la meta parece estar en otra parte: en la igualdad de género, en la igualdad afectiva.

Anna y Owen conversan en una librería.


Eso no implica que Anna haya renunciado a sus convicciones, de lo cual Owen es testigo –sufrido en ocasiones- en varios momentos de la narración. Ella es actriz y se debe a su carrera, es libre y no se deja amarrar por los chantajes emocionales del padre, es mujer libre y no se deja someter, no acepta ataduras emocionales sino mutua aceptación. En síntesis, Anna es el personaje más rico y satisfactorio del film de Mike Mills.

Anna contempla la ciudad desde la ventana.


Todas estas interrelaciones de los personajes (sus características emocionales, psicológicas e ideológicas) no serían tan disfrutables por parte del espectador si no estuvieran acompañadas de una excelente factura cinematográfica.

Por principio de cuentas parte del gran atractivo del film, distribuido por Universal, es que el público tiene un papel activo en el armado de la historia de la familia Fields y en los procesos amorosos de Owen y Anna; de Hal, Georgia y a la muerte de esa, de su nueva pareja Andy (Goran Visnjic). Esto se debe a que la forma narrativa del film es modernista (¡ya nos hacía falta ver algo así!) y por lo tanto no es lineal. Sus tiempos están fragmentados y a partir del presente de 2003 hay flashbacks a las distintas épocas del pasado. Pero no sólo eso, hay flashbacks dentro de los flashbacks. Todos los saltos temporales, algunos de ellos realizados con una extraordinaria edición a cortes directos (otro de los atractivos del film) van aportando datos históricos, sociales y, sobre todo, psicológicos y existenciales de los personajes.

Anna y Owen, en el cuarto de hotel. Anna comienza el acercamiento con Owen.


El público activo, cinéfilo, que sabe que el Cine puede ser y es el Séptimo Arte, va estructurando la narración y las imágenes alternadas para descubrir una historia rica en matices y conceptos, como se ha descrito antes.

Con este enfoque, reitero que las situaciones cotidianas son muy significativas en el guión. Rechazadas por el Hollywood más superficial que ni siquiera las pone en pantalla, aparecen en este film como aparentes tiempos muertos en diálogos y acciones que, sin embargo, no lo están. En esas situaciones siempre ocurre algo, siempre hay movimiento de cámara y los diálogos aparecen poco a poco para irse sedimentando. Estos tiempos muertos si están vivos y gozan de buena salud.

Tiempo cotidiano: Owen juega y platica con el perro Arthur.


Al final, esa cotidianeidad acumulada por capas experimenta un fuerte cambio cualitativo y salta más allá: ocurre algo inesperado que ilumina y nos hace entender la importancia real de todo lo que hemos visto antes. Ese momento es muy disfrutable para el espectador, es el momento de la comprensión estética, el mayor goce que produce Beginners como película.

Como colofón, este disfrute estético del espectador no sería posible sin un magnífico trabajo actoral y una dirección de Mike Mills que cuida el mínimo detalle sin ser obvia.

Christopher Plummer, toda una institución en la historia del cine, le da a Hal una vitalidad inusual, un goce de la vida a los 75 años que ya quisiéramos muchos de edades menores. Su actuación tiene un registro de baja intensidad pero pleno de matices en las reacciones del personaje ante sus circunstancias. Sin duda, Plummer es un clásico del cine.

Chistopher Plummer, de 82 años, actúa a Hal, el padre gay de 75 años.


Christopher Plummer como Hal, en una fiesta de la comunidad gay.


Ewan McGregor nos enseña una faceta diferente a sus trabajo más conocidos (Obi Wan Kenobi, claro) y nos aporta un registro de emociones contenidas más cerrado que el resto de los actores y actrices. Sin embargo, Owen-McGregor maneja con mucha destreza la expresión facial que se convierte en el eje para plasmar en pantalla los cambios emocionales del personaje y su madurez final.

Ewan McGregor. Owen, serio, escucha a su padre.


Anna y Owen juegan en el parque. Él sostiene con el brazo izquierdo al perrito Arthur, mientras con el derecho le tapa los ojos a ella que ríe.


A pesar de que Georgia está poco tiempo en pantalla, Marie Page Keller hace un trabajo extraordinario con los ritmos del cuerpo para expresar la frustración, impaciencia y hastío de su personaje.

Finalmente, quien a mi juicio tiene la labor actoral más destacada es Mélanie Laurent como Anna. Es un personaje difícil por los altibajos que vive aunque siempre enmarcados en su meta final de igualdad afectiva dentro de la igualdad de género. Laurent acomete la tarea con la herramienta gestual centrada particularmente en ojos y labios; a partir de ellos desarrolla toda una gama de sentimientos que van desde el desengaño y la depresión a la risa abierta y libre. Incluso su actuación no está exenta de picardía (única entre los personajes) al percibir lo inseguro que se siente Owen frente a ella, no sólo en lo sexual sino en lo existencial. Esa brillante mezcla de picardía, atracción y comprensión frente a las debilidades del Otro sólo puede ser tripulada por buenas actrices.

Mélanie Laurent encarna a Anna, que sonríe abiertamente a Owen (Ewan McGregor).


En síntesis, Beginners, así se siente el amor, es un excelente film que hay que ver. Sus planteamientos acerca de la discriminación social y cómo condiciona la vida íntima de los individuos, así como la búsqueda de la igualdad afectiva de las personas, no dejarán indiferente a un público ávido por disfrutar un film respetuoso de su inteligencia y capacidad de goce estético y que, finalmente, no sólo lo trata como un espectador sino como un digno ser humano.

Anna y Owen caminan tomados de la mano, y sonríen.


Beginners, así se siente el amor (México) / Principiantes (España) / Beginners (EUA)
Duración: 105 minutos. Año: 2011. Director y guión: Mike Mills. Música original: Roger Neill, David Palmer, Brian Reitzell. Fotografía: Kasper Tuxen. Montaje: Olivier Bugge Coutté. Reparto: Ewan McGregor (Oliver Fields), Christopher Plummer (Hal Fields), Marie Page Keller (Georgia), Goran Visnjic (Andy) y Mélanie Laurent como Anna. Distribución: Universal.

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domingo 21 de agosto de 2011

Secretos peligrosos / The Whistleblower, de Larysa Kondracki

La mujer que sabía demasiado

Miguel Cane




La cineasta debutante Larysa Kondracki fue la elegida por Rachel Weisz para dirigir Secretos peligrosos (The Whistleblower), interesante melodrama de carácter político, ostensiblemente basado en el caso real de Kathryn Bolkovac, una policia del estado de Nebraska, que fue contratada por la reconocida compañía militar privada, DynCorp, para investigar una serie de irregularidades ocurridas durante la época de la postguerra en Bosnia.





A su llegada a la localidad, Bolkovoc descubre que una considerable cantidad de oficiales de la ONU y la misma compañía estaban implicados en el tráfico de jovencitas que fueron engañadas con trabajos falsos, la mayoría de ellas del este de Europa, y llevadas a la región como esclavas sexuales. Pero este descubrimiento lejos de llevar a la polícia a su cúspide como custodia de la ley y los derechos, le traería una serie de dificultades que incluyó la compra de testigos falsos para encubrir el hecho y enlodar su labor como investigadora.




Su lucha por revelar esta red de corrupción llegó a titulares internacionales y puso en riesgo su vida y eso es lo que la cinta va narrando, siguiendo la fórmula probada por Sidney Lumet en Serpico (1973) en la que Pacino se transformaba en Frank Serpico, agente de la policía de Nueva York que al ir ascendiendo a detective, descubría toda serie de corruptelas y las denunciaba, pagando por su honradez casi con su vida.

La Weisz está muy bien como Bolkovac, una mujer valerosa pero también humana, con defectos y con inseguridades, que le dan una dimensión al personaje (si hubiera sido una heroína de ficción, posiblemente el balance habría sido diferente) y la hacen empática al espectador. Y es importante que lo consiga, porque es en los hombros de la actriz donde recae el peso de la cinta y es algo muy delicado, puesto que podría caer en exageraciones y Weisz siempre mantiene su presencia e interpetación bajo control, muy al estilo de Meryl Streep en Silkwood (de Mike Nichols, que tenía una temática similar). Un reparto internacional acompaña a Weisz: Monica Belluci (totalmente desprovista de su aura sexy como una burócrata oficiosa y odiosa), David Strathairn y la monumental Vanessa Redgrave como Madeleine Reece, el principal soporte de Bolkovac.

La cinta es ágil e inteligente. Se deja ver muy bien, y es un trabajo que invita a enterarse más acerca de la horripilante realidad del tráfico de personas. Su realización es aceptable y funciona, si bien, en manos de un director más avezado, hubiera fluido mejor (uno se pregunta qué habría hecho Paul Greengrass, por ejemplo), pero cumple bien su cometido y deja perfilar una actuación excelente por parte de la Weisz, que es una de las mejores actrices de su generación, en activo hoy en dia.

Secretos peligrosos/The Whistleblower
Con Rachel Weisz, Vanessa Redgrave, David Strathairn y Monica Belluci
Dirige: Larysa Kondracki
Canadá/Reino Unido/Alemania 2010

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sábado 13 de agosto de 2011

Llave de Sarah, La / Sarah's Key / Elle s'appelait Sarah, film de Gilles Paquet-Brenner

Sombras del pasado

Miguel Cane









Estadounidense avecindada en París, la periodista Julia Jormond (una espectacular Kristin Scott Thomas) se propone escribir acerca de los sucesos que en julio de 1942 llevaron al gobierno colaboracionsta francés a encerrar a miles de judíos en el Velódromo de Invierno para su posterior deportación, y al resto del pueblo a apartar la mirada. Sesenta años después del holocausto, Julia quiere mantener vivo ese recuerdo a través de la historia de Sarah Starzynski, una niña que llevó consigo una historia trágica: la de la promesa que hizo a su hermano menor, que a su vez implica una tragedia impactante.




Adaptando la novela de Tatiana de Rosnay, Gilles Paquet-Brenner traza una parábola sobre la pérdida de la inocencia en la que una niña se convierte en metáfora de una Europa que de repente debe pasar a la edad adulta vía trauma y que sólo puede tener un destino último al contemplar el horror del que son capaces las personas. Y habla de los temas que siempre han rodeado y siempre rodearán tan trágicos hechos: el remordimiento y la culpa de los responsables de la atrocidad. Lo curioso en La llave de Sarah es que ese remordimiento y culpa terminan manifestándose más en la experiencia de quien no es responsable directo (la propia Julia) que de las propias autoridades del régimen de Vichy.




Por eso es quizá más interesante el vínculo invisible que surge entre Julia y Sarah que la propia contextualización histórica: ambas mujeres están imbuidas por un fuerte sentido de la responsabilidad hacia una "causa perdida". Sarah no cesará de intentar cumplir su promesa a su hermano; Julia no descansará hasta que no reconstruya y explique toda la historia de Sarah. Y ello se convertirá en una cruzada de la periodista en pos de la verdad que la llevará casi quijotescamente a perseguir el matiz histórico ya sea París, Nueva York o Florencia. Porque para Julia se trata de rescatar del olvido aquello que se conoce como la Memoria Histórica.

Sin embargo, aunque la trama es estupenda, el resultado no llega a ponerse a la altura de esas buenas intenciones. La película parece un remedo de algunos de los últimos éxitos del drama con ojo puesto en el Holocausto (La decisión de Sofía, La vida es bella, El Pianista, El lector), solo que Paquet-Brenner prefiere jugar la carta del melodrama en algunas ocasiones, lo que termina por deslucir un conjunto que, parece, buscaba la desnudez honesta de las emociones. Afortunadamente en muchas escenas encuentra un sabio equilibrio entre el drama desgarrado y la sensibilidad delicada, si bien las dos historias paralelas no terminan de embonar y el conflicto sentimental de Julia, con un marido de por medio y un bebé por nacer queda desdibujado, poco desarrollado y, por ello, frustrante.

Tanto Kristin Scott Thomas (Julia) como Mélusine Mayance (Sarah) hacen un trabajo espléndido porque han sabido captar la esencia de ambos personajes. La primera es una mujer madura que tiene que hacer frente a una gran carga emocional que le llevará a cambiar su vida, y Kristin expresa muy bien esa lucha interior. Por otro lado Sarah es una chica que lucha para sobrevivir y Mélusine sabe interpretar ese aspecto.

Esta es una película sencilla y emotiva, sin grandes pretensiones, que muestra al espectador una de las muchas historias, horribles, que dejó el nazismo, aunque pudo haber llegado mucho más lejos, pero no se atreve a saltar al vacío. Y eso es una pena porque habría funcionado muy bien.

La llave de Sarah/Sarah's Key/Elle s'appelait Sarah
Con Kristin Scott Thomas, Michel Duchaussoy, Niels Arestrup y Mélusine Mayance
Dirige: Gilles Paquet-Brenner
Francia/Reino Unido/Italia 2010

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Kristin Scott Thomas: primera actriz

Protagonista de numerosos filmes aclamados por la crítica, regresa con un éxito sorpresa del verano La llave de Sarah, que ha sido una sensación en Europa.

Miguel Cane




En el filme La llave de Sarah, basado en la exitosa novela de Tatiana de Rosnay, que tomó por sorpresa las listas de los libros más vendidos en Francia en 2008, y dirigido por Giles Paquet-Brenner, la elegante Kristin Scott Thomas (Cornwall, 1960) tiene uno de los mejores papeles de su carrera, que incluye filmes como El paciente inglés, Luna amarga y Hace mucho tiempo que te quiero: ahora interpreta a a Julia Jarmond, una periodista que poco a poco descubre que su hogar está intrínsecamente relacionado con la tragedia de una familia judía francesa durante el Holocausto. Tanto el libro como la cinta han recibido muy buena crítica y la actriz, que desde 1986 reside en Francia, ha recibido una nueva nominación al premio César (es la tercera vez).


Kristin Scott Thomas Cannes Film Festival 5/21/2003 Photo: Tony Barson, Wireimage.com


¿Qué te hizo querer formar parte de esta historia?
Conocí a Giles en Nueva York, cuando yo actuaba en una obra de teatro, la noche en que Obama ganó las elecciones presidenciales. Había leído el guión y lo encontré increíblemente interesante, porque aborda el complicado tema de cómo vivir con el pasado y seguir adelante con nuestras vidas, con la memoria llena de dolorosas historias que nos provocan culpabilidad y vergüenza. Son cuestiones que mucha gente ha llevado dentro durante muchos años. También me gustó el hecho de que trate sobre la redada de judíos de 1942 en París, que es algo casi tabú, pero desde un punto de vista diferente, fijándose en la consciencia moderna de una tragedia que la mayoría ha olvidado. En aquel momento Francia se dividía entre los héroes y colaboradores por un lado, y la inmensa mayoría que sólo quería salvarse, por el otro. Es bueno y liberador poder tratar estos temas.


Kristin Scott Thomas in Sony Pictures Classics' The Valet


¿Cómo se prepararon tú y el director para la película?
No nos vimos mucho antes del rodaje, porque yo estaba ocupada con la temporada en Broadway. Fue justo antes de empezar, que Giles me enseñó las escenas de 1942 que se acababan de rodar y eso me ayudó mucho. En el rodaje, lo que más me sorprendió fue su actitud frente a los problemas. Cuanto más difíciles se ponían las cosas, más claras y precisas eran sus indicaciones y decisiones. Eso nos daba mucha tranquilidad.


Kristin Scott Thomas Cannes Film Festival 5/21/2003 Photo: Tony Barson, Wireimage.com


¿Fue complicado entrar en el personaje de una periodista estadounidense casada con un francés que hace un reportaje sobre la conmemoración de la redada?
No mucho, porque mi personaje es muy cercano a mí, socialmente. Tengo muchos amigos periodistas, como Julia. Yo podría ser ella perfectamente, por lo que me fue muy fácil identificarme con su vida. Además, leí la novela antes de rodar y me ayudó a concretar aun más el personaje. Pero es importante entender que el personaje del libro no es el mismo que el de la película.




¿Fue emocionalmente duro tener que rodar escenas en el museo de conmemoración del Holocausto?
Mi suegra ha participado activamente en acciones para que esta tragedia no se olvide jamás. Formó parte de un comité que luchaba por colocar placas en las escuelas con los nombres de los niños judíos deportados y asesinados. Cuando las ves, o cuando entras en el Museo del Holocausto, y te enfrentas cara a cara con todos estos recuerdos, tu percepción de las cosas cambia. Como dice mi personaje en la película, cuando profundizas en el tema, te das cuenta de que es muy fácil imaginarse la importancia de ver como se llevaban a estos niños sin que pudieras protegerlos. Mi reacción al monumento al holocausto fue muy intensa, la misma que habría tenido mi madre, o, supongo yo, cualquiera.

Tu interpretación en toda la cinta es muy reservada y contenida. ¿Se buscó deliberadamente el alejarse del sentimentalismo para lograr un mejor efecto?
Dios, sí. Verás, teníamos que evitar esta trampa a toda costa. Nada de melodramas. El objetivo de la película es demostrar que la vida sigue y que el ser humano tiene esta capacidad de recuperarse ante la peor de las tragedias. Incluso después de todo lo que sufre, Sarah deja atrás a sus propios hijos. Era importante no centrar toda la atención en emociones inútiles, incluso si a mí, personalmente, me afectara profundamente. Mi personaje debe superar sus emociones. No hay que olvidar que Julia es una periodista de investigación que tiene en cuenta los hechos desde un punto de vista profesional. No empieza a sentirse afectada hasta que su investigación la lleva hacia Sarah y su historia. Y luego se da cuenta de que, tras haber perdido toda esperanza, está embarazada, pero su marido le pide que aborte. Todos estos elementos minan su personalidad y hacen que se sienta más vulnerable, pero mi interpretación no podía ser muy exagerada, porque la parte de la película que transcurre en 1942 ya es bastante sobrecogedora, y habría sido contraproducente exagerar las emociones en la parte moderna de la historia. De hecho, la comparación de las dos épocas nos demuestra que aunque las personas lograron superar los horrores de la Segunda Guerra Mundial, Julia siente que su mundo se derrumba cuando intenta hacer frente a situaciones mucho más simples en el siglo XXI.

Hay una conmovedora escena con el personaje de Aidan Quinn ¿que es lo que más te gusta de el como actor?
Su sencillez. Como aficionada al cine he sido fan suya desde hace ya muchos, muchos años, y fue una sorpresa ver lo profesional que es y lo poco estrella de Hollywood que es. Fue una maravilla trabajar con el, porque todo fue muy natural, igual que con Frédéric Pierrot, que interpreta al marido de Julia. De hecho fui yo quien le sugirió para el papel. Tiene un gran talento y es fascinante ver con qué facilidad se mete en un personaje tan complejo y multifacético: padre de familia, hijo enredado en asuntos turbios del pasado, marido y empresario. Es un privilegio verlo crear un pesonaje.

¿Dirías que es difícil salir del personaje cuando acaba un rodaje?
No debería serlo. Por tu propia sanidad mental. El rodaje fue complicado porque, como ya he comentado, tuve que interpretar a esta mujer que se lo guarda todo dentro y vive con una terrible angustia emocional que no se permite revelar. Julia quiere desentrañar todo el misterio del pasado mientras una nueva vida se gesta en su interior. Es una contradicción muy compleja de interpretar y que requirió una gran concentración. Yo soy muy diferente. No soy afecta a guardarme las cosas. El estoicismo, en la vida real, no se me da. Soy muy afecta a la confrontación, a hablar las cosas hasta la última palabra. Créeme, eso me ha traído algunos problemillas desde que yo era una niña (se ríe). Julia, en cambio, aguanta, aguanta y aguanta un poco más... y a la larga eso te agota. En cuanto terminó el rodaje, me tomé unas vacaciones y me desconecté por completo de ella. Es un personaje bellísimo y muy satisfactorio, pero como todos los personajes así, lo mejor es dejarlos en el set y hacer otra cosa de inmediato.

¿Cómo te sentiste al ver la película ya terminada?
¡Me encantó! Durante el rodaje jamás tuve una idea completa de la fuerza de la película. Lo que no se veía en el guión, y lo que Giles logró a la perfección durante la fase de edición, fue la increíble mezcla entre presente y pasado. Giles consiguió enlazar de un modo muy bien definido los dos periodos, y por eso al final, como espectadores, estamos tan enganchados a la investigación de Julia como a la fuga de Sarah. Y esto tuvo que ser un reto. Y lo hizo además como un filme muy hermoso. Espero que el público aprecie ese trabajo y también que se lleven algo de la cinta con ellos al salir del cine.



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