miércoles 29 de julio de 2009

Terminator: la salvación / Terminator Salvation, de McG

Cinema chatarra

Miguel Cane




Para quienes tienen devoción por el cine, es claro que Hollywood tiene un problema. La meca del cine ya no sabe crear un cine que atrape la imaginación. Esto no es nuevo, ha quedado patente que la mayoría de nuevas franquicias o se estrellan antes de despegar (como La Brújula Dorada), o terminan echando a perder un comienzo digno (Harry Potter)

Esto se ha visto empeorado por una nueva tendencia. Como ya no se crean sagas de éxito, se echa mano de otras que sí lo tuvieron y se arruinan sin remedio. Es así que títulos casi legendarios, cuya fama es tal que incluso décadas después de su estreno, se les puede seguir sacando rendimiento económico, se convierten en pasto del cinema chatarra: he ahí las vergonzosas continuaciones de series memorables como Indiana Jones, La Guerra de las Galaxias, o Alien. Se les altera y reconstruye, sin ningún respeto, a la exigencia del mercado, dirigido al adolescente estadounidense, por lo regular de atención deficiente y sin gusto aparente.

El turno este año ha sido para Terminator. He aquí la gran oportunidad de explorar lo que Cameron insinuaba en sus películas. Un futuro oscuro, siniestro y abominable, en el que una humanidad intenta sobrevivir al dominio de las máquinas. Pero esta cuarta parte, además de no cumplir con las expectativas creadas y no estar ni de lejos a la altura de las dos primeras partes, desperdicia a su elenco (encabezado por el siempre capaz Christian Bale, que aquí se ve confuso y molesto, donde Helena Bonham-Carter y Bryce Dallas Howard lucen desesperadas) esto, junto con la total carencia de estilo en la dirección de McG, termina por demostrar que Terminator Salvation no cuenta nada. Absolutamente nada. Es un mero viaje en montaña rusa.




¿Es divertido? Sin duda. ¿Es atractivo? Claro. ¿Es interesante? ¡Para nada! Si el cine de acción es mero derroche de pirotecnia en efectos sin ninguna sustancia, entonces Terminator Salvation merece todos los halagos. Si el cine realmente se trata de narrar historias que envuelvan al espectador y lo estremezcan tanto como lo entretienen, y tal vez algo más, entonces estamos ante un problema grave. ¿Será, acaso, que los guionistas no sirven para nada? ¿Será que nadie con ideas frescas está listo para sustituirlos?





Mucho se critica la falta de ideas en Hollywood y el nulo talento de sus guionistas, pero seamos más objetivos: no son malos (todos) los guiones que se escriben. Son (en el caso de numerosas superproducciones) espantosamente malos los guiones que se producen. Esos que las grandes (y no tan grandes) compañías alteran y confeccionan con base en una misma fórmula, ante el terror absoluto de no gustar, de no caer bien al público encabezado por el teenager que quiere explosiones, sexo y chistoretes baratos (¡y chicas con atributos!), y por lo mismo no poder venderse. Eso es lo que nos está llevando a las carteleras películas chatarra.

¿Es malo que el cine venda? Obviamente, no. Todo lo contrario. Pero lo que se está probando como contraproducente a largo plazo, es que el cine se venda a cualquier precio. Lo que inquieta, es que tal vez tenga razón James Cameron en lo profetizado hace algunos años, con esta misma serie: el futuro siempre es peor.

Terminador Salvation
Con Christian Bale, Bryce Dallas Howard, Blood Moongood y Helena Bonham Carter
Dirige: McG
Estados Unidos 2009.

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martes 28 de julio de 2009

Gavilán de la sierra, El, de Juan Antonio de la Riva

Francisco Peña


Pero el gusto de ese día, ese nadie nos lo quita
Diálogo en el film

No es vergüenza ser bandido si se roba al que es ladrón
Diálogo de Melitón



Juan Antonio de la Riva obtiene un buen film con El gavilán de la Sierra, ya que cuenta con varios atributos que lo hacen llamativo para el espectador.

El primero de ellos es que narra su película fuera de los esquemas de una cronología líneal rígida y se permite flashbacks, cuando el cine en general parece aterrorizarse de sus propias posibilidades narrativas.

El gavilán de la Sierra también se cimenta en una buena puesta en escena, en un excelente fotografía de Angel Goded y los paisajes boscosos de Durango. También contribuye su aproximación al medio rural, al análisis de mitificación que convierte a una persona en leyenda de corrido musical, la gestación de un mito popular. Le suma también a su cinta el homenaje que hace al cine de los hermanos Almada, pero ahora –a diferencia de este cine de gatilleros- con un guión muy trabajado y bien pulido.

Juan Antonio de la Riva también guiña el ojo al cinéfilo experto. Para su película usa el mecanismo narrativo visual proveniente de la obra del director griego Theo Anghelopoulos (El viaje de los comediantes / O Thiassos). Lo usa para beneficio de su película y no para el lucimiento personal o para sorprender a los snobs.

Los cambios de tiempo de presente – pasado – presente - pasado, experimentados y consolidados por el realizador griego, se transvasan creativamente a El gavilán de la Sierra sin estorbar la historia. Al contrario, convierten al espectador en un participante activo de la historia, que va reconstruyendo en su mente los hechos contados en pantalla.

La cronología lineal tiene su lugar muy merecido en la historia del cine, pero el interés primordial económico del cine hollywoodense ha pervertido las narraciones de cronología lineal en el cine.
So pretexto de que el espectador puede “confundirse” por los cambios en tiempo – espacio que plantean las narraciones no convencionales de tiempos alternados o fragmentados, ha convertido a la cronología lineal en un PRECEPTO del cine. Todo DEBE darse al espectador “peladito y en la boca” sin que tenga que hacer el más mínimo esfuerzo mental para entender una película.

Es decir, para esta posición comercialista la única manera posible de contar una historia en el cine es de la secuencia A a la secuencia Z. No se pueden mezclar tiempos y espacios por miedos comerciales. Esto ha provocado que el miedo a arriesgar la taquilla se extienda a otros cines nacionales: no hay flashbacks y muchos menos flashforwards. Tampoco hay cambios de tiempo – espacio dentro de la misma toma, cosa que distingue a ciertos cineastas europeos como Anghelopoulos o Bertolucci.

Todo lo anterior, al ser precepto, al ser considerado el UNICO método válido de contar una historia en el cine, va en detrimento de la inteligencia del espectador.

Pero también en detrimento de las posibilidades narrativas del mismo cine. No hay que olvidar que las posibilidades del cine en el manejo de espacio – tiempo marcaron rasgos del cine como ARTE. Dichas posibilidades incluso afectaron el desarrollo de la literatura, que se arriesgó a romper su estructura espaciotemporal y experimentar nuevos caminos. O qué, ¿Joyce, Woolf, García Márquez o Córtazar salieron de la nada?

Por eso es muy refrescante y digno de aplauso que Juan Antonio de la Riva use los elementos cinematográficos en una narración no lineal en El gavilán de la Sierra. Esto, con la salvedad de que no es la única de las virtudes de la cinta.

También usa una estructura mítica semejante al “Eterno Retorno”. El asesinato del inicio es el asesinato del final. La cinta aobre con lo que cierra, cierra con lo que abre. Pero en este tipo de mitos el volver al inicio reactualiza lo ocurrido y le da un nuevo sentido. La muerte del personaje Gabriel Névarez no es la misma al inicio que al final de El gavilán de la Sierra: el espectador ha hecho un recorrido en la pantalla y en su mente y observa el mismo acontecimiento con nuevos significados que ahora le pertenecen.

La cinta comienza con un asesinato a mansalva de tres personajes. Es una ejecución violenta cuya historia se comprenderá más tarde.

De allí, De la Riva pasa al medio urbano, donde el hermano de Gabriel Névarez, Rosendo, sobrevive como trovador en peseros. Rosendo vuelve al terruño para visitar a su padre, y ese viaje se carga de recuerdos.

El primer flashback es cuando los dos hermanos se toman una foto juntos: la clásica foto familiar retocada y coloreada. Con esta primera ruptura del espacio – tiempo lineal, el realizador le advierte al espectador para que ponga atención en la forma en que le va a contar la historia de los hermanos Névarez.

Rosendo llega a preguntar cual es la verdad que se esconde en la muerte de su hermano, y cada quien le va dando su versión. La oficial de la policía busca desesperadamente ocultar la versión popular, que es la más cercana a la verdad, y desde donde se genera la leyenda de Gabriel Névarez, cristalizada en el corrido El gavilán de la Sierra.

Mientras narra las secuencias en pantalla, De la Riva entreteje su cámara con los movimientos de los actores, en una puesta en escena que atrae constantemente el ojo del espectador. La cámara no es danzarina ni es una estrella por sí misma, pero el director no tiene miedo de que la mirada de la cámara siga los movimientos de los personajes.

De esta forma, muy cinematográfica, logra que la vista del espectador se adentre en los ambientes, en las locaciones, que tenga mayor contacto con los personajes y sus relaciones entre sí y con el medio. De esta forma, no es de extrañar sino de aplaudir, el hecho de que se desarrollen planos – secuencia en la película. Planos – secuencia bien realizados y al servicio de la historia que se cuenta.

Uno de los ejemplos de estos planos – secuencia, donde la cámara se entrevera con los personajes sin molestar al cinéfilo o a la narración de la cinta es el baile popular donde Gabriel golpea a un policía.

Este rejuego visual hace que el espectador vea MAS de la situación que si se usara la clásica forma de descripción: plano de ubicación – campo – contracampo de los distintos personajes. De la Riva vuelve a usar otras posibilidades de narración visual en cine. No son nuevas, pero el código hollywoodense quiere enviarlas al bote de la basura.

También hay que citar la secuencia donde Gabriel Névarez está en un cine de pueblo. Allí De la Riva hace sus homenajes al cine mexicano de Tony Aguilar (El corrido del hijo desobediente, cuyo cartel se observa a la entrada del cine). Pero lo interesante ocurre al final de la secuencia. Gabriel Névarez no se deja detener y él y sus dos amigos golpean a los policías y escapan en la patrulla pick-up.

En la toma que marca el fin de esta secuencia abre una nueva sin cortar. Abre la toma con la salida de la patrulla en donde van los tres amigos que se internan en la obscuridad. En el camino, repito, sin cortar la toma y cambiar de posición la cámara, la patrulla cruza frente a dos personas que caminan en sentido contrario: se trata de Rosendo que conversa con el velador del aserradero, precisamente sobre la noche en que Gabriel tuvo que huir del cine en una patrulla porque lo iban a detener.

Los dos personajes hablan del pasado y, al cruzar frente al cine, el espectador atento observa que los carteles de la película son distintos a los expuestos en la toma donde Gabriel huye.

No cabe duda, De la Riva aprendió bien su Anghelopoulos (El viaje de los comediantes / O Thiassos, 1975). Con la gran ventaja de que no es una cita sino el uso productivo del recurso para su propia película.

El director logra varias cosas con este recurso visual: mezcla los tiempos para ver como el pasado afecta directamente el presente; marca el paso del tiempo pero acerca las partes anecdóticas y a los personajes; incita a la inteligencia del espectador para que siga la trama y, obvio, lo hace participar en la historia. Así, el espectador se compenetra más y su comprensión es más profunda.

Este recurso, usado varias veces a lo largo de la cinta, le permite al realizador que su trabajo como guionista luzca en pantalla. También le permite revisar el mecanismo de cómo surgen las leyendas populares en México que se cristalizan en la música.

Ante la falta de justicia real, ante la corrupción policíaca, la gente recurre a la cultura popular para dar sus propias versiones y juicios sobre los acontecimientos que afectan a la comunidad. Si bien Rosendo tiene la intención de contar la verdad verdadera en un corrido, la gente se le adelanta con un corrido “mentiroso” pero que adquiere el carácter de mito. Esto recuerda la famosa frase de una cinta de John Ford, sobre que, en la disyuntiva de imprimir la leyenda o la verdad es un periódico, es preferible imprimir la leyenda.


Todas las situaciones por las que atraviesa Gabriel Névarez y su banda, ante los ojos del espectador, es lo que ocurrió en verdad. Las interpretaciones que recibe Rosendo de los pobladores como del policía ya sufren cambios que remarcan tal o cual característica mientras se olvidan otras.

El espectador conjunta los tres elementos, y ve como la realidad se modifica para que surja la leyenda popular. Por otra parte, también ve como se crea a contracorriente la “versión oficial de los hechos”. Ambas no tienen contacto con lo que realmente ocurrió, pero la versión popular expone los elementos de verdad que le interesan a la población; la otra sólo quiere salir indemne de lo ocurrido.

Cuando De la Riva cierra su buena película con el asesinato del inicio, es cuando SOLO el espectador sabe quien mató a Gabriel Névarez en realidad. La versiones popular, policíaca y la del mismo Rosendo no contienen ese dato.

El cinéfilo ya no mira el asesinato de Gabriel con los mismos ojos. La historia, y la manera cinematográfica de contarla, lo ha cambiado en el transcurso de la película. El ver lo que sucede, cómo surge la leyenda, cómo se altera la realidad, cambia su visión de toda la cinta. Ha participado en su desarrollo a tal grado que la comprende en profundidad y la hace suya.
Podremos ver como cinéfilos otro tipo de cintas, buenas y malas, pero en lo que se refiere a El Gavilán de la Sierra… el gusto de verla, ese nadie nos lo quita.


EL GAVILÁN DE LA SIERRA. Producción: CONACULTA, IMCINE, FOPROCINE, Videocine, Juan Antonio de la Riva, Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica, S.T.P.C. de la R.M. Dirección: Juan Antonio de la Riva. Guión: Juan Antonio de la Riva. Año: 2001. Fotografía en color: Ángel Goded. Música: Antonio Avitia. Edición: Oscar Figueroa. Con: Guillermo Larrea (Rosendo Nevárez), Juan Angel Esparza (Gabriel Nevárez), Claudia Goytia (Soledad), Mario Almada (Don Joaquín), Paul Choza (Roque Aguilar), José Juan Meraz ("El Meño"), Abel Woolrich (Melitón), Rafael Velasco (Aurelio), Hector Tellez (Chano Esparza), Jose Rodríguez (Pedro Gallo). Duración: 100 mins. Distribución: Videocine.

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El garabato, de Adolfo Martínez Solares & Adolfo Martínez Orzynski

Paxton Hernández

La farsa metapolítica
Basada en una formidable adaptación del ya legendario Vicente Leñero, sobre la novela homónima suya, El garabato (México, 2008) del director de cine popular ochentero de la vieja guardia Adolfo Martínez Solares & su hijo Adolfo Martínez Orzynski, es todo lo que Sultanes del sur no es. Un entretenido, vertiginoso, ligero, ridículo, divertido y hasta sexy thriller fársico pos-hitchcockiano, que incluso se permite el lujo de disparar ciertos metacomentarios sobre la política nacional, pasada, presente y futura.

De trama inenarrable, todo comienza cuando el joven provinciano babas Rodolfo (Juan Pablo Medina aguantando con dignidad su primer protagónico) se liga en olímpico acostón a la gringa fronteriza con depto de lujo en Santa Fe Frida (Tania Robledo buenérrima y ultrasexy), quien está siendo perseguida por políticos tijuanenses de la peor calaña. Al involucrarse con ella, Rodolfo queda en el centro de la intriga política.

Lo sorprendente de una cinta así es que, a pesar de su trama irresumible, el espectador nunca es dejado a la deriva ni en confusión, gracias a la puesta en escena 100% eficaz, 100% de la Vieja Guardia pero por ello más humilde, de padre e hijo Martínez. Mucho ayuda también la excelente factura técnica con la que fue realizada, ajena a esas tendencias estéticas acomplejadas de retratar todo en la oscuridad más pinche y con el menor número de colores.

Padre & hijo hacen gala de una dirección visual y de actores, firme, contundente con algunas exquisitices formales como esos planos sostenidos o aquel plano-secuencia en la oficina de campaña del góber carita y casado con millonaria hija de papi-dueño de Latinoamérica, que va por la Presidencia de la República.


El cocktail intriga política + sexo ultraliberal aquí resulta explosivo, y es visto sin mojigaterías ni hipocresía. Como en pocas cintas mexicanas esos fajes y acostones son gozadores, febriles, nada recatados ni tímidos, hasta liberadores, como el de Rodolfo con Frida, Rodolfo con la novia-que-se-estaba-guardando-para-la-boda o el del góber con su "asistente" que planea el chantaje videograbando esas "horas extra" en "capacitación intensiva".

El garabato o la rocambolesca y fascinante "farsa política para un país de farsa" como lo es México.


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lunes 27 de julio de 2009

Bryce Dallas Howard: talento por herencia

Es hija de un cineasta, nieta de actores, y ha demostrado su talento en una breve pero notable carrera, que alterna con una maternidad nuevecita, recién descubierta.

Miguel Cane

Bryce Dallas Howard 2005 Toronto Film Festival


Pelirroja natural, vivaz, sonriente, la primogénita del cineasta Ron Howard (Frost vs. Nixon, Ángeles y Demonios), se incorpora a la escena de películas veraniegas en el rol clave de Kate, la esposa de John Connor (Christian Bale), el líder rebelde contra las máquinas en la cuarta película de la saga Terminator. Pese a su juventud (26 años) Bryce ya fue nominada a un Globo de Oro por As You Like It, y ha aparecido en filmes como The Loss of a Teardrop Diamond – basado en una obra de Tennessee Williams-, Spider-Man 3 (como la trágica Gwen Stacy), La dama en el agua y La Aldea (ambas para M. Night Shyamalan) y Manderlay, a las órdenes de Lars Von Trier. Y como lo que se hereda, no se hurta, hizo su debut como directora en 2006 con el corto Orchids.

¿Cómo te acercaste a este personaje?
Fue interesante. Kate es una hija de la Armada. Su padre estuvo en el ejército y por esta razón me parece que ella puede entender la carga que lleva a cuestas una persona que ocupa un puesto semejante. Por ello, ella es la compañera ideal para John Connor. Ella comprende lo que significa sacrificarse. Asimismo es muy inteligente y práctica, y tiene una gran capacidad para manejar la pérdida. Ella es doctora; es la segunda de abordo en la Resistencia y tiene siete meses de embarazo – una auténtica metáfora del esfuerzo realizado a fin de crear un futuro.

Bryce Dallas Howard 2005 Toronto Film Festival


¿Qué tan sombrío es el mundo en el que estos personajes viven?
Es muy oscuro y sombrío. Ésta es en realidad una historia acerca de la guerra. En las tres últimas películas, pudimos atestiguar el alto grado de devastación que un solo Terminator puede ocasionar, así que ya te imaginarás lo que puede pasar con millones de ellos dispersos por todo el planeta. Por esa razón esta nueva cinta requiere de semejante intensidad y de semejante lobreguez. Mi personaje está involucrado en la acción, a pesar del embarazo. Todos querían que mostrara una cierta responsabilidad, aunque Kate está embarazada y lleva un arma de fuego, pero así es el mundo que habitan. Tenemos que ir armados, tenemos que proteger nuestra propia integridad. En la cinta aparece una niña de siete años y en su primera escena ella también porta un arma.

Esta fue una producción maratónica. ¿Cómo podrías describir el ambiente en el set?
Todo mundo colaboró por igual. McG sabía muy bien qué clase de historia quería contar, así que decidió comunicarnos sus propósitos desde el principio. Él tiene los pies en la tierra, y su claridad espoleó la colaboración del resto del equipo. McG sabe lo que quiere, pero no por ello se rehúsa a escuchar las opiniones de los demás. Todos nos divertimos mucho, y el ambiente era realmente festivo. Estoy orgullosa de la cinta, y muy emocionada, aunque aún no he visto la edición final. Obtuve esta maravillosa oportunidad en el momento menos esperado y por ello me ilusioné muchísimo con mi papel.

¿Cuál es, según tú, el tema principal de la cinta?
Me parece que gira en torno de la capacidad de elección y de la responsabilidad. Hay algunos giros psicológicos aquí y allá, y los personajes deben encarar sus decisiones - buenas o malas – en todo momento, pero su libertad es poco clara, así que la elección correcta es muy difícil de ver. Me parece que, temáticamente, esto gira en torno al hecho de que todo mundo debe tomar una decisión en la que se pone en juego la existencia misma, aunque la manera de proceder no resulte ni obvia ni clara. La pregunta que debemos responder es la siguiente: ¿Qué es lo que está en juego? ¿Qué pasa cuando elegimos equivocadamente? Todo esto tiene que ver con cómo creamos nuestro propio futuro.

Bryce Dallas Howard at the Hollywood premiere of Universal Pictures' Friday Night Lights


¿Se te dan las escenas de acción?
Hay algunas escenas realmente grandiosas. Los saltos desde helicópteros, la ayuda proporcionada para la salvación de la gente, cosas por el estilo. (Ríe) No quiero describir las circunstancias reales pero algunas de mis escenas de acción involucran a una humanidad que peligra. Mi personaje tiene un puesto muy importante y su trabajo es esencial para asegurar la supervivencia de la humanidad. Eso lo garantizo.

Supongo que ya estabas familiarizada con la saga de Terminator…
Por supuesto. Desde muy chica era fanática acérrima. Asimismo, siempre me ha fascinado la noción del Apocalipsis. Puede que suene raro, pero he leído todas las predicciones mayas, que me parecen interesantes y terroríficas al mismo tiempo. Creo que esta filmación me sirvió para elaborar y exorcizar todas estas ansiedades. Los personajes tienen hijos; están inmersos en una guerra, pero a pesar de todo esto, se aferran a su humanidad. Este proceso ha sido muy saludable y positivo para mí. Ser parte de esta franquicia me parece realmente extraño porque siempre he adorado las cintas anteriores. Recuerdo que al final de la tercera parte me pregunté si cabría la posibilidad de un cuarto episodio e intentaba imaginar lo que podría ocurrir en la historia. Me parece extraordinario poder ser parte de esta asombrosa serie que tanto amo, pero me asombra aún más el hecho de haber compartido el set con Christian Bale, un profesional consumado. Él es un actor brillante que, como todo mundo sabe, se toma muy en serio su trabajo.

A lo largo de la cinta interpretas a una mujer embarazada. ¿Dirías que el hecho de que tú misma seas madre ayudó a dar realismo a tu papel?
Definitivamente, porque lo más grandioso fue poder comprender tanto a Kate como a los procesos de su embarazo. Resultó muy cómodo para mí - incluso la barriga hinchada. Tras bambalinas solía acariciar mi barriga y preguntarme, ‘¿Acaso esto es real?’, porque hace tan solo un año que pasé por lo mismo. (Sonríe) Y entre tomas, pasaba tiempo con mi bebé.

Bryce Dallas Howard at the Hollywood premiere of Warner Bros. Pictures' Constantine


¿Cómo fue tu experiencia al trabajar con Christian Bale?
Christian es increíble. Durante la filmación siempre estuvo ahí, proporcionando ayuda. Y yo podía ir y tocar a su puerta si lo que deseaba era un poco de apoyo. Yo le decía, ‘Oye, no entiendo esta parte. ¿Tú qué opinas? ¿Podrías explicármela?’ Él se lo tomaba todo muy en serio y así podíamos ponernos a discutir el guión. Trabajar con él es bastante sencillo. Repasamos las partes una y otra vez, porque sólo así lograba sentirme más cómoda. Al final, cuando las cámaras comenzaron a rodar, el desempeño de Christian se tornó eléctrico y maravilloso. Siempre estuvo conmigo, dándolo todo. Su presencia masiva me compelió a no flaquear un instante y a estar siempre ahí. Sentí realmente que con esta cinta mi deber estribaba en estar a la altura de las circunstancias. Sólo espero haberlo logrado.

¿Le has pedido consejo a tu padre a la hora de escoger sus papeles?
No, ya no. Ahora simplemente les dije: Trabajaré en la filmación de Terminator y él me dijo, ‘Oh, qué bien, cariño’. Le pareció genial. Mi padre me pide que le cuente todo, para no tener que enterarse a través de la revistas. Me encanta hablar acerca de cine con mi familia, pero no necesariamente acerca de nuestras carreras. En realidad, las charlas siempre giran en torno a nuestro amor por la cinematografía.

¿Dirías que el amor por el cine y la interpretación, te vienen en herencia genética?
Creo que de alguna manera, sé lo que estar en un set implica, pero también conozco los detalles de este negocio. De esta forma logré colarme en algunas audiciones para las que jamás hubiera sido llamada. Quiero decir que la gente sentía curiosidad por mí. Pero la familia que tengo no se traduce necesariamente en trabajo seguro. Si yo me encargara de la selección de elencos, jamás llamaría a una persona tan solo porque es el hijo o la hija de alguien famoso o talentoso. Pero me parece que, en general, mi condición sí ha sido ventajosa. Muchos de mis amigos son brillantes, y les va de maravilla, pero para algunos, sus primeras veces en el set constituyeron un auténtico desafío, porque en realidad no contaban con ninguna clase de entrenamiento. Me siento muy afortunada porque en el set me siento como en casa.

Dirigiste un cortometraje hace unos años. ¿Consideras esto una posibilidad en el futuro de tu carrera?
Me gustaría mucho poder escribir y dirigir mis propias películas algún día, pero siempre me ha parecido que todas esas actividades deberían ser orgánicas y espontáneas. Por ahora sólo puedo hacer un gran esfuerzo y prepararme lo mejor que pueda. Y así, si un buen día alguien se muere de ganas de que yo dirija un proyecto que me parezca bueno y apropiado, lo haré. Si esto no ocurre, no forzaré las cosas. No tengo que hacer algo que no me parezca natural. Ya veremos qué sucede más adelante.


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sábado 25 de julio de 2009

Victoria Abril / 50 años - Francisco Peña

Este julio, la actriz española cumplió 50 años consagrada como uno de los pilares del cine español contemporáneo e icono de su destape fílmico.

Francisco Peña


Por culpa de distribuidores y exhibidores timoratos en México se le identifica sólo como una de las “chicas Almodóvar”, quizás de las más famosas junto con Penélope Cruz y Carmen Maura. Sin embargo, Victoria Abril es algo más que “el mes más cruel” de Almodóvar porque hacer brotar otros personajes en la tierra baldía que era el cine español, mezclando memoria y deseo, despertando raíces fílmicas marchitas con su lluvia personal de primavera.

Victoria Mérida Rojas, nacida en Madrid y criada en Málaga, conjugó el carácter castellano de su padre y el andaluz de su madre para crear su propia personalidad. El resultado: disciplina y voluntad aderezadas con alegría y sensibilidad artística plasmadas en el cine y en el canto. Su amor por el cine no comenzó con el manchego Almodóvar sino con el director Vicente Aranda, con quien ha mantenido una relación profesional y de amistad por más de 30 años. El encuentro de ambos cortó su carrera como bailarina clásica y le abrió las puertas del cine con Cambio de Sexo (1977) donde Victoria interpreta a José María, un chico transexual de 17 años asediado por su padre que no acepta su orientación sexual, y que busca operarse para tener el sexo que le corresponde psicológicamente.


Aunque con Cambio de Sexo arrancó “tarde” su fama como actriz –a los 28 años-, desde entonces ha preferido personajes alternativos. Basta recordar Mater amatissima (Salgot, guión de Bigas Luna, 1980) donde es madre treintañera de un hijo autista, la cinta de culto La muchacha de las bragas de oro (Aranda, 1980) que toca el incesto, Las bicicletas son para el verano (Chavarri, 1984) ubicada durante la Guerra Civil, El Lute: camina o revienta (Aranda, 1987) hasta Oscar, una pasión surrealista (Fernández, 2008) donde personifica a Ana, mujer con un tumor cerebral terminal. En esta última, a diferencia del escandalito generado por algunos críticos gringos (puritanos consumidores de porno vía Internet) por el beso lésbico de Penélope Cruz-Scarlett Johansson en Vicky Cristina Barcelona (Allen, 2008), Victoria asume con naturalidad un beso sáfico con la actriz Emma Suárez para mostrar que el amor surge cuando quiere y con quien quiere.


Claro, hay que hablar de su presencia en la filmografía de Pedro Almodóvar en cuatro películas muy conocidas: La ley del deseo (1987), ¡Átame! (1990), Tacones lejanos (1991) y Kika (1993). En Kika es Andrea Caracortada, conductora de un programa amarillista sobre asesinos y violadores. Tiene diálogos excelentes del humor almodovariano como:

A: ¿Sabes qué ya no trabajo como psicóloga?
Nicholas (Peter Coyote): ¿No?
A: Ahora dirijo un programa de televisión.
N: Vaya cambio.
A: No te creas. Sigo rodeada de locos… y encantada.

Luego de entrar por la fuerza a una casa, dispararle en la pierna a Nicholas, le dice frenética (en el colmo del profesionalismo periodístico):

A: Imbécil. ¿Necesitas más pruebas de lo que soy capaz con tal de hacer una entrevista? ¡Es la primera vez que tengo delante a un asesino múltiple y juro que no voy a perder esta oportunidad!

En Kika, Victoria es una figura importante del universo almodovariano pero ya no es la principal. Para ver a Victoria en pleno hay que ver ¡Átame! y Tacones Lejanos. En ¡Átame! es la actriz de serie B Marina Osorio y, aparte de la clásica escena cómico-erótica donde juguetea en la tina con un buzo de plástico, despliega toda una gama de sentimientos en pantalla: desde el enojo durante el secuestro hasta la ternura de besos perdidos. Pero su escena inolvidable en esta cinta es el polvazo que se revienta con Banderas, donde despliega todo su erotismo de manera natural, sin aspavientos, hasta llegar a un orgasmo que la cámara atestigua con cierto pudor.






La actitud alternativa de la actriz se extiende a otros aspectos de su vida. A los 45 años recibió el premio “Mujeres sin Reglas”, en el Día Mundial de la Menopausia, para mostrar que la vida de una mujer no acaba con la fertilidad sino que comienza otra etapa positiva. A propósito del premio declaró: “El otoño es una estación tan bonita y tan fructuosa como puede ser la primavera. Recuperamos nuestra libertad, nuestros hijos ya crecen y ya se acabó eso de estar en casa haciendo de comer, y de no poder avanzar ni evolucionar en tu trabajo porque haces falta en casa. El marido, que te deje o que no te deje, eso también ya da igual a estas alturas. Eso de reglas, sin limites, es verdad. Me niego a ser material de desecho: a los 45 años empecé una nueva carrera, la musical. Ahora el rato que me queda quiero una contabilidad de horas de felicidad, de risas…”

Lo que da pie a su reciente carrera como cantante. De su participación en la cinta Sin noticias de Dios (Díaz Yañez, 2001) podemos ver dos fragmentos: cuando canta “Meditación” (http://www.youtube.com/watch?v=d_RBVeiVBtI) y la melodía “I wanna be evil” (http://www.youtube.com/watch?v=zN_FpqK2Aw0). Las imágenes son un homenaje a las divas clásicas como Marilyn Monroe y (la segunda canción sobre todo) Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946). Aquí muestra su capacidad actoral para mimetizarse con otros iconos femeninos culturales de fama mundial. Del gusto por el bossa nova surge Putcheros do Brasil (2005), su primer CD; su homenaje a la música francesa se plasma en Olalá! (2007).

Siempre dueña de sus decisiones artísticas, abrió camino a las nuevas generaciones de actrices españolas. Aitana Sánchez-Gijón (otra maestra del cine), Penélope Cruz (¡claro!), Najwa Nimri (en la cima de su carrera) y Paz Vega (en pleno ascenso) son algunas de las que han tomado la estafeta de los personajes polémicos que ha empuñado la madrileña. Como podemos ver, aunque sólo sea en las cuatro filmadas con Almodóvar, la actriz no es “el mes más cruel” sino el más versátil, que siempre sorprende con un golpe de timón, una nueva dirección. Hoy Victoria bien vale sus 50 abriles.




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viernes 24 de julio de 2009

Gomorra, de Matteo Garrone

Pedro Emilio Segura Bernal.




La secuencia con la que abre la película italiana Gomorra, dirigida por el Matteo Garrone basándose en la obra literaria del ahora famoso Roberto Saviano, logra englobar perfectamente la temática/tirada/tendencia/aspiración del film en si.

Música popular bailable de fondo, probablemente una consecuencia del tan estridente italodisco noventero. Un hombre toma calor en una cama de bronceado que permea con ligeros tintes neón la obscuridad de la habitación. La música continúa. El ambiente es de descanso. Los hombres en pantalla parecen relajados, sueltan frases intrascendentes de manera esporádica. Un hombre calvo, poco elegante, todo lo contrario a un metrosexual, se da el lujo de permitirse recibir un pedicura. El hombre y sus compañeros no son nada humildes, dichos servicios de los cuales gozan, en apariencia, no son nada económicos.




El ambiente se verá interrumpido por el violento y crudo asesinato de todos aquellos que se encontraban en el recinto. Sin tiempo para replicas cada uno de ellos es eliminado de manera fulminante e inmediata. El pedicura y el bronceado no serán necesarios, las uñas ya no crecerán y la piel estará condenada a la palidez hasta su descomposición.

El mensaje de Garrone es sencillo. Durante la próxima hora con 50 minutos no habrá lugar para el glamour. En esta película, que tuvo presencia en Cannes y que fue nominada al Globo de Oro como mejor película extranjera, no se encontrará una edición postmodernista y rítmica, no habrá lujos ni mujeres hermosas que acompañan el ascenso y descenso del poder. No se permiten De Niros, Pacinos, o Pescis. El error de Kubrick cometido en Naranja Mecánica no encontrará replica aquí. En Gomorra la violencia duele, es real, no fascinante ni atractiva sino nauseabunda. Aquí la temática/tirada/tendencia/aspiración es acercarse a la realidad.




Siendo ésta la bandera del film se le reprocha el siguiente hecho. Gomorra está compuesta por diferentes historias que, a la Altman (entiéndase Short Cuts), se encuentran intercaladas sin tener un nexo salvo la temática general en si. Garrone quería realidad y para ello la ornamenta con la fragmentación de cada historia. Error. Dicha narrativa resulta innecesaria e inclusive se realiza con cierta torpeza que embrutece la temática/tirada/tendencia/aspiración de la obra.

Destacan la historia de Toto, un novel traficante de tan solo 13 años y la de 2 jóvenes, pero ya grandecitos, aspirantes a criminales cuyo espíritu anti-autoridad los lleva a la rebeldía dentro del crimen. El resto de las historias aunque decentes no alcanzan el nivel exhibido en las historias antes mencionadas.

Gomorra resulta un film interesante a pesar de sus altibajos, pero la verdad se extrañan al final los constructos mediáticos del crimen organizado que es retratado por el cine norteamericano. No por nada Nicholas Ray, Scorcese, Coppola son lo que son con todo y sus defectos y las reprochables consecuencias en el psique colectivo.

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jueves 23 de julio de 2009

Rescate del tren 123 / The Taking of Pelhalm 123, de Tony Scott

Tren perdido

Miguel Cane




El retorno de John Travolta al género de la acción, se da en un remake de la que dirigiera Joseph Sargent 1974 y que no aporta nada nuevo al género, por desgracia. Walter Garber (Denzel Washington) es un controlador de líneas de metro de la ciudad de Nueva York, que lucha contra un despiadado secuestrador, Ryder (Travolta, de malo, con mostacho de Charles Bronson, para que se la crean) por mantener a salvo a los pasajeros que este último ha tomado como rehenes. James Gandolfini y John Turturro completan este reparto plagado de incondicionales de la acción y de los contratos millonarios. 100 millones de presupuesto para que Tony Scott cumpla con una misión: obtener éxito comercial.

Lástima que para hacerlo, recurra a efectos aburridos y sin gracia que no aportan nada significativo a la película. ¿Por qué no le dice nada su hermano Ridley? Este director siempre se ha caracterizado por fomentar la forma olvidándose del contenido (su debut de 1983, el melodrama vampírico-gótico El Ansia / The Hunger, con la Deneuve como el monstruo más bello del mundo, es un glorioso ejemplo de esto y le funcionó muy bien). Lo malo de esto, es que aun siendo cine “palomero” no presenta la calidad de otras grandes producciones.

Además, mediante esa obsesión por lo pintoresco detrás de la pantalla, las escenas pierden sincronía y dejan de envolver al espectador pues el elemento que debe desaparecer durante la experiencia cinematográfica, la cámara, aparece una y otra vez, recordando de esta manera al espectador, que sí, que estamos viendo una película, que nada de esta angustiosa situación es real y así es imposible creer en lo que estás viendo, no puede uno “meterse” en una historia donde se rompe una y otra vez el espacio escénico, esa atmósfera que se consigue al intercalar los primeros planos con los planos generales.


La cámara debe ser protagonista invisible de la película, debe desaparecer si lo que se pretende es realizar un producto para entretener. Los actores son buenos y competentes, pero no dan más de lo ya dado: Travolta mantiene el estilo adquirido en la Pulp fiction de Tarantino, estructura de villano frio e inteligente, que no transmite nada, mientras que el siempre confiable Washington en su línea de héroe no presenta demasiados cambios con respecto a papeles ya desempeñados en este tipo de rol. Es cierto que entre ambos generan cierta tensión cinematográfica, ya que aunque no se ven las caras, sí que podemos decir, que de alguna manera hay una especie de duelo interpretativo.


A lo dicho podemos sumarle detalles fotográficos relacionados con el color. Los contrastes establecidos en las escenas de dentro del túnel y las que se desarrollan en el exterior aumentan considerablemente la sensación de claustrofobia y agonía en el entorno donde se produce la acción. En suma, los elementos funcionan, pero la realización no; será acaso la sensación de estar ante un producto mecánico, sin pasión ni interés, lo que deviene en la sensación de entrar al cine, desconectarse durante hora y media y salir como al principio, sólo que habiendo tirado el precio de un boleto a la basura, lo cuál, considerando al talento involucrado, es una verdadera lástima.

Rescate del tren 123 / The Taking of Pelhalm 123
Con Denzel Washington, John Travolta y James Gandolfini
Dirige: Tony Scott
Estados Unidos 2009



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martes 21 de julio de 2009

Denzel Washington, de carne y hueso

Es uno de los más célebres intérpretes de su generación. No obstante, para él la fama no tiene ninguna importancia, permitiéndole hacer exactamente lo que le gusta.

Miguel Cane



A Denzel Washington, ganador de dos premios de la Academia y reconocido alrededor del mundo, no le gusta la fama. Pese a ser uno de los rostros más célebres de Hollywood, prefiere mantener un perfil más bien bajo, haciendo pocas películas – casi todas ellas con directores con quienes ha trabajado con anterioridad- y dedicándose a hacer cosas que “le interesan más” como dirigir (tiene dos películas en su carrera: Antwone Fisher y The Great Debaters) y estar con su familia. Su encuentro con la prensa para promover Asalto al tren, la nueva cinta de Tony Scott, en la que comparte créditos con John Travolta, es en sí, algo raro. Se muestra cordial, aunque con algunos medios es un poco distante y muy estricto en la regla de no hablar casi de su vida personal “mi vida no tiene nada que le interese a nadie, en realidad y soy respetuoso de la privacidad de los míos.”

Usted suele interpretar a los héroes de las películas. ¿Le gusta sentirse así, o será que poder ser un villano es más divertido?
Lo cierto es que me da igual (risas). No lo pienso mucho, la verdad. Todo depende de tener un buen guión, una buena historia. En Hollywood tienen la tendencia a encasillarte en un determinado papel; por ejemplo, después de Día de Entrenamiento [Oscar en el año 2000] me llegaron un montón de ofertas para interpretar a policías malos y corruptos, y a todas les dije que no.

Muchos colegas suyos sostienen que los papeles de villano son más interesantes.
Lo cual es verdad. Bueno, te permite hacer un poco lo que quieras. Todo el mundo quiere ser malo, todos tenemos ese lado oscuro. Es más divertido. Voy a confesarte algo: el segundo día de rodaje, yo ya quería hacer el papel de John Travolta (risas).

¿Cómo elige sus proyectos? Repite con asiduidad con un puñado de directores. ¿Le dan confianza?
En efecto. Tengo una gran afinidad con ellos, por supuesto. He trabajado cuatro veces con Tony, una con su hermano Ridley, cuatro veces con Spike (Lee), tres con Ed Zwick, dos con Jonathan Demme. Es fundamental estar cómodo mientras trabajas para que el resultado sea bueno, tienes que sentir que estás en buenas manos. ¡Y es Tony el que me llama, no yo a él! Lo cierto es que nos entendemos bien y trabajar juntos es algo estupendo.


Durante prácticamente la mitad de esta película no hay una confrontación entre Walter Garber y su oponente. ¿Resultó esto especialmente complicado a la hora de desarrollar al personaje?
No, porque John y yo hablábamos mucho más. Cuando trabajas mano a mano con otro actor ruedas tu escena y te vas; en este caso, sobre todo cuando yo estaba fuera de plano, me quedaba delante de mi micrófono y charlábamos, cantábamos canciones… Creo que llegué a conocerle incluso mejor que si estuviésemos juntos. Además, John es muy agradable, muy simpático. Un hombre excepcional en muchos aspectos.

Pronto cumplirá tres décadas – se dice fácil- dedicándose a esta profesión. ¿Qué cree que ha cambiado en el Hollywood actual, y hacia dónde supone que se dirige? Creo que cuando grandes compañías compraron los estudios, Sony, AOL, etc, a principios de los 90, la presión aumentó sobre los propios estudios, lo que deriva en que ahora tienen que pensar más en el dinero. Las empresas quieren obtener un rendimiento por compromiso con sus accionistas, y hay ocasiones en las que pretenden más de lo que realmente se puede producir. Pasa lo mismo en tu profesión; en Estados Unidos hay algunos medios como el Washington Post que siguen siendo independientes, pero recuerdo haber leído que cuando comenzó a cotizar en Bolsa sus márgenes de beneficio debían ampliarse. Es una presión tremenda, que genera situaciones imposibles. Imagino que la mayoría de los estudios preferirían ser independientes, claro.



¿Y cómo afecta esta situación su carrera, específicamente?
Principalmente afecta al material que recibes como actor. Ahora, desde que los adolescentes son el barómetro que rige la industria, hay montones de secuelas tipo Transformers 2, Harry Potter 6, American lo que sea parte 97, etcétera. Entiendo la parte de negocio y mi responsabilidad en ese sentido, porque cuanto más cuesta una película más dinero debe generar; pero los personajes no suelen estar ya tan desarrollados como antes, y tienes que volcar tu propia voluntad para hacer cada papel más interesante. A mí me gusta hacer cine para adultos. A Tony le gusta trabajar conmigo, y a mí me encanta ponerme a sus órdenes porque hace películas de acción, pero están basadas en personajes y son para un público con un criterio más amplio, aunque sin desdeñar la acción o el entretenimiento.

Usted es director. En 2007 se presentó su segundo filme, The Great Debaters, basada en una hostoria real. ¿Cómo selecciona qué proyectos le interesan para aventurarse detrás de las cámaras? Es de suponer que en cierta forma es una buena vía de escape y una manera de expresarse.
Desde luego. La primera película que dirigí fue Antwone Fisher y lo hice porque estaba cansado de actuar; mi segunda experiencia como director llegó porque estaba cansado de actuar (risas); y mi tercera experiencia (risas)… En serio, me gusta estar detrás de la cámara, es un desafío, algo muy excitante y que da un poco de miedo. Trabajo más duro, eso sí. La verdad es que yo no me crié pensando que iba a ser actor, quería ser jugador de fútbol. En fútbol trabajas en equipo, y así hago las cosas como actor o director; nunca, incluso ahora, pensé que yo sería la estrella, que centraría la atención de la gente. Disfruto viendo el éxito en los demás, y dirigir me permite ese lujo.

Pero una carrera como la suya, supone un importante grado de presión en el sentido de que cada propuesta tiene que mantenerse en línea con el resto…
Hay presión, claro, pero son dos campos distintos. Como director hago películas pequeñas, con presupuestos más modestos, porque el propio tema marca que el rendimiento comercial va a ser más limitado. Tengo que ser responsable, lógicamente. Si te presto dinero, quiero recuperarlo. Sí, hay una cierta presión, es inevitable. Ya lo dije, esto es un negocio y hay que seguir a veces sus reglas.

¿Está pensado ya en su tercera película?
Sí. Pero no te puedo revelar nada al respecto, sólo que puede que vea la luz a lo largo del próximo año o en 2011.

¿Tendrá algún consejo para quienes empiezan ahora?
Rezar y estudiar. No perder la fe en sí mismos. Especialmente estudiar. Mi hija menor tiene ocho años y quiere ser actriz. Me acompañó a presentar el Premio a la Mejor Película en los MTV Awards; la convencí para que subiera conmigo al escenario, y lo hizo muy bien. Al día siguiente teníamos llamadas de tres representantes que la querían para programas televisivos. Me negué, por supuesto; ahora mismo, la naturaleza de este negocio tiene más que ver con ser conocido que con tener talento. Y yo no creo en eso. Si quieres algo, tienes que luchar por ello. De otro modo, es algo que nunca valorarás.

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miércoles 15 de julio de 2009

Harry Potter y el misterio del príncipe / Harry Potter and the half-blood prince, de David Yates

Jovenes magos enamorados

Miguel Cane




Esta es la sexta ocasión en que el mago adolescente vuelve a la pantalla – con el éxito de taquilla asegurado- y ahora se deja ver no solo como un alumno de Hogwarts que se relaciona con sus compañeros; ahora es un adolescente enamorado que, además descubre el sendero a su destino manifiesto.

El misterio del príncipe, sexta de la saga, es una película de transición, que los seguidores de la serie iniciada en 2001 están obligados a ver pero que no pasa nada si esperan a que salga en DVD – que seguramente será en Navidad-. Los más recalcitrantes fans de Miss Rowling y sus buenos muchachos mágicos seguramente se sentirán algo defraudados por la ausencia de muchos pasajes del libro que ciertamente considerarían importantes, pero son dos horas y media de película y tampoco es cuestión de secuestrar a los espectadores durante toda la tarde. El reparto es el tradicional y las actuaciones van en secuencia, por lo que no hay grandes novedades en lo que al tema se refiere: de hecho, la sensación de 'esto ya lo vi antes' permea la película desde su inicio.




No hay ni nuevos y fulminantes encantamientos, ni extrañas criaturas, ni aparatos estrambóticos. Todo en Hogwarts sigue como siempre ha sido: Harry está en el centro de algo (amén de descubrir el amor donde uno menos se imaginaría). Hermione y Ron tienen lo suyito, incluyendo escenas de celos por culpa de una tal Lavender Brown, y por supuesto, hay cosas que nunca cambian: la voz de Maggie Smith como Minerva MacGonagall, el hecho irrefutable de que Draco Marfoy es un tramposo, Snape haciéndole la vida imposible a los chicos y Voldemort está detrás de todo lo malo que pueda pasar incluyendo un ataque al puente Millenium, pero ni aparece ni se hace notar demasiado (como en las entregas anteriores). Todas sus maldades se las deja a sus secuaces, que tampoco son para tanto (Helena Bonham-Carter sobreactúa con total abandono). Sólo hay un nuevo profesor, Horace Slughorn (el gran Jim Broadbent), y mucho recuerdo de lo que el joven Tom Riddle hizo en la escuela. Lo de que nadie lo viera venir como el futuro Lord Voldemort, con esa mirada malévola que tenía ya desde su más tierna infancia, es uno de los varios detalles 'flojos' de este guion, que se enfoca más en escenas muy divertidas -fruto de diversas pociones que dan resultados inesperados- y, sobre todo, vuelve el quidditch, aunque esta vez la estrella del equipo no será Harry.



Lo mejor de esta película es que sabemos que después llegará el final en dos partes (sí, es cruel pero tienen que hacer taquilla, qué se le va a hacer) y es de esperar que haya guardado toda la dinamita para un final apoteósico. A ver si es cierto; ya que en esta ocasión, Harry y compañía aprueban el curso, pero sin nota sobresaliente que reportar.

Harry Potter y el misterio del príncipe / Harry Potter and the half-blood prince
Con: Daniel Radcliffe, Michael Gambon, Emma Watson, Jim Broadbent y Helena Bonham-Carter
Reino Unido/Estados Unidos 2009.


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martes 14 de julio de 2009

Fuimos Héroes / We Were Soldiers, de Randall Wallace

Francisco Peña

Sir, Custer was a pussy

And it's one, two, three
What are we fighting for ?
Don't ask me I don't give a damn
The next stop is Vietnam
And it's five, six, seven
Open up the pearly gates
Well, there ain't no time to wonder why
Whoopee, we are gonna die

De la canción I Feel Like I'm Fixin' to Die Rag, cantada por Country Joe & The Fish, en el Festival de Woodstock


Mel Gibson and Sam Elliott in Paramount's We Were Soldiers


La más reciente cinta estadounidense sobre la Guerra de Vietnam es Fuimos héroes / We were soldiers, del guionista – director Randall Wallace.

Esta cinta marca un giro político en el tratamiento que el cine norteamericano le ha dado al tema, que implica la reivindicación de los soldados que participaron en el conflicto bélico, y hace retoñar de nuevo sentimientos patrióticos en pantalla.

Revisa pues la historia por tres vías básicas. La primera es dar un lugar de honor al ejército de Vietnam del Norte, pero sin profundizar en los motivos de la guerra que enfrentó a ambos ejércitos. La segunda es reforzar la idea de que dicha guerra se perdió por culpa de los altos mandos y los políticos. La tercera es reivindicar al soldado común y a los mandos medios.


Mel Gibson as Lt. Col. Harold G. Moore in Paramount's We Were Soldiers


El peso de los dos primeros puntos, dentro de la cinta, es relativo, ya que se enfoca a recrear el primer enfrentamiento armado entre los ejércitos estadounidense y norvietnamita.

Respecto de los altos mandos se juega con el nombre del Gral. Westmoreland como alguien más preocupado por la política que por ganar la guerra militarmente. También se presenta la imagen de Lyndon Johnson como el presidente creador de la escalada.

Pero estos dos hilos narrativos son secundarios, porque dan por hecho que el público ya conoce estos planteamientos y comparte el juicio de la historia. El tercero es el eje básico del film: la reivindicación del patriotismo y del papel del ciudadano – soldado común.

Por lo que se refiere a los miembros del ejército norvietnamita sólo se les enfoca como enemigos respetables y valerosos, pero no se abunda en los motivos que llevaron a Vietnam del Norte a pelear.


Don Duong as Lt. Col. Nguyen Huu An in Paramount's We Were Soldiers


De hecho, la primera secuencia de la película es una emboscada norvietnamita que borra del terreno a una columna del ejército francés durante la Guerra de Indochina que se cierra con la derrota francesa en Dien Bien Phu. Luego del sangriento encontronazo, el oficial norvietnamita al mando ordena la ejecución de los sobrevivientes franceses, heridos o capturados, porque así “no regresarán en el futuro”.

La presentación de la masacre de franceses en la cinta es tramposa porque la justificación que el guionista Wallace presenta es débil. El sentimiento nacionalista de fondo se distorsiona ya que la frase “no regresarán en el futuro” es la única excusa para la masacre.

En cambio en Apocalypse Now Redux, de Coppola, se incorporó toda una secuencia en una plantación francesa. En ella, los diálogos entre los franceses y el capitán Willard (Martín Sheen) son esenciales para poner en contexto el conflicto en Indochina: su continuidad histórica desde la invasión japonesa en la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento del Viet Minh y su radicalización, el conflicto armado con Francia y la guerra con Estados Unidos.



Quiénes critican la incorporación de dicha secuencia en la reedición Apocalypse Now o pecan de ingenuos, o les gusta el cine epidérmico o no comprendieron la narrativa de la que, justificadamente, es la película que simboliza la Guerra de Vietnam ante los cinéfilos.

Así, dentro de la gama de cintas sobre Vietnam, que indiscuitiblemente tiene a la cabeza a la película de Coppola como su mejor representante, Fuimos Héroes / We were soldiers ocupa un punto particular que es conveniente revisar a la luz de la historia que cuenta, de su realización y del momento político en el cual se exhibe.

El enemigo, Vietnam del Norte, queda en esta cinta reducido a un enemigo inteligente, al que cuesta trabajo derrotar, valiente y tenaz. Es decir, digno enemigo del ejército estadounidense, cuya derrota exalta a su vez el valor del vencedor en el campo, aunque la dimensión del conflicto haya sido malinterpretada o manipulada por los culpables estadounidenses de la derrota: políticos y altos mandos.


Mel Gibson as Lt. Col. Harold G. Moore in Paramount's We Were Soldiers


Wallace, como director y guionista de Fuimos Héroes / We Were Soldiers fue muy cuidadoso para contar su cinta patriótica, y esquivar la paulatina podredumbre moral, militar y social de la guerra de Vietnam.

El punto histórico de arranque de la cinta es 1965: la batalla de Ia Drang en noviembre de ese año, donde se probó la táctica de transportar infantería con helicópteros, considerados por primera vez como arma fundamental de guerra. Wallace usa como material base para su guión el libro We were soldiers once... and young, del Teniente General Harold G. Moore y el periodista Joseph L. Galloway, quienes participaron precisamente en Ia Drang y son reconocibles como personajes principales en la película.

En 1965 se da la escalada de tropas estadounidenses, la desaparición de la cobertura militar en base sólo a “asesores”. Es decir, las tropas eran “inocentes e indocumentadas”. De igual forma, en el Home Front había apoyo social a la intervención y no surgían ni el hippismo ni el movimiento pacifista ni los veteranos de la guerra se oponían a su continuación.


Barry Pepper as Joe Galloway in Paramount's We Were Soldiers


Tan sólo cinco años después, en 1970, la situación era totalmente diferente. En Estados Unidos la oposición social a la guerra era enorme: basta un botón, cuando recordamos como se coreó en el Festival de Woodstock la canción la canción I Feel Like I'm Fixin' to Die Rag, cantada por Country Joe & The Fish.

En el plano militar, para 1970 también había pasado la Ofensiva norvietnamita del Tet en 1968, que si bien no fue una derrota estadounidense sino una victoria militar, cimbró los cimientos de su sociedad (45 mil muertos norvietnamitas, 4,300 norteamericanos).

Esto, sumado a que a lo largo de los años la guerra se perdió en realidad en la selva y los arrozales –58 mil muertos y desaparecidos-, que no en las ciudades, explica porque Randall Wallace narra una situación al COMIENZO de la escalada de la Guerra de Vietnam.
Sólo así, EN ese momento histórico preciso, es posible retratar un patriotismo militar y civil aun no desgastado, sólo así se puede mostrar Vietnam y extrapolarlo a estos meses recientes.


Sloane Momsen and Mel Gibson in Paramount's We Were Soldiers


Sólo al INICIO de la expansión del conflicto bélico pudo existir un patriotismo unificado, que después se desgarró entre dos polos irreconciliables en la sociedad estadounidense, mientras su “mayoría silenciosa” lentamente repudió la guerra como un hecho que afectaba negativamente su vida diaria.

En ese sentido, Fuimos Héroes / We were soldiers se coloca narrativamente al inicio, mientras la mayoría de las otras películas sobre Vietnam aborda el conflicto en circunstancias posteriores, lo que les permite narrar con mayor o menor éxito la tragedia histórica que fue para la sociedad estadounidense.

También por estas razones, el guión de Randall Wallace conserva un enfoque militar de la narrativa, con una excelente pero controlada visión del Home Front.

La cinta abre con la vida hogareña del Crl. Harold G. Moore (co-autor del libro base de la cinta), y como trata de equilibrar sus obligaciones como padre con sus deberes militares.


Madeleine Stowe , Luke Benward , Taylor Momsen , Sloane Momsen and Mel Gibson in Paramount's We Were Soldiers


En esta situación se le asigna una unidad que debe ser entrenada bajo nuevas tácticas de guerra que tienen al helicóptero como herramienta central.

Entre la preparación de la unidad a su mando, su ambiente familiar, se dan los primeros rasgos esenciales del personaje actuado por Mel Gibson: profesional, responsable, ético, humano y definitivamente un líder militar preocupado por sus hombres. Es una síntesis de patriotismo, y capaz de provocar dicho sentimiento en los hombres bajo su mando.

También Randall Wallace presenta un hilo secundario pero muy significativo en Estados Unidos en relación al Crl. Moore. El Crl. entiende a su enemigo y lo estudia. De acuerdo al guión, Moore sabe que el oficial norvietnamita “desea” completar una masacre tal y como lo hizo con los franceses, para que los norteamericanos tampoco regresen.

Pero a la comprensión y respeto por el enemigo como militar capaz, Wallace suma un mito tipicamente norteamericano: la derrota del Crl. George Armstrong Custer a manos de los indios sioux. Custer fue una de las “estrellas” militares del bando norteño durante la Guerra Civil Norteamericana y fue uno de sus generales más jóvenes.



Luego de la Guerra Civil perdió su rango y, como Coronel, encontró la muerte al mando del Séptimo de Caballería... Precisamente la misma unidad que ahora, en helicóptero, va a desplazar el Crl. Harold G. Moore. De allí que reflexione sobre lo ocurrido a Custer, pero desde un punto de vista puramente militar. Ni las razones de los sioux ni de norvietnamitas para hacer la guerra aparecen en la cinta de Randall Wallace. El enemigo es un buen militar, con todo y familia, pero no se entiende por qué pelea.

El resto de la cinta se concentra en la acción militar de la batalla de Ia Drang. Es en este punto donde Fuimos Héroes / We were soldiers logra sus mejores puntos cinematográficos.
Las escenas de guerra están entre las mejores que han recogido las películas dedicadas a Vietnam, en tanto que muestra el caos del enfrentamiento al mismo tiempo que las tácticas para el enfrentamiento. Muestra tanto el patrullaje como el fuego de artillería y mortero, el enfrentamiento cara a cara alrededor de un perímetro como los sangrientos aciertos y errores del bombardeo aéreo. La verosimilitud, la reconstrucción y finalmente la impresión de realidad es contundente.

Dentro de este contexto militar, Randall Wallace se da tiempo para encajar sus observaciones sobre el efecto de la guerra sobre los individuos y sus distintas reacciones.


Mel Gibson as Lt. Col. Harold G. Moore in Paramount's We Were Soldiers


Todo este periodo de la batalla, puntuado por letreros con sitios y horarios, tiene una excelente factura en su realización. El montaje, en los momentos más álgidos del enfrentamiento, es dinámico sin ahogarse en el sensacionalismo. Además, mantiene un buen contrapunto entre la algidez visual y los momentos tensos de supuesto respiro.

En ese sentido la realización equilibra los elementos de la puesta en escena, y logra su objetivo: estampar el patriotismo del militar común estadounidense en la pantalla, que resiste el embate de un enemigo respetable. Ya si uno, como espectador, está de acuerdo con dicha tesis o no, debe decidirlo cada quien; pero el objetivo de la cinta si se plasma en pantalla.

Destacan las imágenes iniciales de la llegada de los helicópteros al campo de Ia Drang, mismas que no pueden dejar de evocar las de Apocalypse Now, y casi uno puede oir de nuevo La Cabalgata de las Walkirias en la imaginación.


APOCALYPSE NOW, de Coppola, el Mejor Film de la Guerra de Vietnam

Pero también Wallace se da tiempo de remarcar en imágenes detalles narrativos – ideológicos. Antes de partir al frente de guerra, el Crl. Moore promete que será el primero en bajar al campo de batalla y el último en abandonarlo, no sin antes recoger al último sobreviviente o cadáver de su unidad.

El director de la cinta subraya el hecho con tomas de detalle de los pies del Crl. al bajar del helicóptero (es el primero) y al subir a éste (es el último en irse).

El cuidado en el detalle, el equilibrio de la edición entre las tomas vertiginosas y las pausas, hace que la recreación de la batalla de Ia Drang en Fuimos Héroes sea cinematográficamente más efectiva que el desbordamiento visual histérico que presenta Platoon / Pelotón, de Oliver Stone, por ejemplo.

En ese sentido, también militarmente la cinta de Randall Wallace argumenta que los soldados que fueron a Vietnam (al menos en el inicio) fueron en su mayoría responsables y decentes. Gracias a la realización, dicha propuesta aparece muy bien en la pantalla.

Obvio, Randall quiere mostrar este punto como el opuesto al de los soldados mariguanos, alcohólicos, psicóticos, amorales, esquizofrénicos, irresponsables e histéricos presentados en cintas anteriores como Apocalypse Now, Full Metal Jacket, Platoon, Good Morning Vietnam, Born on the 4th of July, The Deer Hunter, entre otras.

Mel Gibson as Lt. Col. Harold G. Moore in Paramount's We Were Soldiers


Esta decencia patriótica la remarca Wallace al presentar la otra cara de la moneda: el Home Front. Randall presenta un polo opuesto a Coming Home, a Gardens of Stone, Born on the 4th of July.

Aquí las familias de los militares sufren cruelmente las consecuencias de la muerte en batalla, pero muestran solidaridad, patriotismo y humanidad. Son conscientes de los riesgos y asumen los resultados, pero no protestan abiertamente frente al hecho de la guerra, aunque si lo hacen frente al hecho deshumanizado de que los telegramas de la muerte llegan en Yellow Cab. La habilidad de Randall hace que el recorrido de las dos esposas repartiendo telegramas de la muerte se sienta como un gesto humano de solidaridad, de compañerismo, de protección de unas con las otras.

Keri Russell , Simbi Khali and Madeleine Stowe in Paramount's We Were Soldiers


Lo que tiene que tener en mente el espectador es que esas excelentes escenas fílmicas OCURREN dentro de un cuartel militar, en donde viven familias de militares. No se presentan en Fuimos Héroes a las familias de conscriptos civiles, que años después también regresaban a las calles de su vecindario envueltos en bolsas negras de plástico.

Como puede observar el cinéfilo, el eje profundo de Fuimos Héroes / We were soldiers es la reivindicación del patriotismo del ciudadano - soldado común, lidereado por oficiales responsables. Si hubiera sido así, parece decir la cinta, las cosas hubieran sido diferentes, aunque ACEPTA en su discurso que no lo fueron.

Esta idea central está cristalizada en una sola secuencia, en una sola decisión del Crl. Moore, que tiene un peso evidente en el contexto de las “imágenes” que los estadounidenses conocen de su historia, y han mitificado como “turning points” de la misma.

Primero está la comparación del momento histórico de Ia Drang con la masacre de Little Big Horn donde murió el Crl. George A. Custer a manos de los sioux. Moore no quiere repetir el patrón histórico de esa derrota y quiere esquivarla. Sabe que será atacado y aniquilado en la mañana si no encuentra una solución de inmediato.

Al amanecer, cuando los norvietnamitas lanzan su ataque, el Crl. Moore responde con una carga a bayoneta calada, que penetra las líneas del enemigo y lo pone en posición de obtener la victoria, misma que completan los helicópteros. Su decisión le evitó correr la misma suerte histórica que Custer.

Pero resulta que esta “carga a bayoneta calada” no sólo fue un hecho histórico que la película recoge, sino que también es una “imagen” histórica que se repite (lo que tiende a convertirla en mítica, en símbolo) en el cine.

Mel Gibson and Sam Elliott in Paramount's We Were Soldiers


En el segundo día de la Batalla de Gettysburg, que para los estadounidenses “definió” la Guerra Civil (1861-1865), en la colina de Little Round Top, los sureños estuvieron a punto de envolver y quebrar la línea del Ejército norteño del Potomac. La derrota se evitó y los norteños tuvieron la posibilidad de ganar al día siguiente gracias a una maniobra inesperada de un Coronel norteño. Joshua Lawrence Chamberlain ordenó una carga a bayoneta calada contra los sureños cuando ya no tenía parque. Esa inesperada maniobra táctica fue el extraño eje donde giró el destino a favor del Norte en esa guerra.

En cine, la escena está captada en la película Gettysburg, de Ronald F. Maxwell.


Al retomar una situación semejante, el director hace resonar en la conciencia colectiva “imágenes históricas” que tienen un significado más profundo para el espectador estadounidense que para nosotros.

Entonces Randall Wallace sabe entonces lo que hace: una historia que tiene un objetivo ideológico preciso. Lo cristaliza fílmicamente mediante el uso adecuado de sus elementos de realización, puesta en escena y montaje; así, logra momentos que condensan un mito y lo actualiza en formas nuevas.

El punto de la cinta es que la victoria es un sinónimo del deber patriótico cumplido. El triunfo se alcanza basándose en el sacrificio, en la solidaridad, en el esfuerzo común. No se alcanza la victoria cuando hay malicia o torpeza de políticos y militares, o cuando no hay una justificación moral.

A pesar de sus virtudes cinematográficas, logradas alrededor de la narración de la batalla, el problema de esta cinta es ideológico. No es casualidad que su estreno se haga después de la conmoción de los hechos del 11 de septiembre. Tampoco es novedoso que Hollywood sea vehículo de los intereses de su gobierno.

Simplemente, Fuimos Héroes / We were soldiers es un buen producto de esa industria, cumple con sus objetivos y tiene buena factura técnica. Sus secuencias de guerra están muy bien logradas y son de las mejores en el conjunto de films dedicados a Vietnam.

Pero el espectador debe estar consciente que el film se concentra en un punto especifico del hecho histórico. El peligro que se oculta en Fuimos Héroes es que se olvide el resto de la historia de la Guerra de Vietnam, en aras de una renovación del patriotismo estadounidense por las circunstancias que ahora enfrenta.

Chris Klein as 2nd Lt. Jack Geoghegan in Paramount's We Were Soldiers


Por un lado es respetable que la mayoría de los militares que estuvieron en dicha guerra desee recuperar su honorabilidad, y tener su lugar en la historia de su país. Pero por el otro está el peligro de que, en base a esa recuperación de patriotismo interno, se justifiquen acciones de gobierno externas que pueden ser en si mismas objetables, frutos de la “política real” de estos tiempos.

Así, el cinéfilo puede encuadrar Fuimos Héroes dentro del contexto de las cintas que se refieren a Vietnam y disfrutar de sus logros cinematográficos, pero no perder de vista que existen películas con objeciones y críticas muy válidas a esos hechos que narra.

En ese sentido, cintas como Three Seasons, de Toni Bui, explican mejor el trauma de la guerra y las formas que se adoptaron para firmar una paz individual. Platoon lleva al paroxismo lo que significó ser soldado de infantería. Coming Home, Gardens of Stone y Born on the 4th of July revisan las heridas de la Guerra causadas en los hogares. Full Metal Jacket refleja la locura de la guerra. Y Apocalypse Now simboliza y condensa como ninguna otra la tragedia y el caos de lo que fue la Guerra de Vietnam.

Barry Pepper and Mel Gibson in Paramount's We Were Soldiers


Frente a sus iguales, Fuimos Héroes / We were soldiers rescata la postura patriótica de muchos soldados que fueron a Vietnam, pero oculta el peligro de que dicho patriotismo vuelva a justificar otra guerra absurda... que también podrían perder si no aprenden de su propia historia.

Sam Elliott and Mel Gibson in Paramount's We Were Soldiers



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